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Con porciones para compartir, el restaurante convoca cada vez más público
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LA NACIONSebastián A. Ríos

Lejos de los grandes polos gastronómicos porteños, la fila que de martes a domingo, entre las 19 y las 20, nace de la esquina de Honorio Pueyrredón y Luis Viale se ha convertido en una postal del barrio. Prácticamente desde su apertura, en noviembre de 1989, la parrilla Don Zoilo trabaja mediodía y noche a salón lleno, y como resabio de la época en que funcionaba sin reserva, aun hoy se acerca gente con la ilusión de lograr sentarse en las pocas mesas destinadas a quienes no han acordado cita.


