Para los chicos es un ritual compartido entre amigos

Estudiantes consultados por LA NACION creen que es más peligroso fumar tabaco que marihuana
Lucila Rolón
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30 de septiembre de 2015  

La primera vez que fumaron marihuana los tres juntos fue el año pasado. Estaban en una plaza, a la tarde, cerca del río. Las chicas del curso se habían ido y aprovecharon; no querían llamar la atención ni que los vieran otros compañeros. Bajo el sol, y entre los árboles, compartieron un porro y siguieron jugando al fútbol. "Nos reíamos sin parar, de todo. Yo respiraba y me reía; miraba una nube y me reía; nos caíamos al pasto con la pelota y nos reíamos", recuerda José. Franco y Lucio se ríen ahora, mientras se acuerdan de la anécdota.

Los tres tienen 16 y van al tercer año de la misma escuela privada, donde se cursan distintas especialidades. Ninguno fuma tabaco: "Le tomé asco, a mí no me gusta porque la mayoría de mi familia murió de cáncer; lo aborrezco y lo odio", dice Lucio. Franco fumó tabaco durante un año hasta que pudo dejarlo. Hace un año y medio que volvió a fumar: "No podía ni correr cuando tenía que entrenar". Dice que sus amigos lo ayudaron: "Me pegaban una piña cada vez que intentaba prender uno".

"El cigarrillo causa más enfermedades; la marihuana te daña las neuronas, pero si fumás mucho y durante muchos años", dice Franco; "lo vi en varios documentales", aclara. "Yo leí que el tabaco tiene como 89 toxinas... ¿Cómo voy a fumarme eso?", dice José. No hablan del tema con sus padres: "No vamos a lograr que cambien su mentalidad", dice José. "Ellos piensan que por fumar marihuana vamos a caer en cosas peores y no entienden que no es lo que queremos. Como no se pueden poner en nuestras cabezas piensan que es grave", dice Lucas.

Franco tiene un hermano de 25 años, son muy amigos y hablan de todo: "Cuando empecé el secundario me dijo que si un día pensaba en probar lo hiciera con él, bajo el cuidado de alguien. Y que no lo hiciera seguido". El hermano de José terminó dos carreras a los 24 años y para él es un ejemplo: "Lo vi fumar marihuana algunas veces y eso no le impidió realizarse. ¿Pero cómo se lo explico a mi papá?" Los tres dicen que entre ellos se cuidan: "Con los hermanos hay más libertad".

Los hermanos también son protagonistas en la cadena humana a través de la cual los chicos consiguen acceder a la droga. Un amigo de un amigo, el primo de un compañero, el hermano de otro; por 20 pesos les dan "cuadraditos" de marihuana prensada de aproximadamente 10 gramos. "Siempre hay uno en la escuela que puede conseguir, pero no estamos pendientes de eso. Fumamos cuando tenemos tiempo y para recrearnos", dice Franco. "No nos lo venden caro porque somos todos chicos", dice José.

Milagros, Pablo, Miguel, Luis, Diego y Matías empezaron a fumar marihuana hace dos años; tienen 17 y están en cuarto año de otra escuela pública. Sólo Miguel fuma tabaco; todos creen que eso es peor. "Todas las drogas son malas porque afectan de a poco, pero la marihuana es natural y hasta se está debatiendo su uso medicinal en el mundo", dice Pablo.

"No me gusta el cigarrillo, mi papá fuma hace mil años y no está bueno. Odio el olor", dice Matías. El papá de Luis le habló una vez de las drogas y le pidió que le contara si alguna vez probaba alguna, pero él nunca le contó...

"Los padres se preocupan y encima los medios meten miedo, y se ponen peor; es normal, pero estaría bueno que se informaran mejor todos", sostiene Pablo. Milagros agrega su deseo de que se despenalice el consumo. "Mi mamá sabe que fumo marihuana y no le cabe", dice Luis. "Me reta todo el tiempo con argumentos que no son ciertos, ¿pero qué le voy a decir? Son cosas de vieja, y está bien."

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