A medida que los padres rechazan la vitamina K, algunos bebés desarrollan hemorragias devastadoras
Los médicos describieron el tratamiento de hemorragias cerebrales y abdominales en bebés que no habían recibido la inyección de rutina. Varios dijeron que las imágenes de esos pacientes quedaron grabadas en sus mentes
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NUEVA YORK.- Cuando una madre llegó con su recién nacido, con sangre que salía del muñón del cordón umbilical, Jessica Kirk y una enfermera estaban solas en una pequeña sala de emergencias pediátricas de Florida.
Después de dos décadas en la medicina, Kirk, una médica pediátrica que ahora ejerce en Fairhope, Alabama, suele tener una idea de los posibles diagnósticos pocos minutos después de conocer a un paciente. Pero nunca había visto algo así. Mientras la enfermera tomaba los signos vitales, Kirk llamó a su director médico.
“Oh, no”, recordó que dijo el director cuando escuchó el nombre del niño. Los padres, explicó, habían rechazado la inyección de vitamina K que los recién nacidos reciben habitualmente para ayudar a la coagulación de la sangre. Sin ella, los bebés son vulnerables a hemorragias espontáneas.
Ese bebé estaba sufriendo una hemorragia interna.
En cuestión de minutos, estaba frío, con el pulso acelerado y la presión arterial baja, recordó Kirk. Administró líquidos por vía intravenosa, una dosis de emergencia de vitamina K y una transfusión de plasma, todo mientras intentaba organizar un traslado a una unidad de cuidados intensivos neonatales. El abdomen del bebé se endureció por la sangre que se acumulaba en su interior. Comenzó a perder el conocimiento.
Era 2021 y el número de padres que rechazaban la inyección de vitamina K ya había comenzado a aumentar, aunque de forma lo suficientemente silenciosa como para que encontrarse con un bebé que no la había recibido todavía sorprendiera a Kirk. Ahora, muchos médicos dicen que ven esto con regularidad y que los casos de hemorragia se acumulan.
Un estudio basado en registros médicos electrónicos encontró que el 5,2% de los bebés en Estados Unidos no recibió la inyección en 2024, frente al 2,9% en 2017, lo que significa decenas de miles de bebés más sin protección. Y más de 15 médicos dijeron a The New York Times que observaron un aumento adicional durante los últimos dos años.
Las hemorragias resultantes no se monitorean a nivel nacional. Pero los expertos estiman que hasta uno de cada 60 bebés no tratados (1,7%) sufrirá una hemorragia durante la primera semana de vida y que otro pequeño porcentaje la padecerá dentro de los seis meses.
Más de una docena de médicos de todo el país, incluidos médicos de emergencia, neonatólogos y pediatras, dijeron a The Times que trataron hemorragias cerebrales o abdominales en bebés que no habían recibido vitamina K, principalmente durante los últimos cinco años. No siempre conocían los resultados porque algunos pacientes fueron trasladados a otros centros. Pero al menos 12 de esos bebés murieron y al menos otros 14 sufrieron daño cerebral.
Algunos médicos describieron los casos en términos generales para proteger la privacidad de los pacientes y algunos que proporcionaron más detalles pidieron que no se publicara el sexo ni la edad exacta de los bebés.
Meghan Martin, médica especialista en emergencias pediátricas del Johns Hopkins All Children’s Hospital de St. Petersburg, Florida, dijo que ella y sus colegas ahora tratan, en promedio, a un bebé con hemorragia cada uno o dos meses.
“Ya no es raro”, dijo Martin.
El 29 de junio, la senadora Angela Alsobrooks, de Maryland, y la representante Kim Schrier, de Washington, ambas demócratas, enviaron una carta a Jay Bhattacharya, actual director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), para instar al organismo a monitorear públicamente tanto el rechazo a la vitamina K como las hemorragias asociadas con su deficiencia. Una vocera del Departamento de Salud y Servicios Humanos no dijo si eso ocurrirá.
Los datos nacionales permitirían a los médicos “sentarse con una familia y decir: ‘Déjenme contarles lo que estamos viendo’”, dijo Schrier en una entrevista. La legisladora ejerció la pediatría antes de llegar al Congreso. “Se siente como una conversación mucho más real que un riesgo teórico”.
Varios médicos describieron los casos de hemorragia por deficiencia de vitamina K como experiencias tan impactantes que quedaron grabadas para siempre en su memoria, pese a que atienden todos los días a niños gravemente enfermos.
Donna Schoonover, hospitalista pediátrica en Washington, dijo que nunca olvidará una imagen: un ojo saliéndose de la órbita debido a la sangre acumulada dentro del cráneo de un bebé.
Una inyección de rutina
Los recién nacidos tienen una deficiencia natural de vitamina K porque esta atraviesa mal la placenta y la leche materna contiene cantidades muy bajas. La fórmula infantil puede contener más, pero el sistema digestivo de los recién nacidos no logra absorberla por completo, explicó Leela Sarathy, directora médica de los servicios de guardería para recién nacidos de Mass General Brigham for Children.
El riesgo de hemorragia por deficiencia de vitamina K es más alto durante la primera semana de vida, aunque persiste a niveles más bajos durante meses. Una inyección administrada dentro de las seis horas posteriores al nacimiento prácticamente elimina ese riesgo. (Otros factores no relacionados también pueden causar hemorragias).
La Academia Estadounidense de Pediatría recomendó esta inyección en 1961 y la hemorragia por deficiencia de vitamina K se volvió muy poco frecuente en Estados Unidos.
“Aprendimos sobre ella, pero era algo que ocurría principalmente en otros países”, dijo Judy Felgenhauer, directora médica del programa de hematología y oncología pediátrica del Providence Sacred Heart Children’s Hospital, en Spokane, Washington.
La inyección es muy segura. Pero en la década de 2010 los médicos comenzaron a notar que cada vez más estadounidenses la rechazaban para sus hijos. Si bien la inyección de vitamina K no es una vacuna, su rechazo creció junto con el rechazo a las vacunas, entre muchos de los mismos padres.
La desinformación en internet contribuyó a este fenómeno, dijo Stephanie DeLeon, directora médica asociada del Oklahoma Children’s Hospital OU Health.
Algunos grupos de Facebook y otros foros para futuros padres están llenos de afirmaciones inexactas y de personas que expresan dudas angustiantes, sin saber qué creer y aterrorizadas ante la posibilidad de perjudicar a sus hijos.
Aunque los CDC siguen recomendando la vitamina K, el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., y otros funcionarios de la administración Trump han alimentado la desconfianza hacia las recomendaciones médicas tradicionales en múltiples áreas. Además, Children’s Health Defense, una organización que anteriormente fue dirigida por Kennedy, sugirió que las inyecciones de vitamina K podrían resultar peligrosas.
Emily Hilliard, vocera del Departamento de Salud, atribuyó el aumento del rechazo a la vitamina K a las políticas sobre Covid-19 implementadas durante la administración Biden y afirmó que el organismo busca “reconstruir” la confianza “mediante la honestidad, el consentimiento informado, la ciencia sólida y el respeto por la elección individual”.
Algunos padres explican a los médicos que les preocupa un conservante llamado alcohol bencílico, aunque no existe evidencia de daño derivado de la pequeña cantidad presente en la inyección de vitamina K y además existen formulaciones sin conservantes.
Otros creen que la inyección está relacionada con la leucemia, basándose en un pequeño estudio realizado a comienzos de la década de 1990 que posteriormente fue contradicho por múltiples investigaciones de mayor tamaño.
Otros padres rechazan intervenciones que consideran antinaturales. Algunos quieren evitarle a su hijo la incomodidad de una inyección y creen que el riesgo de omitirla es insignificante.
“Dicen que el riesgo de hemorragia es de uno en un millón”, afirmó Annemarie Stroustrup, vicepresidenta sénior de servicios pediátricos de Northwell Health, una gran red sanitaria de Nueva York y Connecticut donde varios bebés sufrieron hemorragias durante los últimos dos años. “Definitivamente no es así”.
Una inyección de emergencia de vitamina K puede iniciar el proceso de coagulación en cuestión de horas, y algunos bebés pueden mantenerse con vida hasta entonces mediante transfusiones, cirugía para aliviar la presión sobre el cerebro mediante la extracción de parte del cráneo o soporte vital.
Pero se estima que el 20% de las hemorragias por deficiencia de vitamina K son fatales.
Y muchos sobrevivientes presentan daño cerebral que puede provocar parálisis, discapacidad intelectual o la necesidad permanente de una sonda de alimentación o de asistencia respiratoria.
Martin dijo que trató a más de una docena de bebés con hemorragias por deficiencia de vitamina K y que los padres devastados suelen decirle que conocían el riesgo teórico, pero nunca imaginaron que algo así pudiera ocurrirle a su hijo.
Devastación inolvidable
Los primeros signos de una hemorragia pueden ser sutiles, explicaron los médicos. Un bebé puede mostrarse somnoliento o alimentarse menos de lo habitual.
Y, de un momento a otro, queda gravemente enfermo, dijo Martin.
Algunos bebés sufren convulsiones. Algunos vomitan sangre o presentan sangre en las deposiciones. Algunos dejan de respirar.
Son trasladados de urgencia al hospital, donde los estudios muestran hemorragias extensas y los análisis permiten diferenciar una deficiencia de vitamina K de otras posibles causas.
Jeremy Jacobs, profesor asistente del Centro Médico de la Universidad Vanderbilt, especialista en coagulación sanguínea y coautor reciente de un trabajo sobre hemorragias por deficiencia de vitamina K, recordó el caso de un niño de pocos meses que llegó con hematomas y manchas de sangre debajo de la piel.
Las imágenes mostraron una hemorragia cerebral.
La coagulación mejoró después de una dosis de emergencia de vitamina K, dijo Jacobs, pero ya era demasiado tarde.
El bebé murió.
Las conversaciones con los padres pueden ser devastadoras, dijeron los médicos. También subrayaron la importancia de actuar con compasión hacia personas que creían estar haciendo lo correcto.
Algunos padres tienen dificultades para aceptar la relación entre la hemorragia y el rechazo a la inyección. La otra reacción, dijo DeLeon, es una “devastación y culpa absolutas”.
El día que aquel recién nacido llegó a la sala de emergencias, Kirk trabajó sin descanso hasta lograr que fuera trasladado a un hospital más grande. El traslado significaba que nunca sabría si el niño sobreviviría.
Mientras el equipo de transporte asumía la atención del paciente, tuvo unos minutos para hablar con la madre, que había permanecido sentada, con el rostro pálido, observando a la médica y a la enfermera intentar salvar a su bebé.
Kirk conoce a muchos padres en los peores días de sus vidas.
Los mira a los ojos y les dice: “Solo quiero que me escuchen y recuerden mi voz diciéndoles esto: esto no es su culpa. No había forma de que pudieran haber previsto que esto ocurriría. No había nada que pudieran haber hecho de otra manera”.
Miró a esa madre a los ojos y le dijo que no era su culpa.
Y lo decía sinceramente.
Sabía que la mujer creía estar actuando en el mejor interés de su hijo.
“Pero lo que no pude obligarme a decirle fue: ‘No había nada que pudieras haber hecho’”, dijo Kirk. “Simplemente no pude decirlo”.
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