Azúcar, 80 grs (chequear y ver si es necesario agregar más, según nuestro gusto)
Mermelada de damascos, 3 cdas soperas
Manzana verde, 1 y 1/2
Nueces, un puñado, bien picadito
Pasas de uva sin semilla, un puñadito
Miel, 3 cdas soperas
Esencia de vainilla, 1 cda sopera
Ralladura de 1 limón
Huevos, 3 más 1 para pintar
Azúcar impalpable, 2 cdas soperas
Preparación
Precalentar el horno a 190 grados. Reservar un tercio de la masa para la tapa de la tarta.
Amasar el resto y forrar una tartera de unos 24 cm de diámetro, tratando de cubrir bien los lados hasta arriba, para que se una con la tapa. Dejarla en el freezer.
Estirar sobre papel manteca el tercio que quedó en forma de un círculo que tenga el diámetro de la parte superior de la tartera, colocarlo en una placa y llevarlo a la heladera.
Pelar las manzanas, cortarlas en tajadas finas, rociarlas primero con limón y luego con la miel. Reservar
En un bol, batir la ricota con el azúcar, y cuando se integró bien agregar los huevos de a uno y batir.
Añadir luego la esencia de vainilla y la ralladura.
Revolver y finalmente incorporar las nueces y las pasas. Sacar la tarta del freezer y barnizarla la base con la mermelada.
Encima disponer las manzanas en círculos y volcar el jugo sobrante sobre la mezcla de ricota. Acomodar la mezcla sobre la tarta, sacar de la heladera la tapa y colocarla encima.
Una vez allí despefamos el papel manteca y arreglamos los bordes para que se unan bien.
Batimos el huevo que nos había quedado y pintamos la parte superior.
Con un palillo la pinchamos dos o tres veces, para que salga el vapor.
Cubrimos la tarta con papel de aluminio (debe quedar flojo arriba, no tirante, para que permita a la tarta hincharse), subimos la temperatura a 210 y la dejamos cocinando por 35 minutos.
Luego retiramos el papel de aluminio, bajamos a 190 y la dejamos 20 minutos más, para que se dore (sin quemarse). Una vez que se enfrió totalmente, espolvorear con azúcar impalpable.