
Rosario: crónica de una fiesta electrónica con mayores controles que terminó mal
A pesar del dispositivo de seguridad y sanitario dentro y fuera del salón Metropolitano, donde se realizó anoche una rave, cuatro jóvenes terminaron internados por intoxicación con pastillas de éxtasis y 20 quedaron detenidos
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ROSARIO.- La pantalla Led muestra una noche estrellada, como si fuera de verano en medio del otoño áspero. Y quienes bailan, muchos en pantalón corto, parecen imbuidos por ese microclima, aunque el aire templado corre por el enorme salón Metropolitano, en Rosario.
Allí flota un clima cargado de nervios entre los organizadores. Es la primera fiesta electrónica que se realiza en Rosario después de la trágica noche del 16 de abril pasado en Costa Salguero, donde murieron cinco jóvenes intoxicados por las pastillas que habían consumido para bailar. Las miradas están puestas en Rosario.
Todo el despliegue de seguridad fuera y dentro de la fiesta no alcanza. Al final de la noche, cuatro jóvenes de entre 21 y 27 años terminaron internados por presunta intoxicación de alcohol y pastillas de éxtasis. Otras 20 personas fueron detenidas por la Policía Federal con píldoras ilegales, LSD, Ketamina y cocaína.
Fue el ocaso de una noche que arrancó temprano y en armonía. Se vendió un 20 por ciento menos de la capacidad habilitada por la Municipalidad en Metropolitano. No había peligro de que el lugar se viera desbordado. Pero quizá la propia naturaleza de ese tipo de fiestas carga a cuestas con ese desborde social, como una contraindicación.
A las 2 de la madrugada unas 4 mil personas rebotaban con ese espero ruido que toma forma de ritmo. Es monótono, como si nunca pretendiera terminar. Una banda de Moebius, que logra armar una lucha entre el ensueño y la vigilia dentro de ese galpón que durante la noche esconde lo que fue hace más de un siglo: un taller ferroviario. A esa hora el break se hace largo. Un intervalo tedioso. Hasta que aparece en escena el DJ bosnio Solomun, un hombre de aspecto rudo, pero que logra alimentar la escena con potencia para agitar a todos los que bailan. Y es lo único que importa. La noche sólo sirve de escenario para entrar en ese trance alimentado con pastillas de éxtasis y sofocado con agua mineral.
El bombardeo de consignas no para. Pero nada parece alcanzar, tras el final, con el resultado puesto. Dos pantallas al lado de la isla del DJ bosnio lanzan una frase que se repite, como todo en la noche. Las frases van y vienen todo el tiempo. "Refrescate. Ponele vida. No tomes riesgos. Tomá mucha agua. Mezclar alcohol con cualquier sustancia es un problema", dice el texto recomendado por el municipio en las dos pantallas que tienen fondo de colores, similares a una señal de ajuste de la TV. "Es muy bueno que tomemos conciencia que hay cosas que son peligrosas, pero yo creo que nada alcanza. Nadie va a dejar de tomar pastillas para venir a bailar", dice Martina, mientras se mueve con su botellita de agua mineral que cuesta 100 pesos en la barra.
En el predio hay seis puestos con paramédicos
En el salón se montaron tarimas de medio de metro de altura que le sirven a los guardias de seguridad, vestidos con sobretodo negro y corbata, para divisar "movimientos extraños". Más que respeto, inspiran temor. Apuntan con un puntero láser color verde a lo que consideran sospechoso: alguien que pretende vender pastillas o consumirlas. Para eso está el baño, donde sale agua de las canillas y hay mayor libertad. "Este es el colocador", bromea un veterano de este tipo de fiestas.
Hay más de 30 hombres de negro dentro de la fiesta que vigilan. Miran en derredor. En el predio hay seis puestos con paramédicos, que tienen un par de dispensers de agua cada uno, y hay otro cerca del DJ para repartir 4.000 bolsitas de agua. Esas son gratis.
Cerca de los baños, hay un puesto de la secretaría de Salud de la Municipalidad de Rosario en la que se entregan unas pulseras y un grupo de asistentes recomienda el consumo responsable de pastillas de éxtasis. "La pueden pasar bien y divertirse sin riesgos. Tomen agua y no consuman alcohol. Traten de estar en lugares ventilados", repiten las asistentes de Salud.
En la fiesta no se hicieron testeos de píldoras, a pesar de que el Concejo Municipal de Rosario aprobó una ordenanza que pretendía fomentar la "reducción de riesgos" con el control de las drogas ilícitas. En las barras, donde se compran bebidas, hay pantallas Led de 32 pulgadas donde indican en colores fluo dónde están las salidas de emergencia y los puestos sanitarios. Los efectivos de inteligencia de la federal y de la policía provincial merodean entre los jóvenes que bailan. Son tantos y se distinguen igual que los periodistas.
Afuera, hay más guardias, que cachean a las más de dos mil personas que forman una ancha fila de más de tres cuadras a la 1.30 de la madrugada. La primera requisa la hace la policía y luego le siguen los guardias privados. Y antes de ingresar todos pasan por un detector de metales.
Hay más controles que en el clásico Central-Newell’s
"Hay más controles que en el clásico Central-Newell’s", afirma sorprendido Matías, de 23 años, quien descree que el dispositivo de seguridad funcione. Y admite que en las redes sociales y en los foros de música electrónica se recomendaba tomar la pastilla antes de ingresar. En la cola para entrar ya todos sienten las ansias de bailar. Se mueven en ese repiqueteo sin prisa.
Hay cinco patrulleros de la policía de Santa Fe en la puerta y otros efectivos de Drogas Peligrosas que caminan las calles de a dos. A la par, hay uniformados de la Policía Federal. "Si hoy viene un dealer a vender una pastilla está loco. Está lleno de policías, pero esto se preveía. Por eso la movida se hizo en otros lugares, en el centro y en el shopping", contó un muchacho de 21 años, que adquirió un par de píldoras en el patio de comidas del shopping. "Pueden poner los controles que sea pero la naturaleza de estas fiestas es con éxtasis. Sin esa sustancia no podrían existir", señaló.
Los cuatro jóvenes internados en Rosario por consumo de alcohol con pastillas y marihuana, en una fiesta de música electrónica, recibieron el alta clínica, informaron hoy desde la Secretaría de Salud.
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