Tres historias distintas que comparten un mismo origen: el jardín propio. Proyectos personales que crecieron a partir de la experimentación con plantas
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Tres historias, tres escalas y tres formas de habitar la naturaleza, pero un mismo punto de partida: el jardín como origen y motor creativo. En estos proyectos, el cultivo deja de ser solo una práctica para convertirse en lenguaje, en modo de vida y en espacio de experimentación. Desde la intimidad de un cantero de flores hasta un patio convertido en huerta diversa o un invernadero que articula diseño y oficio, cada propuesta crece a partir de una relación profunda con la tierra y sus ciclos, y revela cómo el jardín puede ser, al mismo tiempo, refugio, laboratorio y plataforma para compartir con otros.
Alma Jardinera

Hace seis años, Sol Lynch imaginó un jardín lleno de flores. No era todavía un proyecto ni un emprendimiento: apenas una imagen persistente. Con el tiempo, esa visión fue encontrando forma en la tierra. Así nació Alma Jardinera. Lo que comenzó como una práctica sencilla —sembrar, observar, aprender— se transformó en una verdadera pasión por las flores anuales y por el ciclo completo que las sostiene: desde la siembra hasta la cosecha de sus propias semillas. Hoy Sol lleva adelante el proyecto de manera independiente, acompañando cada etapa del proceso. Todas las semillas que ofrece provienen de su propio jardín, donde cada temporada se vuelve también un laboratorio vivo.

La siembra la realiza en espacios de sol directo. El ciclo se completa cuando las flores se secan y las semillas maduran. Es el momento de la cosecha. Sol las guarda en sobres de papel madera, rotulados con el nombre de la planta y el año, y las conserva en un lugar seco y oscuro.

Entre las especies más buscadas se encuentran las amapolas dobles rosadas, las espuelas de caballero, las centáureas, las Zinnia elegans, la Celosia spicata y la delicada Scabiosa stellata. La venta se realiza principalmente a través de su tienda online y de Instagram, aunque muchas personas llegan también por recomendación, atraídas por la autenticidad del proyecto.
@alma_jardinera
Espacio Ñangapiry

En un rincón inesperado de la ciudad, detrás de un pasillo largo y discreto, Pablo Barbadillo cultiva su pequeño paraíso. Vive en Mar del Plata y, en apenas 70 metros cuadrados de patio trasero, creó Espacio Ñangapiry, un jardín-huerta donde conviven árboles frutales nativos y especies exóticas con potencial comestible y ornamental. Un territorio mínimo que, sin embargo, guarda una sorprendente diversidad.

Todo comenzó hace unos diez años, cuando Pablo armó una huerta tradicional como hobby. Las primeras semillas llegaron por intercambio y por correo. Pablo las sembró sin demasiadas certezas, guiado más por la intuición que por la experiencia. Las plantas prosperaron. Y tres años más tarde ocurrió algo que cambiaría el rumbo del proyecto: tres de esos frutales dieron frutos y apareció el deseo de compartir ese descubrimiento con otros. Comenzó a mostrar sus plantas y sus cosechas en redes sociales. La respuesta fue inmediata. La curiosidad por estos frutos poco conocidos despertó el interés de muchas personas, y Pablo decidió dedicarle más tiempo al proyecto.

Hoy, en ese jardín escondido, ya han fructificado más de veinte especies de frutales poco comunes, catorce de ellas nativas, como ñangapirí o pitanga, Eugenia pyriformis, Acca sellowiana, Solanum betaceum, Passiflora tripartita. Pablo también explora otras posibilidades: seca hojas que luego muele para preparar mate, y prueba infusiones nuevas, como un café elaborado con semillas tostadas de tumbo.
@pablobarbadillomdq
Mejor con Flores Invernadero

“Es un espacio de trabajo, un lugar bello, un rincón para experimentar, un sueño que todo paisajista debe concretar en algún momento de su vida, no lo sé… Lo cierto es que mi invernadero llegó y fue como la frutilla del postre en mi bello jardín”, relata Mercedes Camargo, paisajista de profesión y creadora de su marca personal desde hace más de 10 años: Mejor con Flores Invernadero.

Desde muy chica trabajó en el diseño de espacios verdes y paralelamente armaba eventos con flores. Hoy cuenta con un sólido equipo de trabajo que le permite seguir adelante con ambos emprendimientos y que la ayudan a perfeccionar día a día la atención a los clientes.
Le apasiona el diseño, la estética, los colores, los perfumes y trabajar con material vegetal es un desafío no menor. “Por eso es tan importante conocerlo bien y estar muy bien experimentado al momento de incorporarlo en los proyectos”, comenta la paisajista.

En el invernadero siempre hay plantas, flores, floreros, macetas y, por sobre todo, un espacio de encuentro donde se cultiva el buen gusto. Allí hacen los ramos y los llevan a domicilio. También funcionan los talleres donde se comparte la pasión por las flores y las plantas. Un espacio para bajar un cambio, experimentar y aprender de la naturaleza.
@mejorconflorespaisajismo
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