Cabildo y Lacroze, en alerta por los robos en comercios
En esa zona entre Palermo y Belgrano se trabaja a puertas cerradas; reclaman presencia policial
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En la voz temblorosa de Sergio Villalba aún se percibe el miedo que sintió días atrás, cuando una pareja de ladrones lo asaltó violentamente en la librería que atiende. Cuando lo ataron de pies y manos, cientos de imágenes de su pequeño hijo se le cruzaron por la cabeza.
Aquel hecho es hoy sólo una anécdota, pero Sergio teme que la historia vuelva a repetirse. Al igual que él, los comerciantes que tienen sus locales en los alrededores del cruce de las avenidas Cabildo y Federico Lacroze, ya en el barrio de Palermo, a una cuadra del límite con Belgrano, denuncian que en los últimos meses sufrieron robos y que la inseguridad aumenta ante la falta de presencia policial.
Los asaltos se acrecentaron desde mediados del verano que acaba de terminar, dicen. Vecinos y vendedores consultados por LA NACION coinciden en que entre las 12 y las 16 "no hay mucho movimiento" en la zona delimitada por Lacroze, Cabildo, Olleros y 11 de Septiembre; es en ese momento del día cuando el delito los pone en jaque.
Dos semanas atrás, un martes, una pareja joven ingresó en el local que atiende Villalba sobre la avenida Lacroze. Tenían la intención de robarle. Eran cerca de las 15.
"Aunque no vi la supuesta arma que la mujer amagaba con sacar de la cartera, no me resistí. Estaban nerviosos. Querían que cortara los cables de las cámaras", relató el hombre, de 28 años, a LA NACION. Los delincuentes tomaron las llaves del comercio; "me dijeron que iban a volver más tarde, cuando cayera la noche, para pegarme un tiro", recuerda Sergio que le dijeron. Pero apenas salieron de la librería volvieron a ingresar. La víctima les pedía, casi en un ruego, que no le hicieran nada porque tiene un hijo de siete años, pero a los malhechores parecía importarles muy poco.
"Uno de ellos me llevó al fondo del local y me ató de pies y manos. Me asusté mucho. Pensé que me mataba", recordó Villalba, que a medida que avanzaba en su relato se acongoja aún más. "El ladrón me empujó por unas escaleras de material que dan al subsuelo", agregó el vendedor, para quien el asalto duró "como cinco años". La caída le dejó como saldo sólo algunos raspones en un brazo. Los delincuentes huyeron con 900 pesos que había en la caja, con su reloj y su billetera.
Detrás de la puerta
Este hecho no sorprendió a sus colegas de la zona, que enseguida se acercaron a preguntarle por su estado de salud. Es que los delitos se suceden desde comienzos del año, aun cuando muchos de los negocios trabajan con las puertas cerradas. Ni siquiera parecen funcionar los timbres que gran parte de los comerciantes decidieron colocar en la entrada de los locales para decidir a quiénes dejarán ingresar.
A fines de febrero, después del mediodía, una adolescente tocó el timbre de una patisserie ubicada en la calle Tres de Febrero; Juliana, la dueña del local, le abrió la puerta de vidrio. La supuesta clienta, que según estimó la vendedora tenía entre 14 y 16 años, simuló que quería saber el precio de un producto de confitería, pero de inmediato sacó una navaja. Sólo dos meses después de haber inaugurado el negocio, Juliana ya era víctima de un robo.
"Otros comerciantes me habían advertido que estaba pasando esto", dijo la mujer a LA NACION. La precoz ladrona se fue caminando con el pequeño botín, acompañada de otro chico, de una edad similar a la de ella, que la había esperado afuera.
"No hay policías que custodien la zona, y eso que hay una comisaría, la 31», a unas cinco cuadras. Los efectivos sólo están sobre Olleros, pero más cerca de Luis María Campos, porque allí hay varias embajadas. Pero por acá no se los ve", fue el reclamo de todos los consultados.
Durante la recorrida realizada por LA NACION se advirtió la presencia de uniformados de la fuerza Federal sobre la avenida Cabildo, pero no así en Lacroze y sus alrededores, es decir, en la zona en la que se produjo la reciente seguidilla de asaltos.
Liliana, que está a cargo de un local de venta de ropa femenina sobre la avenida Lacroze al 2300, también trabaja con la puerta cerrada, aunque no le agrada hacerlo de esta manera. Así y todo, dos meses atrás un par de hombres asaltaron a su empleada y se llevaron la recaudación del día.
Otra vendedora de Lacroze, Alejandra, es una de las "afortunadas" que no fueron víctimas de algún robo, "al menos no recientemente", aclara a LA NACION. Pero, atenta a lo que ocurrió con otros colegas, mantiene la puerta cerrada del local la mayor parte del día. Para suplir la escasez de personal policial en la zona pensaba sugerirle al dueño del comercio que contratara algún servicio de seguridad adicional.
"Toque timbre y aguarde", dice el cartel de bienvenida del negocio de teléfonos celulares y accesorios que atiende Juan Pablo Bergottini a metros de Cabildo. Desde el mostrador, y pese a que no se siente cómodo con esta actitud, el hombre observa con detenimiento a cada persona que se asoma a la vidriera. Si la cara del posible cliente no le devuelve confianza, mantiene cerrado el acceso.
De todas maneras, el sistema no es totalmente efectivo, reconoció. "Dos miércoles atrás, alrededor de las 16, un hombre armado les robó a mis compañeras 20 teléfonos. Las chicas recordaron que el día anterior no le habían abierto la puerta", indicó Bergottini. Hace un año y medio que el hombre trabaja en este local y ya vivió, directa o indirectamente, al menos siete asaltos similares.
Una vez que el diálogo con LA NACION finalizó, Bergottini acompañó a esta cronista a la puerta y cerró la puerta con llave. Agregó con un suspiro, resignado: "Vivimos así de mal, encerrados".
Ante la consulta de LA NACION sobre estas denuncias, fuentes de la Policía Federal de la ciudad dijeron que se incrementará la presencia de efectivos en la zona.
Los vecinos, víctimas de los arrebatadores
- Según surge del mapa del delito confeccionado por la Asociación Barrio Recoleta, entre julio y diciembre de 2015 hubo nueve reportes por robos a peatones en Lacroze, a metros de Cabildo. Tres de ellos fueron violentos, uno ocurrió bajo la modalidad de "pirañas" y cinco fueron arrebatos.
- En la avenida Cabildo, casi esquina Lacroze, se contabilizaron en tanto 14 arrebatos, según indicó el coordinador de las estadísticas, Nelson Durisotti.
- Laura Ponce, vecina, afirmó a LA NACION que ella sufrió el robo de sus pertenencias cuando desayunaba en la mesa de un bar ubicado sobre la avenida Lacroze al 2200.
Del editor: qué significa. Un robo es mucho más que la sustracción material: es la pérdida de la tranquilidad; la policía debe, entonces, devolver la seguridad con su presencia.
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