Las cajas automáticas son seguras; nosotros no

Jorge Pandini
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30 de octubre de 2015  

¿Son seguras las cajas automáticas? La respuesta es sí. En principio hay que decir que los dispositivos que facilitan la conducción de un vehículo lo hacen más seguro.

Las cajas automáticas no sólo son más confortables, especialmente en el uso urbano, sino que simplifican la tarea del conductor ya que se puede tener ambas manos en el volante, liberarse de hacer cambios constantemente y dedicar, en consecuencia, más atención al tránsito.

También en maniobras complejas esa seguridad es mayor ya que al tener sólo dos pedales (acelerador y freno) un conductor promedio puede resolverlas con más rapidez.

En la Argentina hay dos cuestiones que todavía tienen un peso gravitante que limita el acceso a los automáticos.

Por un lado, y no es menor, el mayor costo. En ese sentido, los vehículos de mayor venta son los más accesibles; para los compradores de ese segmento, 8000 o 10.000 pesos para acceder a la versión automática suele ser mucho dinero.

Pero hay otro aspecto que pesa y mucho en nuestro país, y que ya no tiene que ver con el precio sino con una cuestión cultural: los "tuercas" argumentan que el auto debe ser "manual" porque sienten que son ellos los que deciden y, así, el auto "va mejor".

Lamento contradecirlos: la mayoría de los mejores autos que manejé en mi vida profesional, los más potentes, los más deseados, tienen cajas automáticas.

Tomemos dos versiones de un gran deportivo (más de 400 CV), uno manual y otro automático; ninguno de estos amigos "tuerca" de la mesa de café podrá en una versión manual igualar las prestaciones que pueden obtener con la automática.

Sin embargo, la simplicidad de la operación de los automáticos no significa que la persona al volante pueda descuidarse.

La posibilidad de un accidente siempre está presente y, aunque para muchos suene extraño, está comprobado que los riesgos pueden ser mayores en los recorridos cotidianos, donde solemos sentir una falsa sensación de seguridad. Hasta el más experimentado conductor está expuesto a una desgracia.

En ese sentido no puedo dejar de recordar la absurda muerte, en 2009, del periodista especializado Alberto Hugo Cando. El "Negro" no falleció en la ruta ni en un autódromo sino en el estacionamiento de su casa, cuando se bajó de una camioneta sin advertir que el cambio automático no estaba en parking sino en marcha atrás, y el vehículo lo arrastró contra una columna.

Es así: las cajas automáticas son muy seguras; nosotros no.

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