Efecto del “on-off”: el delito volvió al nivel de la prepandemia y crece la preocupación en Mendoza
Las estadísticas reflejan el aumento de prácticamente todos los tipos penales en coincidencia con las aperturas y la relajación de las restricciones; inquietud en las zonas rurales, las más desprotegidas
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MENDOZA. El delito se detuvo en plena cuarentena por el coronavirus en tierra cuyana. Sin embargo, en cuanto comenzó el esquema on-off, de aperturas y cierres, " class="com-link break-word" data-mrf-recirculation="n_link_parrafo">el esquema on-off, de aperturas y cierres, con el objetivo de equilibrar la economía y la salud, la inseguridad volvió a repuntar. De hecho, hoy los niveles delictuales volvieron a la época prepandemia. Así lo evidencian los datos estadísticos a los que accedió LA NACION, sobre la base de los reportes del Ministerio Público Fiscal.
De acuerdo con un análisis de información de las cifras delictuales, en Mendoza la inseguridad comienza a sentirse nuevamente luego del stand by que significó la compleja situación sanitaria que azotó a todo el país en cuanto al encierro. Por tal motivo, crece la preocupación ciudadana y es uno de los principales temas que más inquietan a la población -según indican las consultoras de opinión- junto con la inflación, el desempleo, la corrupción y la educación.
Los hechos se repiten y los delincuentes no “perdonan” a nadie: este fin de semana lo sufrió en carne propia el intendente de la capital, Ulpiano Suárez, que fue asaltado en la zona del dique Papagayos, en el Piedemonte, cuando practicaba mountain bike: tres asaltantes lo amenazaron con un cuchillo y le robaron la bicicleta, el celular, el reloj y hasta la remera.


Los números son elocuentes, en los diferentes tipos de delitos. En la actualidad, los robos agravados volvieron a estar por encima de los 450 casos por mes, cifra similar a lo que ocurría en los primeros meses del 2020, antes de que el coronavirus aterrizara en el país. En tanto, en medio del estricto confinamiento, el número de este tipo de delitos no superó los 130 casos, de los 3942 robos agravados registrados en todo 2020. De hecho, en abril pasado la cifra se ubicó en 127 casos, mientras que en diciembre ya se disparó a 441 hechos. Luego, la cifra siguió una leve carrera ascendente hasta ubicarse en los números prepandemia.
Los robos simples experimentaron una tendencia similar. Sobre un total de 12.176 denuncias realizadas en la Justicia, en enero de 2020 hubo 1588 hechos mientras que en abril la cifra se redujo a 525; en tanto en diciembre el número volvió a dispararse, superando los 1400 hechos.
En cuanto a los homicidios las cifras son similares al año anterior, por encima de los 80 asesinatos y con un total de 7 femicidios.

En el caso de los abusos sexuales simples, en 2020 se registraron 1857 denuncias en la Justicia, de las cuales 170 se produjeron en enero, mientras que en plena cuarentena, en abril, hubo 77 casos, aunque en diciembre la cifra se disparó: 199 casos. Una tendencia similar se evidenció con los abusos sexuales con acceso carnal.
En tanto, una de las situaciones que más llamó la atención fueron los ciberacosos sexuales infantiles, delito conocido como grooming. Durante 2020 se detectaron 131 casos, pero lo más preocupante es que en plena cuarentena los hechos se duplicaron. Por ejemplo, en enero se denunciaron 8 hechos, mientras que en abril la cifra se disparó a 16. Este aumento, a la inversa de lo que ocurrió con el resto de los delitos en la pandemia, está relacionado con el mayor uso de dispositivos tecnológicos (celulares y computadoras) en los hogares durante el aislamiento preventivo.
Vale aclarar que el total de delitos cometidos en el 2020 en Mendoza, que llegaron a 23.810 casos, estuvo 20% por debajo de lo ocurrido en 2019, lo que muestra que la inseguridad en tierra cuyana experimentó una reducción con relación a los años anteriores, cuando se produjeron cifras récord, sobre todo de homicidios y robos agravados.

La zona rural, desguarnecida
De todos modos, el delito sigue inquietando a la población, sobre todo por la reactivación que tuvo tras la cuarentena. Las zonas rurales de la geografía local están entre las más afectadas por la acción de los delincuentes. Allí, los malvivientes saben que tienen más posibilidades de manejarse impunemente, por las grandes extensiones de campos y espacios al aire libre que hay entre las propiedades de esas zonas.
“Nos entraron a robar dos veces en pandemia. Y hay vecinos que la han pasado peor y están con mucho miedo. Pudimos identificar a los ladrones con las cámaras, pero todo quedó en la nada. Es más, hay quienes tienen temor de denunciar”, contó a LA NACION Eduardo, un vecino de Los Corralitos, en la comuna de Guaymallén, la más poblada de Mendoza.
“A mi abuela y a mi tía, que viven solas, las sorprendieron de noche, mientras dormían. Les arrancaron una reja y se metieron para robarles algunas cosas. Afortunadamente no les pasó nada grave”, contó otra vecina de ese departamento, que prefirió preservar su identidad. Otra situación que refieren los vecinos consultados por LA NACION tiene que ver con los asaltos que se producen en las inmediaciones de las villas o asentamientos de las diferentes comunas.

Desde la Justicia provincial confirmaron la realidad que se viene dando en “la tierra del sol, del buen vino y del conocimiento” y mostraron preocupación de cara a los meses que se vienen.
“Hay un repunte del delito desde la salida de la cuarentena, sobre todo los robos. Ya estamos en los niveles previos a la crisis sanitaria”, indicaron calificadas fuentes del sector judicial.
En tanto, desde el Ministerio de Seguridad se limitaron a señalar que “los números subieron en los últimos meses, pero no son malos”, haciendo hincapié en lo que ocurría en los años anteriores, cuando el delito tuvo cifras récord.
De todas maneras, ven con atención lo que ocurre. “Hay problemas económicos graves, con personas excluidas. Esperemos que el país no llegue a los niveles de 2002 y 2003”, acotaron fuentes de la cartera de Seguridad, desde donde afirman que se trabaja con mayores servicios y presencia policial en diversas áreas estratégicas de la geografía provincial, así como con tareas específicas de prevención, sobre todo en barrios y accesos.
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