
Jean Maggi lidera el proyecto Superadaptados en Córdoba, con una mirada transformadora de la discapacidad
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A los pocos meses de vida, Jean Maggi contrajo el virus de la polio, una circunstancia que paralizó sus miembros inferiores y marcó el inicio de una vida que, durante décadas, estuvo lejos del movimiento.
Sin embargo, el verdadero punto de inflexión no llegó con la enfermedad, sino con una crisis de salud a los 37 años. Tras sufrir un infarto, Jean decidió cambiar su destino. Lo que siguió fue una metamorfosis hacia el deporte de élite: corrió la maratón de Nueva York, portó la bandera argentina en la inauguración de los Juegos Paralímpicos de Vancouver, corrió el Half Ironman de Miami y hasta cruzó el Himalaya por el paso Khardungla (5602 msnm) con su bicicleta de mano.
“Haber llegado al Himalaya tuvo una repercusión muy importante en los medios de todo el mundo”, recuerda Jean. Aquella hazaña le dio la certeza de que podía intentar cualquier cosa que se propusiera y, sobre todo, le dio un propósito que trascendía su propia biografía. “Esto me motivó a formar la Fundación Jean Maggi y una fábrica de bicicletas que se donaran, que las trabajaran cien por cien personas con discapacidad”, explica.
En 2019, la fundación –que ya trabajaba entregando movilidad a niños y jóvenes con discapacidad motriz– dio un paso fundamental con la creación de una fábrica de bicicletas en Córdoba. El proyecto fue bautizado Superadaptados, una empresa social llevada adelante íntegramente por jóvenes con discapacidad.
Para Maggi, este espacio no es solo una unidad productiva, sino una herramienta de cambio cultural. “Superadaptados tiene dos grandes objetivos. Uno es poner en movimiento con los recursos que tenemos y otro cambiar el concepto de la discapacidad”, afirma. Las bicicletas que se producen están diseñadas para responder a distintas necesidades motrices: constan de tres ruedas y, en muchos casos, los pedales se ubican a la altura del volante para ser accionados con las manos.

Dentro de la planta, la organización sigue una lógica de eficiencia y especialización. Los trabajadores se distribuyen por tareas: algunos se encargan del armado de las ruedas, otros de los asientos, mientras que un grupo final monta la bicicleta. Jean lo define como un espacio de dignidad: “Promueve generar un ámbito en donde los jóvenes que trabajan han decidido dar ese paso importante de incorporarse a la vida en sociedad, poniendo lo mejor”.
De taller a fábrica 4.0
Lo que comenzó como un pequeño taller ha experimentado un crecimiento exponencial. Frente a la escasez de oportunidades laborales para personas con discapacidad motriz, la fábrica se convirtió en una solución real, permitiéndoles a sus trabajadores planificar un futuro.
“La fábrica ha tenido un crecimiento exponencial, entonces tuvimos la necesidad de ampliarla. Al comienzo funcionaba más como un taller que armaba bicicletas, y hoy apuntamos a una fábrica 4.0, cien por ciento tecnificada”, detalla Jean sobre la evolución del proyecto.
El nuevo espacio físico, que triplica la superficie de la sede anterior, ha permitido escalar la producción y fortalecer al equipo. Uno de los pilares de la Fundación Jean Maggi es la batalla discursiva contra la mirada asistencialista. Para Jean, incluso el término “inclusión” ha quedado obsoleto. “La palabra inclusión, en términos de discapacidad, debería desaparecer. La palabra a utilizar es convivencia, porque cuando incluimos algo es porque está excluido”, reflexiona.
Este cambio de foco es lo que, según él, permite despertar el potencial real de las personas. Maggi sostiene que la discapacidad no es un hecho aislado, sino algo que atraviesa a todo el entorno: “Las discapacidades no entran en una persona, sino en una familia. Generalmente, la madre sufre más que la persona con discapacidad”.
Para graficar el impacto de la movilidad, Jean recuerda la historia de una niña con discapacidad cuya hermana gemela se negaba a salir a andar en bicicleta porque su hermana no podía hacerlo. Al recibir la bicicleta adaptada, no solo cambió la vida de la beneficiaria, sino que se restauró la dinámica de juego y libertad de toda la familia. “Siempre digo que logro palpar la felicidad de los chicos porque sé qué puede estar sintiendo cada uno de ellos”, confiesa.
Hoy, la Fundación Jean Maggi cuenta con más de 2500 beneficiarios y un fuerte apoyo de gobiernos, empresarios y la sociedad. Sin embargo, la ambición de Jean no se detiene en Córdoba. Su visión es exportar este modelo de Superadaptados.
“Algún día quiero que un contenedor se lleve un montón de bicicletas a otros lugares del planeta para que multipliquemos este proyecto que va a cambiar indefectiblemente la mirada de la discapacidad”, sostiene. Y añade: “La fábrica para mí es mi mayor realización, porque creo que allí está todo lo que yo soy”.
Con la premisa de que “lo difícil se hace, lo imposible se intenta”, la fundación es un testimonio de que la verdadera inclusión ocurre cuando hay oportunidades concretas, sostenibles y dignas. Como concluye Jean: “Cambiando el concepto de discapacidad, es posible despertar el potencial de las personas con discapacidad”.




