El hijo de la reina Isabel inauguró una muestra con 79 de sus obras
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Desde hace muchos años, el príncipe Carlos cultiva la pasión por la acuarela. Es una actividad que lo relaja y que, a la vez, le permite canalizar su sensibilidad y su vocación ecologista. Carlos pinta paisajes y los guarda para sí, o los vende en favor del Fondo Benéfico Príncipe de Gales, a unos 3400 dólares por cuadro. Se estima que su arte ya le aportó cinco millones y medio de dólares a la institución. Sin embargo, Carlos a veces regala sus obras a sus allegados. Susan Barrantes, la madre de Sarah Ferguson, duquesa de York, tenía acuarelas firmadas por el Príncipe de Gales en su estancia argentina El Pucará, en la provincia de Buenos Aires, por ejemplo.
Para el hijo de la Reina Isabel II, pintar es más que un pasatiempo y se toma el arte con seriedad. Una colección de 79 de sus pinturas está actualmente en exhibición, hasta el 14 de febrero, en la Capilla Garrison de Chelsea Barracks, en Londres, con entrada gratuita. Lo que puede verse allí es apenas una parte de su gran producción, que incluye 680 cuadros en total. “Es interesante ver cómo su estilo evolucionó a lo largo de los años. Era más medido y dejaba marcas de lápiz al principio, mientras que ahora las piezas son más fluidas, luminosas y profundas”, opina Rosie Alderton, quien trabajó en Clarence House junto a Carlos.



PINTOR ÁVIDO
El Príncipe encuentra su inspiración en la naturaleza y en los paisajes que visita, y en sus lienzos se alternan montañas y lagos, antiguas construcciones y caminos de montaña. Y no solo retrata su tierra natal, sino que es un ávido buscador de escenarios para sus dibujos en otros países. Entre sus obras hay vistas de Suiza, Francia, la isla griega de Corfú y Tanzania. Dos de las obras favoritas, sin embargo, son lugares que él conoce bien: el Castillo de Mey en Escocia, que pertenecía a su amada abuela, la Reina Madre, y su propia casa, Highgrove, en Gloucestershire, donde vive con su mujer, Camila.
La muestra de la Capilla Garrison es organizada por The Prince Foundation y en el folleto de presentación es el propio Carlos quien explica lo que significa para él tomar un pincel: “Requiere la más intensa concentración y, a la vez, es uno de los ejercicios más relajantes y terapéuticos que conozco. En mi caso, me transporta a otra dimensión que, literalmente, me refresca partes del alma que otras actividades no logran alcanzar”, confiesa.
Carlos, que firma sus obras con una modesta C -su inicial-, y el año, comenzó a pintar en el 1970, bajo la influencia de su maestro de arte de la escuela Gordonstoun, y luego aprendió la técnica con artistas destacados como Derek Hill, John Ward y Bryan Organ. Su primera exposición fue en el Castillo de Windsor en 1977, junto las creaciones de otros dos artistas miembros de la realeza, como la reina Victoria y su padre, el duque Felipe de Edimburgo, que murió el año pasado.


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