
Ante la decisión o la necesidad de plantar un árbol en un espacio reducido aparecen las pretensiones: debe ser de fácil cultivo, rápido crecimiento y bonito, es decir, que su follaje, sus flores y su aspecto sean agradables.
Hay una especie nativa de origen tropical, pero adaptada en el país hasta la latitud de Miramar, que reúne esas condiciones: es el guaran perteneciente a la gran familia de las leguminosas y cuyo nombre botánico es Tecoma stans, derivado de la voz azteca Tecomaxochitl.
Su amplia distribución geográfica, que recorre América desde México hasta Buenos Aires, hace que se le hayan asignado numerosos y diferentes nombres populares, siendo los más usados en nuestro país los de lapachillo, garrocha, fresnillo y bignonia amarilla, entre otros. En algunas calles porteñas, también en la ciudad de Rosario, aparecen plantadas, pese a su talla menor y su baja ramificación. Si se tratara de una especie aceptada por la sección de Arbolado Urbano de la ciudad debería ser objeto de adecuadas podas, realizadas por personal idóneo.
Puede alcanzar los siete metros, tiene tronco recto con corteza rugosa. Su follaje denso y brillante se comporta como caduco o persistente, según el rigor del invierno, y está formado por hojas que cuando son nuevas tienen tres foliolos, pero los aumentan hasta 15. Las flores aparecen en primavera y verano, no abren todas a la vez; están agrupadas en grandes y vistosos racimos, son acampanuladas y de vibrante color amarillo. Los frutos son cápsulas lineares, péndulas, de entre 10 y 15 centímetros, que aún secas permanecen en la planta hasta julio menguando la estética de la planta. Por eso puede realizarse una poda después de la floración, quitando los racimos. Las semillas, aladas, se emplean para su fácil reproducción.
Su condición de planta medicinal fue expresada en el Códice florentino en el siglo XVI y actualmente, se sigue valorando su condición antiglucémica. Para lograr ese efecto se emplean las hojas, preparadas en infusiones.




