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Este es el flan de mi casa, el de siempre, el que hacía mi mamá. Dorado, brillante y con agujeritos, como me sigue gustando. A mí me parece un gran flan porque no lleva demasiados huevos así que además de rico es económico. Aunque admito que esos que llevan media docena u ocho, hasta 12 huevos también son maravillosos. El tema del flan y los huevos es todo una cuestión de proporción. A mayor cantidad de huevos, más estabilidad y consistencia. Por eso, este flan que hacía mi mamá, y que es el que hago yo tiene esos agujeritos que le dan la suavidad que busco en un postre. Que sea liviano, dulce y sabroso, pero que me empalague, que no me haga sentir pesada. Este flan es ideal para servir después de una comida copiosa, cuando apenas queda lugar en el estómago para el postre, justamente porque te cambia el sabor pero no te da sensación de que te va a caer pesado. Es el flan casero argentina que te conquista el paladar. Y queda perfecto con una crema chantilly bien blanca y al lado una buena montaña de dulce de leche que, aunque ya no sea tan liviano con estos adherezos, a la vista queda tan hermoso. Aquí les dejo la receta de flan casero que se hace con leche condensada y pocos huevos. Pruébenlo y me cuentan.
La clave de un buen flan es la paciencia. Al retirar del horno no te lo comas directo porque no es nada rico el flan caliente. Llevalo a la heladera, y enfrialo por lo menos tres horas antes de servir.
En vez de vino, para reducir el dulce de leche podés usar un buen cognac o ron. El flan te va a quedar perfumado y con un toque de distinción.

