Según un reconocido forense, la chica murió en un intento de abuso
Osvaldo Raffo estudió fotos de la autopsia y notó lesiones compatibles con el sofocamiento manual
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El prestigioso médico forense Osvaldo Raffo, a quien LA NACION entrevistó para su especial Conversaciones, publicado en la edición de ayer, consideró que la exhumación del cadáver de Ángeles Rawson era necesaria para poder responder los puntos oscuros que dejó la primera autopsia, dudas que el juez de la causa, Javier Ríos, espera que la junta médica convocada a tal efecto disipe al responder las 72 preguntas sobre las causas y mecánica de la muerte.
Luego de haber visto las fotos del hallazgo del cadáver en la planta de la Ceamse y las tomadas durante la autopsia, Raffo sostuvo que las lesiones que se advierten prefiguran un caso de intento de abuso sexual y una maniobra de sofocación que, a su entender, sería la que causó la muerte.
Tras aclarar que hablaba "a título personal" y "desde la platea", por no formar parte de la causa, Raffo emitió su opinión en el programa Hablando de seguridad, que conduce Hermes Acuña en Radio AM 1580 ( http://www.lanacion.com.ar/1612105 ).
"En estos casos en que la sexualidad se está mezclando con el asesinato, es mucho más importante el examen externo que el interno. Yo vi en las fotos que se me mostraron la repetición de decenas de casos similares donde mujeres jóvenes habían sido violentadas sexualmente -o intentaron violarlas- y asesinadas", dijo Raffo. Según su opinión, el homicidio de Ángeles presenta "indicadores médicos legales vinculantes entre la muerte y el acto sexual".
"La topografía de las lesiones es lo importante. ¿Dónde están? En el cráneo, la cara, los labios, el cuello, el tórax, la cara interna de los muslos. También en el dorso de la mano derecha, donde hay un hematoma que significa universalmente lesión de defensa de la víctima", dijo Raffo, para quien la chica ya estaba muerta cuando fue arrojada a la basura.
De las marcas que se advierten en las fotos de la autopsia Raffo dedujo que la víctima se defendió con sus brazos y recibió en la cara fuertes golpes derribantes. Y que el homicida le apretó el cuello con una mano y con la otra le tapó la boca. Esa compresión de boca y nariz se conoce como maniobra de sofocación.
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