
Con el acusado en la sala, comenzó la etapa de declaraciones testimoniales en el juicio al Pity Álvarez
La primera testigo fue Verónica Román, madre de una de las hijas de Cristian Díaz, la víctima del crimen; luego declaró la que era pareja del cantante en el momento del crimen y lo hizo por Zoom y sin público
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La etapa de declaraciones testimoniales en el juicio a Cristian Álvarez Congiú, popularmente conocido como Pity Álvarez, comenzó este miércoles con el acusado en la sala. Entre hoy y las otras nueve jornadas previstas desfilarán, en principio, unas 70 personas frente al Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional (TOC) N° 29, integrado por Gustavo Goerner, Juan María Ramos Padilla y Hugo Navarro.
Pity es juzgado por el homicidio a balazos de Cristian Maximiliano Díaz, ocurrido el 12 de julio de 2018 en el barrio Cardenal Samoré, en Villa Lugano. La acusación está en manos del fiscal general Sandro Abraldes y Fernando Burlando representa a la querella, mientras que Álvarez es defendido por el defensor oficial Javier Aldo Marino.

Uno de los testimonios más esperados fue el de Verónica Román, madre de una de las hijas de Díaz. Y luego declaró Agustina Inbernoz, que en el momento del hecho era pareja del acusado: lo hizo a través de Zoom y sin público en la sala (Pity sí se quedó para escucharla), ya que pidió que se preserve su imagen.
Luego declararán Raúl Prieto Inbernoz y Fanny Johana Valdivia Quea.
A Pity se lo vio más lúcido en su llegada al Tribunal, a bordo de un auto que estacionó justo en la puerta. Vestido con una campera negra y una remera roja con una inscripción que no llegó a leerse por completo, en su mano derecha llevaba una muñequera para tratar una tendinitis, con el detalle de que sobre la parte superior tenía una luz LED.
Minutos antes del inicio de la jornada, cuando ingresaron los camarógrafos para tomar fotos y videos, Pity posó e hizo gestos frente a los flashes.
También se anunció que el testigo Carlos Ulises Stiempcich se había ausentado por una urgencia dental y su testimonio, previsto para hoy, será escuchado el viernes.
La primera testigo
Luego, Verónica Román fue convocada para brindar su declaración. Dijo no conocer a Pity, más allá de su popularidad y de haberlo visto “en la tele”, y aseguró que no tenía ninguna relación con él.
Ante las preguntas del fiscal Abraldes, Román contó que Díaz era el padre de su hija, que lo conocía desde “hace mucho”, que habían sido pareja y que, fruto de esa relación, tuvieron a Micaela en 2009. También comentó que no tenía relación con Díaz “desde hacía cuatro o cinco años”.
Afirmó que desconocía que hubiese algún tipo de conflicto entre la víctima y el victimario y negó haber visto a Pity portar cuchillos o armas de fuego.
“Mi nena tenía 8 años cuando pasó eso. Nosotros nos habíamos separado, pero cuando se lo tuve que contar fue difícil. Una nena de 8 años no entiende esto. Ella quería ver a su papá, pero nosotros habíamos tenido un intercambio y no se lo dejaba ver. Después pasó esto del asesinato y ella tuvo una recaída; lo hablamos con la psicóloga. Hoy tiene 16 años, sabe de este juicio, ve lo que está pasando. Y es raro porque ella quería venir, estar, entender lo que había pasado. Está triste; fue al psicólogo a hablar de esto. Conmigo no quiere hablar del tema. La rebeldía de una nena de 16 años que investigó, se enteró de que el que mató a su papá es un cantante conocido. Quiere entender por qué mataron a su padre”, sostuvo Román.
“Yo lo que veo de la otra parte es que no hay arrepentimiento de lo que hizo. Como que no importa lo que hizo. Yo quiero que se haga justicia. A mi hija la dejó sin su padre. Le impidió la posibilidad de que tuviera una buena relación con su padre. Si puede cantar en público, puede ser juzgado”, concluyó.
Luego, ante preguntas de Burlando, habló de la relación que había tenido con Díaz y de las consecuencias que el hecho tuvo en su hija, que “ahora está muy movilizada” por todo lo que genera esta reanudación del juicio.
Román contó que su hija es “una nena muy callada y que no quería hablar del padre”, y que tras la muerte de Díaz ella se convirtió en el sustento económico completo de su hija con la ayuda de sus padres y hermanos.
“A Mica trato de resguardarla, pero en estos tiempos con las redes sociales todo está al alcance de ella. Más allá de que en el barrio la gente que la conoce ni le menciona este tema. Ella no hace reproches, pero sí me pregunta por qué pasó lo que pasó. Por qué no seguimos juntos. Cosas de adolescentes.
Finalmente, interrogada por el defensor oficial Marino, aseveró que Micaela había visto por última vez a su padre cuando ella tenía tres años y también aseguró que Díaz nunca había consumido algún tipo de sustancia estupefaciente delante suyo.
Los hechos
El asesinato ocurrió durante la madrugada del 12 de julio de 2018 frente a la puerta de acceso a la Torre 12 B del barrio Samoré, en Dellepiane Sur y avenida Escalada, de Villa Lugano. Díaz y Álvarez se conocían de cruzarse en el barrio, aunque no eran amigos. Según la reconstrucción de la investigación, ambos mantuvieron una discusión que terminó cuando el músico disparó cuatro veces contra Díaz, a quien en el barrio conocían como “El Gringo”.
Jacqueline Guzzardi, hija de la víctima, tenía entonces 16 años. Cuando le tocaron el timbre para avisarle que “algo malo había pasado” fue corriendo hacia el lugar del hecho y se encontró con el cuerpo sin vida de su padre sobre un charco de sangre. “Yo no lo podía creer; uno sabía que estaba reloco, pero conmigo siempre se llevó bien. Desde entonces no puedo escuchar ni siquiera su nombre ni una canción suya. Me afectó psicológicamente. Será lo que será como músico, pero como persona mató a mi papá”, compartió Jacqueline en una entrevista con la agencia Télam en 2022.
Jacqueline, presente en la sala, se mostró angustiada.

Surge de la causa judicial que, tras los disparos letales, Álvarez se subió con su novia a un Volkswagen Polo y a los pocos metros le pidió a ella que arrojara el arma homicida en una alcantarilla de la colectora de Dellepiane Sur. Luego, ambos fueron al local bailable “Pinar de Rocha”, de Ramos Mejía. Permaneció prófugo durante unas 24 horas y finalmente se entregó en una dependencia de la Policía de la Ciudad. Su detención quedó acompañada por una frase que, desde entonces, se convirtió en una de las más recordadas del caso: “Lo maté porque era él o yo. Y creo que cualquier animal haría lo mismo”.
Pocos días después del homicidio, el juez Martín Yadarola procesó al músico con prisión preventiva por el delito de homicidio agravado por el uso de arma de fuego. En aquella resolución descartó que el ataque hubiera sido consecuencia de un supuesto delirio persecutorio y reconstruyó una secuencia que, según la investigación, comenzó con un diálogo, continuó con una confrontación y terminó en una pelea que derivó en el ataque armado.
Desde entonces, la causa atravesó distintos momentos. Álvarez permaneció detenido y fue alojado en el Programa Interministerial de Salud Mental Argentino (Prisma), en el complejo penitenciario federal de Ezeiza. Más tarde obtuvo el beneficio del arresto domiciliario, bajo monitoreo de una tobillera electrónica, mientras continuaba con un tratamiento psicológico y psiquiátrico. El debate oral, previsto originalmente para años atrás, quedó suspendido provisionalmente por su estado de salud mental, que le impedía defenderse en el proceso penal.
Pero ahora el escenario es diferente: el hombre que durante años estuvo fuera del centro de la escena judicial volvió a ocuparlo después de reiniciar su actividad artística y presentarse ante miles de personas en un estadio de Córdoba. Esa transformación fue determinante para que la Justicia entendiera que podía afrontar el proceso.
El calendario contempla otras nueve audiencias con una duración de tres horas cada una. Durante ese período, jueces, fiscales, querella y defensa deberán reconstruir aquella noche de julio de 2018 y determinar qué responsabilidad le corresponde a Álvarez por la muerte de Díaz.
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