
Un viaje que invita a conectar con nuestro mundo interior a través de diferentes raíces ancestrales, sus músicas, sus aromas y cosmovisiones
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La propuesta seduce por la simplicidad de su diseño: apagar los ojos para encender el resto de los sentidos. El cruce entre la privación visual y el bienestar personal tiene su punto de encuentro en la propuesta de Teatro Ciego.
"Chakras es un viaje que nos invita a conectar con nuestro mundo interior a través de diferentes raíces ancestrales, sus músicas, sus aromas y cosmovisiones", dice Luz Andrade, creadora artística y guía de la experiencia. Junto a Carolina Herrmann, diseñaron una arquitectura apoyada en un sistema de sonido inmersivo de 360 grados, ideado para envolver al asistente mediante músicas de diversas raíces.
La puerta de entrada a esta experiencia es la meditación Dhyana, a través de la cual se invita al público a recorrer mentalmente los principales centros energéticos del organismo para despertar la energía kundalini. El mapa sonoro que acompaña este proceso no es lineal: entrelaza mantras en sánscrito, cantos mongoles, registros chamánicos andinos y canciones circulares. Así, se busca que los asistentes conecten de manera directa con los cuatro elementos de la naturaleza (tierra, agua, aire y fuego) desde su propio cuerpo.
La transición hacia este estado de introspección se realiza de forma progresiva: “Nuestra experiencia arranca de forma muy amable, adentrándonos de a poco en los distintos estímulos. Durante la sesión van a surgir cambios de intensidad, transiciones que facilitan entrar y salir de los estados más álgidos hacia los más calmos”, detalla Herrmann sobre la dinámica del encuentro. La técnica se inspira en las prácticas de monjes budistas que se internaban a oscuras para potenciar el estado de conciencia acrecentada. “No solo la oscuridad juega un gran rol, sino cómo la logramos, oscureciendo una sala entera, logrando que con los ojos abiertos el espectador no vea absolutamente nada. Como resultado de la pérdida de visión, el cerebro estimula estadíos como la sinestesia o la amplificación de los demás sentidos: olfato, oído, tacto”, precisa.

Ambas guías combinan sus formaciones en el ámbito artístico y espiritual para estructurar la experiencia tanto para principiantes como para experimentados. “Hemos comprobado que Chakras convoca tanto a personas que entran en contacto por primera vez con la meditación como a quienes tienen ya un largo recorrido”, sostiene Andrade.
En sintonía, Herrmann detalla que la estructura favorece una limpieza profunda y alineación general: “Los chakras son centros energéticos que se encuentran en nuestro cuerpo y que, no casualmente, están también donde habitan diferentes glándulas. Cada chakra se conecta directamente con una glándula endocrina principal, regulando sus hormonas y funciones físicas. La distribución correlaciona el chakra raíz a las glándulas suprarrenales (supervivencia); el sacro con las gónadas (creatividad); el plexo solar con el páncreas (voluntad); el corazón con la glándula timo (compasión); la garganta con la glándula tiroides (expresión); el tercer ojo con la glándula pituitaria (intuición); y el chakra corona con la glándula pineal (conexión espiritual)”, explica la guía.
Para transitar este mapa, desde el momento de la llegada se sigue un protocolo diseñado cuidadosamente. Los participantes son recibidos quince minutos antes con una bebida caliente o fresca. Luego se les ofrece una charla para explicar el proceso de ingreso, ya que la inmersión en la oscuridad es inmediata, y son guiados, tomados de los hombros y en fila hacia sus lugares.

Una vez en los asientos, se inicia el pasaje por los elementos bajo una perspectiva de arraigo nativo. “Nos sumergimos comenzando con una invocación a cada uno de los cuatro vientos y sus guardianes, animales de poder correspondientes a la rueda medicinal andino-amazónica” –describe Andrade–. “A través de cantos ancestrales y estímulos sensoriales, identificamos cada uno de ellos en nuestro ser, mediante afirmaciones y preguntas que nos llevan a la reflexión y al crecimiento personal, despertando y limpiando nuestras emociones y sentires”.
Más allá del contexto –una sala teatral–, la propuesta se trabaja abiertamente como una ceremonia de transformación. Luego de la sesión, cuentan las guías que suelen aflorar diversas manifestaciones emocionales, desde risas, llanto o ganas de cantar y bailar, hasta una relajación profunda... “Es un reiniciarse, sacarse la semana de encima para despertar los sentidos y traer la sensibilidad a flor de piel. Salen y nos abrazan y agradecen con lágrimas en los ojos”, sigue Andrade. Para ellas, los beneficios principales radican en la posibilidad de volver al presente, a los sentidos, explorar el mundo interior en comunión con paisajes, animales de poder, sensaciones e imágenes sensoriales.
Y concluyen: “Esta meditación sensorial no es solo escuchar ommm y relajarse. Les proponemos una experiencia integral, pasando por todas las emociones, viajando por el interior y por el mundo. Despertando el recuerdo intrínseco de nuestra raíz ritual, trayéndonos al aquí y ahora en un viaje atemporal que es un deleite para los sentidos”.
Durante los domingos de vacaciones de invierno presentarán la obra “Chacras infancias” para descubrir la meditación de una manera lúdica.





