“¿Te gusta eso? ¿Te volviste loco?“. Michel Rolland: cómo descubrió el vino argentino y por qué fue fundamental en el éxito de nuestro Malbec
Hizo vino en 14 países, asesoró a más de 150 bodegas de todo el mundo y eligió a la Argentina para uno de sus proyectos más relevantes
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Desde que en 1988 visitó por primera vez la Argentina, la relación entre Michel Rolland y nuestro vino nunca se quebró.
Nacido en 1947 en el seno de una familia de viticultores en Libourne, Francia, este reconocido “flying winemaker” (como se llama a quienes van de un país a otro asesorando bodegas) que falleció ayer en Burdeos de un infarto hizo vino en 14 países, pero siempre reconoció que su vínculo con la Argentina era especial. De hecho, fue uno de los actores clave detrás de la revolución que tuvo el vino argentino en los 90 y que abrió la puerta al mundo al Malbec argentino.

Pero su influencia no ha sido solo para la Argentina, sino para todo el mundo del vino. Rolland asesoraba a unas 150 fincas: de Francia a Estados Unidos, de la India a Sudáfrica. Incluso su laboratorio en Pomerol (Francia) “Rolland & Associés” es utilizado por más de 400 bodegas en todo el mundo para análisis en materia enológica.
Su estilo de vino -de fruta madura, con perceptible peso de la crianza en barricas de roble- tiene sello propio, y dejó su marca en la Argentina y en el mundo. A tal punto que sus detractores le han criticado insistentemente que los vinos que elaboraba en distintas partes del mundo se parecían. Rolland se reía de ellos y simplemente decía: “son malos catadores”.
Rolland llegó a la Argentina a fines de los 80, invitado por el bodeguero Arnaldo Etchart y con una misión muy clara: desarrollar un vino argentino de calidad internacional. En una entrevista con LA NACION, el propio Rolland recuerda ese primer contacto con el vino argentino:
“Cuando llegué fui a Cafayate con Arnaldo Etchart, y por ser honesto le dije ‘no tengo la menor idea de que es un vino argentino’. Y me hizo probar lo que entonces eran los 36 mejores vinos de la Argentina. Mi mujer (Dany Rolland, también enóloga) me dijo ‘no voy a probar 36, elegí los 10 mejores y los pruebo después’. Empecé a probar y no voy a decir que eran malos, pero no eran a mi gusto los de esa ápoca. Elegí los 10 y mi mujer se puso a catarlos; prueba uno y me mira como diciendo ‘¿Te gusta eso? ¿Te volviste loco?’. Y la verdad es que el vino no era bueno, ¡pero era el vino más vendido en Argentina! Pienso que ahora tomo mejor vino en Argentina del que tomé entonces."
Pero Rolland no solo trabajó con Etchart -con quien incluso finalmente se asociaría para crear la bodega Yacochuya, en los Valles Calchaquíes-, sino que también asesoró a numerosas bodegas (grandes, medianas y pequeñas). Tan fuerte fue el vínculo con la Argentina que incluso eligió al Valle de Uco, en Mendoza, para uno de sus más relevantes proyectos personales: el Clos de los Siete, que se encuentra al pie de la Cordillera de los Andes, y que alberga a cuatro bodegas.
Para concretar el proyecto, Rolland convenció a bodegueros franceses del futuro del vino argentino. Él mismo relata el nacimiento del Clos: “Durante casi dos años busqué terrenos y terminé por decidirme por uno en Valle de Uco. Quería que tuviera entre 80 y 100 hectáreas, pero, cuando hablé con el dueño, me dijo que solo accedería si le compraba 850 hectáreas. Es decir, el total del terreno. Tras enterarme de la noticia me quedé muy triste y volví a Francia para pensar cómo resolver el problema.”
“Estando en mi país, se me ocurrió contactarme con otros inversores porque, para ese momento, ya estábamos hablando de una financiación distinta a la que había pensado al principio. Conversé con ellos y les conté que tenía un proyecto posible. Eran en su mayoría amigos vinculados con la industria del vino y me dieron la confianza necesaria para seguir. Después de cuatro o cinco meses, encontré a mis seis socios, todos procedentes de Burdeos (Francia). Así creamos Clos de los Siete. Después vinimos a la Argentina, compramos las 850 hectáreas y aquí seguimos juntos hasta el día de hoy”.
Su trabajo siempre fue también un asunto de familia. Hijo de viticultores, conoció a su esposa Dany en la Facultad de Enología de la Universidad de Burdeos, con quien siempre trabajó en todos sus proyectos. También sus hijas con el tiempo se sumaron a su equipo: Stéphanie lleva 20 años al frente de la gestión y administración de las empresas familiares, mientras que Marie se encarga del marketing, la comunicación y la imagen de Michel.

En este fragmento de una entrevista concedida a La Nación Rolland reflexiona sobre su contribución al vino argentino:
“Yo pienso que llegué a la Argentina en un momento en que necesitaba mejorar los vinos y cambiar un poco de fórmula -contaba el propio Rolland sobre su rol en el desarrollo del vino argentino-. Y todos cambiaron o mejoraron, desde Trapiche hasta Catena. Y yo estaba y fui asesor de Norton, de Trapiche, de Salentein, de muchas bodegas. Y estaba en esta época donde argentina necesitaba preguntarse y cambiar algunas cosas en el viñedo. Rehabilitar el Malbec, por ejemplo, porque estaba bajando porque no era rentable producir Malbec en esa época. Y yo decía: ‘estúpido, no hay que arrancar Malbec, vamos a hacer mejor vino’”.

“Hay un vino argentino antes y después de Michel Rolland -comentó Alejandro Iglesias, sommelier de Club Bonvivir-. Fue decisivo para su proyección internacional y un defensor apasionado de Argentina, un país que eligió y ayudó a contar. Fue mucho más que un gran enólogo, se convirtió en un embajador comprometido y generoso con Argentina”.
“Conocí a Michel hace 23 años. Fue a través de una amiga en común que él decidió convocarme para sumarme al proyecto de Clos de los Siete -recuerda Gustavo Paolucci, Director Comercial del Grupo Clos de los Siete-. Michel era una persona enorme, no solo por su talento, sino por su forma de ser. Generoso, cercano, con una energía única. La semana pasada estuvimos juntos en Bariloche, compartiendo tiempo como siempre: conversaciones profundas, risas, buenos momentos. Así era él. Su legado es inmenso, pero para mí, sobre todo, queda el recuerdo de la persona”.
La noticia de su muerte, anoche, en Burdeos, tuvo un impacto directo en la industria vitivinícola argentina.









