
Un pueblo que resurgió por su oferta gastronómica
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Como tantos otros pueblos del corazón productivo agropecuario de la provincia de Buenos Aires, la historia de Carlos Keen ha girado en torno del ferrocarril. De hecho, la estación de trenes es, aún hoy, el centro de esta localidad situada a sólo 13 kilómetros de la ciudad de Luján.
Sólo que, ahora, su prosperidad no se apoya en su posición estratégica en el transporte ferroviario: la proliferación de excelentes restaurantes de comidas regionales, sumada al cuidado pintoresquismo del lugar, lo han hecho acreedor de una merecida fama como "pueblo gastronómico", imán para centenares de familias porteñas y del conurbano que cada fin de semana, entre sus calles, encuentran satisfacción a su interés por las artesanías y el buen comer.

Carlos Keen, que en el esplendor de la década del 30 llegó a tener 3000 habitantes, tiene hoy 400 parroquianos y al menos una decena de restaurantes de gran calidad, tanto de comidas típicas regionales como de gastronomía de alta gama. Entre sábado y domingo, según datos de la Municipalidad de Luján, unos 5000 vehículos llegan a este pueblo que parece detenido en el tiempo.
"El 80% de la gente que viene a comer es de la ciuda de Buenos Aires", comentó tiempo atrás a LA NACION Silvana Paladiuk, de La Casona de Carlos Keen, uno de los clásicos restaurantes de este pueblo, situado a 83 km de la Capital.





