
Emprendedora, habla del caos hermoso de las familias ensambladas como la que armó con el actor
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Hay una Anita que hoy se mira al espejo y siente que en los últimos tres años le pasó la vida entera por encima. En Espacio RAS, el centro de bienestar integral que comanda en el corazón de Palermo junto a sus hermanos, no hay rastro del maquillaje que sus amigas le exigen que use para salir a la calle. Está a cara lavada, relajada y para nada complicada. A mitad de la charla, su pareja, Benjamín Vicuña –que acaba de hacerse un tratamiento facial en el lugar–, entra a saludar con la complicidad de quienes no necesitan caretas ni poses y se despide con beso.
Ella, sensible al extremo, se emociona hasta las lágrimas cuando habla del legado de su papá y de la entereza de su mamá. No está acostumbrada a dar notas, recién le está encontrando la vuelta a la exposición de los medios, pero habla sin cassette. Pasó de ser la “mujer misteriosa” de las alfombras rojas a una mujer real, madre de dos varones de 7 y 10 años, que decidió romper con los mandatos tradicionales y animarse a un nuevo amor para ser feliz.

–¿Quién es verdaderamente Anita Espasandin?
–Fui muchas Anitas a lo largo de mi vida. Pero hoy veo a una mujer luchadora y sensible. Estos últimos tres años me marcaron un antes y un después en cuanto a tomar riesgos y decisiones que me costaron mucho. Implicó salir de una estructura donde se creía que todo era lo correcto, para animarme a emprender, apostar a un nuevo amor y mirar la vida desde otra óptica. Yo venía de una bajada de línea muy estructurada, de una familia tradicional.
–Cinco hermanos con profesiones dispares. ¿Cómo convive ese ecosistema?
–Somos muy unidos, cada uno en su mundo. Hay un arquitecto, un profesor de educación física, una nutricionista, una experta en marketing, una diseñadora de indumentaria y yo, que soy administradora de empresas con un máster en finanzas. En mi casa hubo siempre un concepto lindo de familia inculcado por mis padres. Mi papá era arquitecto, tuvo una empresa constructora muy buena, pero empezó a trabajar a los 9 años repartiendo fiambres porque en su casa no había plata. Siguiendo su ejemplo me animé al cambio. Papá falleció hace 17 años y fue un terremoto. Pero ahí apareció mi mamá, Cristina. Es artista plástica y lleva la familia con una entereza admirable. Es la que se encarga de armonizar cinco energías muy distintas.

–¿Qué hace una experta en finanzas fundando un centro de bienestar?
–Yo trabajaba en el ámbito financiero corporativo de forma remota. En la pandemia nos fuimos a vivir a Madrid por proyectos de mi exmarido. Allá conocí un concepto de bienestar enfocado desde la consciencia y no desde la estética. Cuando volví, se lo propuse a mi hermana nutricionista y se sumaron todos. Llegó un momento en el que me planté: tengo 42 años, ¿para qué estoy de acá en adelante? Está bueno animarse a un cambio grande, aunque genere incertidumbre.
–¿Benjamín tuvo algo que ver con esa reinvención?
–Los dos pudimos hallar un lugar de refugio en el otro. Él también venía de aguas turbulentas, y sigue habiendo turbulencias, pero siempre lo hablamos: lo importante es entender que, con el recorrido de cada uno, hoy podés plantarte y decir “esto no, esto sí”.

–Desde afuera se los ve súper zen. ¿Es real o hay interna de caracteres?
–¡Somos bastante intensos los dos! Benja se ríe y dice: “Ella es la tranquila...”. Tenemos carácter fuerte, pero buscamos hacernos bien. Yo venía con mi vida demasiado acomodada, la tenía fácil con mi trabajo tradicional. Pero me faltaba algo que me hiciera vibrar, sentir un poco de miedo. En tres años agarré todo junto: la obra del local, acomodarme de nuevo en el país, nueva pareja... Estar con Benja al lado me genera la tranquilidad de ver que él, con todo lo que le pasó, siempre va para adelante.
–¿Es verdad que no habías visto nada de su carrera cuando lo conociste?
–Me carga y me dice que no veo ninguna de sus cosas. Yo conocía lo típico, lo que sabe todo el mundo. Cuando nos empezamos a conocer en el gimnasio, ni siquiera imaginé que íbamos a terminar juntos. Vivíamos muy cerca y teníamos amigos en común. Empezó muy tranqui, charlando. Me río porque la primera vez que hablamos me contaba que tenía cinco hijos y yo le dije: “¡Sí, ya sé que tenés cinco hijos!”. Fue una conexión de menos a más, muy respetuosa. Yo estaba en un momento triste, él también, y nos fuimos acompañando orgánicamente.

–¿Cómo fue la primera cita?
–No tuvimos muchas citas tradicionales. Tomamos un café y nos empezamos a acompañar. Ese año teníamos muchos viajes los dos, pero él siempre me mandaba un mensaje. Así construimos algo que ya lleva dos años y medio; algo muy sano. Cada uno venía con su mochila de cosas, pero encontramos la manera de estar juntos sin angustiarnos ni apurarnos.
–Tenés dos hijos chicos. ¿Cómo digirieron ellos el cambio?
–Los últimos años fueron de mucha mudanza y adaptación a una dinámica nueva de familia. Voy aprendiendo de ellos, los chicos tienen una intuición que es una maravilla. Yo siempre tuve la suerte de manejar mis tiempos de manera de no perderme nada. Mis hijos son mi prioridad absoluta.
–Lograron un ensamble pacífico impecable. Fuiste a los cumpleaños de los hijos de Carolina [Pampita] y de Eugenia [la China Suárez]. ¿Cuál es el secreto?

–Todo el ensamble lo llevé muy de a poco, porque mis hijos venían con exposición cero. En mis redes está prohibido mostrarlos. La buena noticia es que todos los chicos se llevan bárbaro, juegan a la Play, van a comer. Con respecto a las ex, los dos lo tenemos muy claro: yo no me meto donde no me corresponde y él tampoco. Los chicos tienen a sus mamás y mis hijos tienen a su papá; eso no se mezcla y nadie se confunde. Hay un límite súper nítido desde el primer día.
–Benjamín tiene fama de seductor serial y ahora está haciendo escenas jugadas en teatro con Esteban Lamothe. ¿Sos celosa?
–¡Yo lo jorobo y le digo que ahora se le amplió el mercado! Me hizo bien no haber visto su pasado mediático. No sé qué pasó ni me interesa, finjo demencia. Desde que lo conozco, todos sus papeles fueron de padre o de hombres súper tranquilos. Y si va a hacer alguno romántico, ya le pedí que me avise con quién, porque quiero conocerla. No soy celosa, pero me gusta sentir que estamos bien.
–¿Hay un chat de amigas donde te pinchen con las noticias?
–Tengo un chat con amigas que me hacen un bullying tremendo. Buscan qué noticia nueva hay para mandarla al grupo. Son las mismas que me dijeron que tenía que empezar a maquillarme para salir a la calle para que los fotógrafos no me enganchen fatal. Me maquillo muy poco, me agota. Me hago tratamientos acá en el espacio porque tengo una piel muy sensible y me tengo que hidratar todo el tiempo, pero no le doy tanta bola a eso de estar producida.



