A las generaciones de madres
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Pude compartir varios años con mi abuela y abuelo maternos, que transmitían una sabiduría tranquila, no necesitaban gritos ni exabruptos y generaban respeto espontáneo.
Fui testigo de mil cosas que con los años se identificaban con: “lo dijo la abuela”. Recién hace poco comprendí que las notables cualidades de costura de mi abuela y de mi madre como cocineras y reposteras, desarrollaron en mí la vocación de dar afecto a los míos con la labor de mis manos.
Es más común hacerlo con palabras, gestos, besos y abrazos. Esta característica me crea incomprensión, pero es tanto lo que me dieron ellas que sería imposible no sentirlo.
Hoy que pongo orden en mis cosas pensando que no tardaré mucho en irme, estoy disponiendo de los pocos objetos que son sus recuerdos, con lágrimas, a las que se agrega el tránsito de una querida hijastra y la melancolía por mi esposa, hija, hijastra e hijos políticos, de quienes he recibido calor; más unos nietos, con los que poco he podido compartir.
Pero a todos les digo, miren a sus madres, son únicas.
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