La arquitecta Gisela Literas lideró la reforma de una casa de fin de semana con practicidad y un llamativo detalle de color
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”Sí o sí queríamos cambiar el piso y hacer la cocina a nuevo”, cuenta la artista Ana Maino sobre las modificaciones esenciales que buscaba para su casa de fin de semana en Pilar, pensada como punto de encuentro para ella y su marido (que viven en Pergamino) y sus tres hijos, que estudian en Capital. Para la reforma, convocó a la arquitecta Gisela Literas, a quien conoció por casualidad durante un viaje a Mendoza.

Inquietudes y soluciones
“El principal desafío era que se trataba de un ambiente angosto, de 2,70m de ancho, donde los dueños querían mucho espacio de trabajo, porque les encanta cocinar y compartir tiempo en la cocina“, explica Literas. “Pensé diferentes disposiciones, pero finalmente nos quedamos con esta: una isla central que contuviera casi todo”.
Un cambio extraordinario sin tirar paredes, solo cerrando el acceso al antiguo toilette. Las ventanas se mantuvieron en el mismo lugar.

La isla tiene 1,20m de ancho. Quedaron 0,70m a un lado y 0,60m al otro, lo justo para poder abrir las puertas o cajones con naturalidad.

Después de la mesa, en la punta, sigue un módulo blanco que contiene bacha, el anafe, mucho espacio de guardado y el lavavajillas. Es más, ese electrodoméstico fue uno de los factores que inclinó la reforma hacia la versión actual, ya que así se iba a poder abrir sin hacer maniobras forzadas.
Algo único
La dueña de casa quería sumar color a la cocina, y se tentó con unos calcáreos que vio por Instagram. “Los fuimos a ver con Gisela, tenían un toque antiguo y divertido. Los había pensado azules, pero cuando los tuve enfrente, me decidí por los verdes”, cuenta Ana.

“Cuando los calcáreos llegaron a la obra pensé que era demasiado, pero al final todo se fue integrando. De hecho, inspiraron el diseño de los tiradores de los muebles”, explica la dueña de casa.


Cierre y optimización
A través del muro posterior, antes se ingresaba a un toilette, que decidieron desmontar. Al cerrar esa puerta, lograron una superficie completa para instalar el resto del equipamiento y contrastar un cambio visual.

“Además de mayor volumen de guardado y espacio para la heladera y el horno, buscamos generar un remate visual para que no fuera todo tan blanco”, cuenta la arquitecta sobre el módulo que funciona como coffee station y vajillero.

Protección

Al estar arrinconada, la puerta de la heladera podía terminar golpeando la pared. Para proteger esa superficie, la revistieron con cerámicas blancas.

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