Con solo 33 años, hoy se posiciona como uno de los nombres más importantes del ambiente gastronómico local.
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Eme Carranza es el nombre detrás de la ambientación de los lugares más llamativos para ir a comer. Eme es María Emilia Molina Carranza, que con solo 33 años, es una potencia creativa imparable. Si bien estudió diseño gráfico, se define como directora creativa. Con raíces en los pueblos originarios, por parte de su abuelo y la pasión por la decoración, de su abuela, crea mundos originales y novedosos. Sus composiciones van mucho más allá de la identidad visual y entran en un campo único que reúne arquitectura, interiorismo, diseño industrial, cine y gastronomía.

El logo de tu estudio es una amazonas arriba de un yaguareté, ¿qué significa?
Hago algo que no muchas personas hacen. Romper con lo tradicional es domar al yaguareté. La amazona en bolas es la libertad absoluta, el poder de poder hacer lo que quiero y como quiero. Vengo de herencia española pero mi familia es re criolla y mi abuelo tenía orígenes indígenas. Hay algo de esa persona no civilizada, ni filtrada por lo cultural y que lleva su bandera que es una hoja, que es vida. Para mí es re simbólico porque lo veo y soy yo.
Tiene una potencia que te refleja.
Sí, pero me pasaba que me decían “Vas a hacer un logo en tetas, es innecesario”. Más allá de cuando entro en confianza soy media guarra, soy súper seria y elegante también. Me gustaba que el logo predisponga a la persona que no me conoce, que se va a encontrar con eso. No es algo más de lo mismo, hay una persona con una postura, parada en un lugar. Es mi actitud frente a la vida.
Estudiaste diseño gráfico, pero hoy tu trabajo es mucho más que eso, ¿cómo fue este camino?
Durante la carrera me di cuenta de que me copaba el desarrollo de un concepto. Después la materialización es múltiple: en un formato 2D, en un espacio, en una pieza gráfica de papel, en un sitio web, un objeto.
También hiciste documentales y empapelados, ¿cómo se conjugan todos esos intereses?
Siempre fui muy aficionada del cine y creo que lo de escenografía venía un poco por ahí. Esa capacidad de poder llevarte a un universo onírico siempre me pareció increíble. Quería estudiar cine, pero vi una conferencia de Werner Herzog, que decía que la institución hace perder lo que haríamos intuitivamente. Me quedó un manifiesto de por vida. Por otro lado, soy la quinta hija de seis, mi abuela era decoradora y tenía la casa llena de empapelados. Como soy súper curiosa e inquieta, me cuesta pensar que hay un techo. Siempre estuve sumergida en mi mundo de exploración propia. Creo que eso me sirvió para encontrar un oficio y hacerlo personal.

¿Por qué decidiste enfocarte en el área gastronómica específicamente?
Tengo un pensamiento bastante romántico del mundo de la cocina. Nuestra primera experiencia como comensales es en familia. Creo que hay toda una memoria emotiva atrás del comer. Una memoria atávica y del origen de humanidad, del instinto de supervivencia. Creo que arrastramos un montón de cosas inconscientemente. No sé en qué plano entra, pero comer es toda una ceremonia, entonces pensar en qué contexto se da ese acto me parece híper interesante. Porque las cosas que se despiertan son múltiples.
¿Cómo gestionás tus tiempos con tantos proyectos a la vez?
En general, siempre tengo algo para hacer. Si termino en algún local, me quedo a comer o voy a mi casa y relajo. No me cuesta desconectarme de la responsabilidad. Mi día de trabajo terminó, entonces corto. Mis responsabilidades me las tomo a pecho, pero puedo decir basta, ceno con amigos y no miro el teléfono.
El core del equipo son mujeres: vos, tu hermana Pilar, Josefina Pérez Campione y Martina Nosetto, ¿fue una elección armar un team femenino?
Al principio no fue por una decisión política. No pasó por ahí. Me gusta un universo que está vinculado con lo masculino y no había una entrada fácil. Por mi personalidad y mi carácter lo pude hacer. Después me dieron ganas de compartirlo con otras mujeres.
En una entrevista decías que te gusta pensar los espacios como personas, ¿cómo es esto?
En realidad no dije eso. Lo que quise decir es que para mí lo mágico del desarrollo de un concepto es cuando encontrás qué decir y esa idea toma una entidad propia que te excede.

¿Cómo es tu proceso creativo a la hora de arrancar un nuevo proyecto?
Para mí la cosa de que se te prende la lamparita no existe. Yo no funciono así y nunca me pasó eso. Soy una persona muy racional y necesito de un método. Mis momentos de conexión mental vienen con un proceso de investigación en el que necesito palabras, brainstorming, ejercicios, juegos. Igual me pasa también que se me cae una idea en un momento cualquiera. Por ejemplo, jugando con mi perro y su pelota se me ocurrió la trama para el calcáreo de Divisadero. Pero no es que salió de la nada, había una investigación previa, que hizo que esa pelota pueda funcionar en ese universo.
¿Cómo pensás la identidad de una marca?
Primero hay que poner en crisis las ideas y tratar de entender de dónde salen. Como diseñadores, la diferencia que tenemos como artistas es que estamos resolviendo siempre un conflicto comunicacional, porque lo que hacemos tiene un uso, es para alguien y tiene una funcionalidad, va a comunicar algo.
Tu trabajo es único, ¿identificás de dónde sale eso?
No entiendo por qué hay tanta gente haciendo lo mismo. Pienso que hay algo como sociedad, que no nos deja corrernos del reglón. Mi otra abuela siempre me decía: “Vos en lo que hagas tenés que ser la mejor”. Yo siento que le hice trampa a la vida. Hice algo distinto para no tener competencia y ser la mejor en lo que hago, porque yo sola hago esto. La comparación genera frustración, no hay nada más lindo que sorprenderse de la capacidad que una tiene de hacer, esa es la mayor satisfacción.
Tu trabajo creció exponencialmente en los últimos años, ¿cómo se hace para crecer sin perder la esencia?
No me da miedo cambiar, porque lo más hermoso que tiene el ser humano es la capacidad plástica de transformarse, por eso me cuestan los rótulos. Pero sí me pasa que en la transformación podés olvidarte de las cosas que te hacían feliz. Entonces, tengo un manifiesto escrito en el cajón de mi estudio y cuando lo leo, pienso: “Esto sigue sucediendo, qué bien”.

Mencionaste a tus abuelas, a tu abuelo. Hay algo de la herencia que vos traés todo el tiempo, pero también lo rupturista, porque lo tuyo es algo nuevo que no se veía antes, ¿cómo se combinan esta herencia y esta ruptura?
Re pienso en eso. Siempre me cuestiono por qué hay cosas que se abandonan con el tiempo. Las cosas tienden a unificarse y perder personalidad y así pierden carácter de único. Como diseñadora trato de tener ese pensamiento crítico. El posmodernismo es generar cosas nuevas con cosas que ya existen. Yo tengo ese proceso, lo que hago es cruzar todas las disciplinas y materiales. Vuelvo mucho para atrás para hacer cosas que no estén tan viciadas por el presente. Hago terapia, no para solucionar un conflicto, sino para tener un lugar de análisis y llegar a conclusiones, conectar con mi deseo, con mi real yo. Qué me gusta a mí, por qué hago lo que creo, por qué lo hago de esa forma. La herencia es encontrarse un poco con eso, de dónde vengo y hacia dónde voy.






