
Un estudio de la UBA analiza el complejo entramado de sus causas
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En concordancia con la información que periódicamente invade los medios radiales y televisivos, investigadoras de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA) observaron un paulatino aumento en la severidad y precocidad de los trastornos de conducta de los niños asistidos desde 1992 en un centro comunitario del partido de Avellaneda, provincia de Buenos Aires, donde comportamientos destructivos, robos, vagabundeo, agresiones verbales y físicas a maestros y compañeros, destrucción de muebles, fugas y mentiras son problemas recurrentes.
El Programa de Asistencia Comunitaria brinda asistencia terapéutica a niños de entre 6 y 12 años, derivados en su mayoría de escuelas y juzgados cercanos a la Sede Regional Sur de la UBA.
Un alto porcentaje de los niños asistidos presenta serios problemas de conducta y, entre ellos, la violencia está a la orden del día. "Forma parte de las llamadas nuevas patologías, asociadas al deterioro de las condiciones de vida familiar, social, económica y cultural", explican Nélida Cervone, Ana María Luzzi, Sara Slapak y Corina Samaniego, investigadoras de la Facultad.
Preocupadas por detectar tempranamente las patologías vinculadas con la violencia en niños de edad escolar, las psicólogas relevaron a todos los pacientes asistidos durante 1998 en el programa (116 chicos). Les aplicaron una prueba que consiste en una serie de ítem predeterminados que describen el comportamiento infantil. Fueron los padres (o la persona que lleva al niño a la entrevista) quienes estimaron la presencia, severidad y frecuencia de los problemas de conducta del pequeño puntuando los ítem con 0 (no es cierto), 1 (algunas veces) o 2 (frecuentemente).
Lo primero que llamó la atención de las especialistas es la cantidad de varones que son derivados a consulta, casi el 80% de la población asistida. En el ámbito escolar, los problemas de conducta de los muchachos producen más impacto y perturbación que los de las mujeres, que son más solapados y en general no interrumpen las actividades escolares.
Cada vez más temprano
También sorprende la edad de los niños derivados al programa, "que está en descenso desde la creación del servicio. Los problemas no sólo se acentúan con el comienzo de la escolaridad, sino que además es la escuela, y no la familia, la que detecta precozmente los problemas y hace la derivación. Otro factor que podría estar en juego es una baja tolerancia de los maestros a las situaciones conflictivas en el aula", señalan Cervone, Luzzi, Slapak y Samaniego.
En los chicos de 11 y 12 años, por su parte, se observa una disminución de las consultas. Esto podría responder a la expulsión del sistema educativo, ya que comienzan a manifestarse con inquietante frecuencia problemas con la ley y las escuelas registran un aumento del trabajo infantil y, en consecuencia, el abandono de la escuela.
En cuanto a las relaciones familiares, el porcentaje de padres separados, viudos y madres solteras supera el 50%. Además, hay niños que no conviven con ninguno de ellos. La importancia de estos datos surge de estudios anteriores realizados por las mismas investigadoras: la separación de los padres y la falta de vínculo con ellos son las situaciones de pérdida más relevantes en niños violentos.
El análisis de las encuestas tomadas a los padres permitió observar que varones y mujeres se caracterizaron por tener conductas agresivas y antisociales. Los padres, al describirlos, adjudicaron puntajes altos a frases del tipo no parece sentirse culpable , se junta con malas compañías , dice mentiras , roba , destruye cosas , es cruel , se mete en peleas .
También se destacaron, sobre todo entre las mujeres, la ansiedad, la depresión y el retraimiento, reflejados en frases tales como: se siente solo, llora, es nervioso, miedoso, desconfiado, "es poco activo, se aluna, está ensimismado, se siente inferior. Los niños pertenecen, en general, a familias de clase baja o media empobrecida (es condición del servicio que no cuenten con cobertura social). La gran mayoría de los padres están desocupados o subocupados. Es una población en riesgo de exclusión de la trama social. Estos datos parecerían avalar la asociación entre pobreza y violencia.
"Nuevos estudios deberán corroborar la asociación entre las conductas violentas de los pequeños, las situaciones de pérdida y el deterioro de las condiciones de vida que se expresan en el entorno familiar", concluyen Cervone, Luzzi, Slapak y Samaniego.



