Después de unas vacaciones familiares por Europa y a dos años del fin de su matrimonio, la fundadora de TheGelatina se confiesa con ¡HOLA! Argentina
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En plena recta final de un viaje familiar que arrancó en París, siguió en Menorca y concluye en Madrid, María Laura “Lala” Bruzoni (48) revela que el trip fue idea de su hermano, Matías Bruzoni –médico radicado en Estados Unidos, donde es jefe de Cirugía del Hospital de Niños de Texas–, que quiso reunir a la familia para festejar sus 50 años. “En Menorca coincidimos los cinco hermanos con nuestros padres, cuñados y sobrinos. Fue ese tipo de reuniones que la vida adulta vuelve cada vez más difíciles de organizar, pero resultan una oportunidad para celebrar los vínculos y comprobar que, aun después de los años más intensos, las cosas importantes siguen encontrando su lugar”, asegura la licenciada en Comunicación, fundadora del medio de salud con mirada holística TheGelatina.

–Hablando de años intensos, pasaron dos desde que te separaste de Juan Pablo Varsky [estuvieron nueve años juntos]. ¿Cómo estás hoy?
–Muy enfocada. Estoy criando a mis cuatro hijos (la menor, Lupe, de 5 años, es fruto de su matrimonio con el periodista). Por primera vez viviendo sola con ellos. Trabajando muchísimo. Resignifiqué mi profesión, estudio, construyo. Y lo disfruto bastante más de lo que imaginaba. Creo que las mujeres de mi generación estamos inaugurando modelos nuevos. Hay algo muy interesante cuando una deja de gastar energía intentando sostener estructuras que ya no funcionan, toda esa energía vuelve al trabajo que hay que hacer, a los hijos, a los proyectos, a la creatividad.
–¿Cuál fue el aprendizaje?
–Que siempre algo se rompe para que aparezca un orden. Y que mientras las cosas se están rompiendo es prácticamente imposible estar cómodo. Después aparece otra etapa, donde el orden empieza a llegar. Y ahí suele aparecer mucho miedo. Miedo económico. Miedo a equivocarse. Miedo a quedarse solo. Miedo a no poder. También aprendí a ver cosas que antes no veía. Cosas mías y del otro. A entender que cada persona tiene su propia batalla y que no todo fue contra uno. Hay situaciones que nos exceden. Y hay momentos en los que el orden tiene que estar antes que el amor.

–¿Pensás mucho en el pasado?
–Hoy no. Pero durante un año y medio lloré todos los días. Después entendí bastante de lo que me había pasado. Y entender me dio calma. Tengo 48 años y si la genética me acompaña, probablemente tenga otros 40 años por delante. Me interesa mucho más qué hago con eso que seguir analizando lo que ya pasó.
–¿Qué querés hacer con esos próximos años? –Construir. Trabajar. Viajar. Escribir. Seguir aprendiendo. Acompañar a mujeres y hombres. Ver crecer a mis hijos. Tengo una enorme curiosidad por la vida que viene.
–¿Qué lugar ocupa Juan Pablo hoy?
–Un lugar importante. Las personas importantes no desaparecen porque una relación cambie de forma. Tenemos una hija maravillosa. Nos llevamos bien. Hay respeto. Y además Juan sigue siendo una persona cercana para mis hijos. Eso para mí tiene mucho valor. Durante años veíamos a las personas que rompían, que descartaban, que reemplazaban… Yo creo que el desafío contemporáneo es integrar. Me refiero a integrar historias, personas, versiones de uno mismo, familias.

–Ustedes ensamblaron familias.
–Ese es uno de los mayores desafíos vinculares de nuestra generación. Una familia ensamblada no es una foto de Instagram. La vida real son mundos encontrándose, muchos sistemas familiares, muchas historias, muchos dolores. Y también muchas posibilidades. Cuando una pareja que se quiere mucho termina separándose, muchas veces el problema venía de antes que la propia pareja. No necesariamente era falta de amor. Las relaciones también se rompen por pequeñas deshonestidades. Por promesas que no se cumplen. Por falta de intimidad. Por conversaciones que no se tienen. Por gestos de confianza que dejan de existir. Creo que hay días en los que una pareja ya está separada sin que ninguno de los dos lo haya dicho todavía.


–Hablaste del miedo. ¿Hubo algún momento en el que sentiste que podía ganarte?
–Sí. Tenía que ver con separarme, con criar sola, con reinventarme profesionalmente, con sostener económicamente una familia, con hablar cuando hubiera sido más fácil callarme, como por ejemplo cuando hice la denuncia por abuso sexual contra Andrés Freire, ex ministro de Modernización de la Ciudad de Buenos Aires (la causa tramita en la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N° 13). Fue una decisión difícil, pero también fue coherente con los valores que intento transmitirles a mis hijos. Y aprendí que la verdad no siempre te simplifica la vida, pero la ordena. Me dio muchísima más libertad de la que imaginaba y una enorme confianza en mí. También me tocó atravesar otros procesos que, vistos en conjunto, hablan de lo mismo. Defender mi historia. Defender mi trabajo. Defender mi marca. Hoy estamos conversando con Somos Gelatina (el streaming de Pedro Rosemblat) para que cada proyecto pueda construir desde su propio lugar. Creo sinceramente que tenemos mucho más para aportar que para disputar. Con el tiempo entendí que muchas de las situaciones complejas que atravesé llegaron juntas porque durante años no supe poner límites a tiempo. Hoy sé hacerlo. Y no desde el enojo, sino desde la claridad. Me formé mucho en vínculos. Estudié, me observé, me equivoqué, aprendí. Y entendí que los límites no separan, ordenan. Durante gran parte de mi vida di mucho más de lo que recibí. No lo digo desde el lugar de víctima. Fue mi forma de amar, de trabajar, de vincularme. Y estuvo bien. Todo ese recorrido me formó en carácter, en personalidad y en criterio. Pulió mi misión y reforzó mi vocación profesional. Porque si algo confirmé en estos años es que vine a ayudar a las personas y a las marcas a construir una identidad más íntegra y alineada con quienes realmente son.


–¿Cómo definís lo que hacés?
–Trabajo como partner en storytelling, storymaking, futuro y salud. Ayudo a personas y marcas a entender quiénes son, qué representan y qué lugar quieren ocupar en el mundo que viene. TheGelatina es la expresión más visible de este recorrido. Nació como un medio y con el tiempo se transformó en una comunidad. Hoy es una puerta de entrada al bienestar contemporáneo, un espacio donde intentamos ayudar a que cada persona construya su ánimo, su energía y su salud de una manera más consciente a través de información confiable, a través de la alimentación, entrenamiento, vínculos y hábitos sostenibles. Mi interés es que las personas puedan acceder al bienestar como una práctica cotidiana y no como una moda. Quisiera seguir siendo un puente entre la creatividad y la estrategia, entre la comunicación y el bienestar, entre las personas y las ideas, entre el presente y el futuro. Las transformaciones más importantes no empiezan en la tecnología, empiezan en la conciencia.
–¿Te gustaría volver a enamorarte?
–Siempre voy a creer en un amor sano.

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