Milo Lockett se define como trabajador de la pintura. Autodidacta y bestseller, con un pasado en la industria textil, también es un gran amante de las plantas. Loco por las palmeras y los árboles, vivir rodeado de naturaleza junto a su familia y tener el local tan cerca de su casa fue lo mejor que le pasó.
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Mudarse a un barrio cerrado y tener un jardín. Esta fue la decisión que tomaron Milo y Luti, y así fue que construyeron desde cero esta casa frente a la laguna, en Ingeniero Maschwitz.
Necesitaron varios camiones de tierra para el aterrazamiento, porque hicieron un desnivel con la intención de tener un sector de césped libre para jugar a la pelota y disfrutar de la buena vista junto a sus tres hijos, Jerónimo, Tomás y Paloma.

Ver un pato o una espátula rosada desde mi galería no tiene precio”
— Milo Lockett
En el jardín hay muchas palmeras, porque a Milo le recuerdan a su Chaco natal. Querían un espacio bien selvático y fue planificado ordenadamente por Mónica Caramico, pero a él le gusta decir que lo desordena.
Con la idea de recuperar un poco las vivencias de la niñez de sus dueños en el interior del país, el parque pone un fuerte acento en lo nativo, con especies de bajo mantenimiento y nativas despeinadas que aseguran la cercanía de aves y mariposas.

Milo conoce sus plantas y las admira: el ceibo sobre el agua, las achiras que le hacen acordar a su infancia, una acacia que vino de San Luis, un junípero que trajo de Escobar, del lugar donde vivió el hacedor del Jardín Japonés; y el sauce junto al agua, que es uno de sus lugares predilectos.
Parte de su trabajo está presente en el jardín a través de distintos detalles, como unas originales casitas de pájaros y una antigua mesa de trabajo que se transformó en murete y delimita un arenero bajo unas palmeras pindó.
Me gusta la temperatura que segenera abajo del sauce, la paz, el cantode los pájaros. El sábado a la mañanaes mi mejor momento allí”
— Milo Lockett

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