
El valor de aprender de lo sucedido y la escuela como instancia para enseñar a controlar la violencia
Las instituciones educativas son el último recurso para frenar trayectorias problemáticas en un contexto de familias desbordadas e incontinentes
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La desgracia ocurrida en San Cristóbal no es un hecho aislado, sino una continuidad que arranca desde el 2004 con la tragedia de Carmen de Patagones. Erróneamente se atribuyó a Albert Einstein la frase sobre los mismos métodos y pretender distintos resultados, pero aun así tiene rigurosa validez.
¿Puede prevenirse esto? El último recurso disponible, a mi entender, es la misma escuela, que tendría que introducir desde muy temprano dos cruciales asignaturas: manejo de la violencia y educación vial, ambas productoras de innumerables muertes y secuelas psicofísicas en la población.
Se podrá decir frente a esto: ¿todavía recargamos más a la escuela? Y la respuesta es sí, porque las familias están desbordadas e incontinentes en alarmante proporción.
El menor actor desgraciado de estos hechos no surge ex nihilo: es producto de una suma logarítmica de factores que pudieron preverse con herramientas educativas acordes.
Por otra parte, hay dos factores importantísimos: prevención, solo posible con instituciones de tratamiento accesibles que la maldita ley de salud mental vigente ha destruido en todo el país, y la reinstalación de gabinetes psicopedagógicos en todas las escuelas, y postvención: un trabajo de contención y tratamiento de todos los afectados en la escuela santafesina a los fines de evitar y prevenir nuevas desgracias. Alguien dijo: “Quienes no recuerdan su historia están condenados a repetirla”. Por ahora, tristemente, venimos repitiendo.
- El Dr. Andrés Mega es profesor universitario, psiquiatra y forense





