"Acá los transas se convirtieron en el Estado y nadie los denuncia"
Vecinos del barrio dicen que los dealers arreglan calles e incluso evitan robos a los habitantes
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Detrás de la fría letra del informe del legislador José Vera están las historias de la gente que vive en la villa 1-11-14. Y la percepción que tienen allí es que el narcotráfico crece ante la ausencia o la inacción del Estado formal, casi hasta convertirse en un Estado en sí mismo.
"Acá la gente sabe que mientras están vendiendo droga aquí adentro no se roba. Los transas se convirtieron en el Estado, mandan a arreglar. Los soldados de los transas protegen al barrio. Los vecinos se sienten más seguros con ellos que con la policía", dijo a LA NACION una referente de la villa que pidió que su nombre sea mantenido en reserva por su seguridad.
Peruanos y paraguayos, dicen referentes barriales, se dividen territorios y negocios; unos, la cocaína; otros, la marihuana. El cruce de Bolívar y San Juan, uno de los más peligrosos, y "la canchita de los paraguayos" son los lugares señalados como epicentro de la problemática.
A ellos se les sumó, recientemente, la llegada de colombianos, que también venden en las estrechas calles de la villa y "ofrecen cocaína y paco como si fuesen caramelos". La competencia se resuelve, la mayoría de las veces, a los tiros.
Así ocurrió el 11 de febrero pasado, cuando un enfrentamiento entre dos grupos antagónicos (los de uno les robaban a "clientes" del otro cerca de una cocina de cocaína) se dirimió con una balacera infernal cerca de la peligrosa esquina del "Gauchito Gil", en medio de la cual quedó una ambulancia del SAME que había entrado, con custodia de Gendarmería, a atender a una paciente en la manzana 29.
El enfrentamiento, en el que un proyectil pegó en una puerta trasera de la ambulancia, a centímetros de un tanque de oxígeno que pudo haber hecho volar la camioneta por los aires, dejó un saldo de dos muertos y dos heridos, y motivó un posterior copamiento del shockroom del hospital Piñero, al que habían sido trasladados los baleados.
Aquella "seguridad" que, dicen los vecinos de la villa, les proveen los "transas" es ficticia: es el silencio lo que preserva la integridad. Al que habla o se queja por la venta de drogas o bien lo echan de la casa o, en el peor de los casos, lo atacan. Los "transas" alquilan casas sobre el límite con Perito Moreno, pero en algunos casos han desalojado a vecinos para tomarles sus viviendas. Así lo afirmó a LA NACION otro vecino que hace tareas sociales en el Bajo Flores.
La violencia armada está naturalizada. Todos en la 1-11-14 saben de la existencia de los "marcadores". También está naturalizada la venta de drogas, que se produce a la vista de todos. "Incluso de la Gendarmería, que está acá, pero no hace nada", dijo aquella referente barrial.
"Cada viernes entra y sale de la cancha de los paraguayos un camión como los de caudales. Transportan la droga. A veces se agarran entre las bandas y podés ligar un balazo de rebote. Hay muchas venganzas. Hace unas semanas a la hija de un transa la quemaron dentro de un auto", dijo una referente barrial.
"Si tenés que denunciar un robo, la Gendarmería no hace nada. Hace unos días le robaron a una maestra fuera del barrio. Uno de los marcadores buscó al chorro y volvió con todo. Nadie preguntó cómo ni qué pasó", contó otro vecino.
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