Un tiro al corazón, una mujer asesinada y el misterio de los 743.000 pesos envueltos en nylon

Parte del dinero incautado en el pet shop donde asesinaron a María Teresa Villena, en Don Bosco
Parte del dinero incautado en el pet shop donde asesinaron a María Teresa Villena, en Don Bosco
Fernando Rodríguez
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24 de septiembre de 2019  • 14:15

Para la policía es, todavía, un misterio inextricable. Por ahora, son piezas sueltas que no les permiten a los investigadores componer el mapa completo que explique quién mató a Mariela Teresa Villena en el pet shop que atendía en Don Bosco. No fue un robo: un encapuchado entró, le dio un tiro apenas por encima del corazón y la mató, para luego salir a la carrera, subir a una moto que lo esperaba y escapar a toda velocidad. Pero no se llevó nada del lugar. En una caja de cartón había 30.000 pesos y detrás del mostrador, cuatro bolsas de nylon que envolvían 743.000 pesos más. Una fortuna incomprensible a la luz de la forma de vida que llevaba Villena, que dormía sobre frazadas dentro del comercio, que hacía meses no pagaba el alquiler y estaba en litigio con el dueño, y que también se llevaba mal con la mayoría de los vecinos de la cuadra de Uriburu al 1100.

El momento de la ejecución de la dueña del pet shop

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Los pesquisas y la fiscal de Quilmes Ximena Santoro tomaron nota de la mecánica del ataque y, descartado el móvil del robo, se inclinan a sostener la hipótesis primaria de una ejecución lisa y llana; un ajuste de cuentas cuyo motivo es, por ahora, un misterio. "Es un caso bastante complejo. Está descartado que se haya tratado de un robo. Manejamos dos o tres hipótesis. La víctima no tenía familiares y nadie se presentó en su nombre. Los vecinos no la veían salir nunca del local. Y el dinero que guardaba no se condice ni con la actividad comercial que desarrollaba ni con las condiciones precarias en las que vivían allí. Entendemos que proviene de alguna otra actividad", dijo a LA NACIÓN una calificada fuente de la investigación.

El homicidio ocurrió a las 20.05 de ayer; una cámara de seguridad de la cuadra captó una escena de 40 segundos que comprende la llegada de una moto, la sigilosa entrada al local de un sujeto vestido de oscuro e inidentificable, el giro que da el motociclista para subir a la vereda y, luego de que se escucha la detonación que altera el silencio de la noche, la salida del sicario y la fuga.

El estampido dio paso al llamado al 911 y el Comando radió el alerta para que el personal de la comisaría 8a. de Quilmes acudiera a Uriburu 1135 para abocarse al caso de una "persona óbito en casa de comida para perros".

El local donde asesinaron a María Teresa Villena, en Don Bosco
El local donde asesinaron a María Teresa Villena, en Don Bosco

Al llegar, encontraron las luces prendidas y, sobre el piso del salón de ventas, el cuerpo inerme de una mujer de entre 40 y 45 años que presentaba una herida de arma de fuego en la región infraclavicular izquierda y orificio de salida en la zona escapular. No había desorden ni se advertían faltantes de objetos en la escena del crimen, según precisaron fuentes del caso.

La ambulancia del SAME, que llegó detrás de la patrulla policial, no tuvo nada que hacer; el médico simplemente constató el deceso de la víctima, con un disparo.

Una chica de 22 años, empleada de comercio y estudiante universitaria, que vive en un PH en el pasillo que da al fondo de la propiedad que tiene al frente la veterinaria, aclaró a la policía que no había sido testigo del crimen, pero que conocía a la víctima. Según confiaron fuentes policiales a LA NACIÓN, contó que sabía que Teresa trabajaba sola, que estaba usurpando el local, en litigio con su dueño, Alejandro Luis Cimino, y que no se llevaba bien con los vecinos. Dijo, además, que prácticamente no tenía ventas y que, hasta donde conocía, Villena no tenía auto ni moto.

La fiscal, titular de la Unidad Funcional de Instrucción N°7, se hizo presente en la escena del crimen, de la que se hizo cargo el equipo de Policía Científica. El médico policial Gastón Berbel determinó que la víctima tenía una herida de bala con orificio de entrada justo debajo de la clavícula, por encima del corazón, y orificio de salida junto al omóplato izquierdo.

Se encontró el plomo encamisado de un proyectil de calibre 9 milímetros, pero no la vaina servida, de lo que se deduce que el matador recogió la cápsula que debió expulsar la pistola y se la llevó consigo. Para los investigadores eso sería un indicio más de que fueron directamente a matar.

A los pesquisas también les llamó la atención que no hubiera desorden en el lugar y que, a simple vista, no se advirtieran faltantes. Pero la aparición del dinero en semejante cantidad hizo aumentar el misterio. Había una caja de cartón que contenía 30.000 pesos y en cuatro bolsas de nylon escondidas detrás del mostrador, 743.000 pesos más. "A juzgar por la tierra que cubría los paquetes podría decirse que tenía ese dinero hace tiempo y que también hacía mucho que no lo tocaba", dijo a LA NACIÓN una calificada fuente de la investigación.

Los vecinos, sostuvieron los investigadores, no estuvieron en condiciones de revelar qué tipo de amistades tenía la víctima o qué personas la visitaban. Con respecto a una eventual vinculación del homicidio con un caso de drogas, las fuentes consultadas por este diario dijeron que "es una de las hipótesis a profundizar", aunque, hasta el momento, no habían surgido pistas claras al respecto, más allá de la inusual cantidad de dinero incautada.

Así como están las cosas, el móvil del crimen de la veterinaria de Don Bosco es, por ahora, un misterio insondable.

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