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Aviones, subtes, trenes y cárceles son algunas opciones que dominan la escena: el objetivo es convertir la salida en una experiencia digna de contar... y de subir a Instagram
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LA NACIONLaura Reina

Viajar en el metro de Nueva York sin salir de Buenos Aires, entrar a Moulin Rouge sin pisar París o pasar la noche en Alcatraz con la ventaja de no tener que planificar la huida de la cárcel de máxima seguridad... Los bares porteños ofrecen esta y otras experiencias que los vuelven espacios inmersivos, casi cinematográficos. La sensación cuando se traspasa alguna de sus puertas (muchas veces ocultas) y se ingresa en el salón es la de estar dentro de una película, con objetos reales o de época. Por eso, además de conceptuales, se los conoce como bares escenográficos.
Por Laura Reina




