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Hay un árbol que es exclusivamente argentino, que ha encontrado dentro de nuestras fronteras su espacio para crecer y multiplicarse , que habita el corazón más riguroso de la región pampeana, pero está en peligro de desaparición por la tala indiscriminada. Ese arbol es el caldén y está representado en el escudo de La Pampa.
Pertenece a la familia de las leguminosas, al género prosopis, como los algarrobos, y su nombre botánico es Prosopis caldenia y su hábitat, cada vez menor, está en La Pampa y el sur de San Luis, y algunos lugares de Río Negro, Córdoba y Buenos Aires. Es un árbol que alcanza los 10 metros, de tronco corto y copa redondeada, follaje fino de hojas compuestas, cortas espigas de florcitas amarillas y vainas espiraladas de hasta 20 centímetros. Las semillas germinan cuando las comen los animales, que ayudan a su dispersión. Tiene madera dura y resistente, usada como postes de alambrado, tarugos para pavimentar calles, tablas para pisos y carpintería rural; también, fue importante combustible doméstico y ferroviario.
Los caldenales ocupan regiones áridas y semiáridas, de escasas lluvias, por eso sus raíces forman amplias redes superficiales, que les permiten captar mejor la humedad: esa estructura dificulta los trasplantes y la competencia radical hace que formen bosques ralos, que permiten el crecimiento de pastizales y arbustos. En veranos secos, estimulan incendios. Sin embargo, los habitantes del caldenal, sobre todo los ganaderos, valorizan la presencia de esos árboles que se adaptan a las condiciones más rudas, fijan y protegen suelos muy frágiles, que de otra manera resultarían destruidos por la erosión, proporcionan alimento al ganado, que come sus vainas, más abundantes con tiempo seco, cuando son más necesarias y prodigan sombra que atempera el impiadoso sol pampeano.
Ante amenaza de talas que aceleren aún más su extinción, se hacen oír sus defensores. Los ingenieros Domingo Cozzo -lamentablemente desaparecido- y Pedro Laharrague proponen que sea declarado árbol nacional argentino , y que se fomente su cultivo en parques y plazas. Desde la Universidad de San Luis, la ingeniera Stella Boggino pide políticas forestales que lo protejan. Es casi un símbolo y merece ser salvado.






