
Abuelas influencers: no saben usar TikTok, pero se hicieron famosas en la plataforma y hasta son sponsoreadas por marcas
A través de videos filmados por sus nietos, muchos adultos mayores se volvieron virales en las redes sociales; algunos, incluso, son reconocidos cuando caminan por la calle y hasta trabajan con marcas
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—No te planches el pelo —le dijo Mabel Roncoroni, de 94 años, a su nieta cuando ella le contó que iba a hacerlo para un disfraz—. Los rulos son mucho más lindos.
A Juana Figueroa —licenciada en Relaciones Internacionales, de 27 años- le causó tanta gracia la forma en que su abuela la retaba que sacó el celular y empezó a grabarla. Luego compartió el video en las redes. Nunca imaginó el éxito que tendría. Esa publicación se convirtió en la primera de una cuenta de TikTok que hoy acumula más de 196.000 seguidores.

En otra época, el recuerdo de un abuelo quedaba guardado en álbumes de fotos, cartas o cajas con objetos de valor sentimental o material. Hoy, muchos nietos encontraron otra forma de conservar memorias: graban conversaciones, recetas, consejos y escenas cotidianas, y luego las comparten en TikTok e Instagram, dos plataformas donde priman los usuarios jóvenes. En algunos casos, además, esa exposición en redes transformó a sus abuelos en influencers: son reconocidos en la calle y trabajan con marcas.
La cotidianidad que conquistó las redes
Juana Figueroa descubrió, a raíz de los videos con su abuela Mabel, que aquellas conversaciones que consideraba habituales despertaban un enorme interés entre miles de personas: “La idea es mostrar la relación intergeneracional entre nosotras y cómo vemos la vida con nuestros más de 65 años de diferencia. Mucha gente nos escribe para decirnos que nuestra relación les recuerda a sus abuelas o que les hubiera encantado tener un vínculo así”, cuenta.
Mabel se convirtió en “la abuela virtual de todos”, dice su nieta. Es reconocida en la calle. Algunos le piden consejos; otros simplemente la saludan. “Es una locura pensarlo, pero se convirtió en influencer a los 94 años. Nos matamos de risa haciendo contenido”, asegura Juana.
El éxito en redes de Tomás France, de 28 años, y su abuela, Olga Ester, de 72, también comenzó por casualidad. Desde que él tiene uso de razón, almuerza en casa de ella. La escena se repetía una y otra vez: su abuela cocinaba, servía primero a toda la familia y recién entonces se sentaba a comer. Un día, su nieto decidió grabar ese recorrido desde la cocina hasta la mesa, para luego subirlo a sus historias de Instagram. “Al principio me pedía que no la filmara porque le daba vergüenza, entonces intentaba mostrar solo el recorrido y no su cara. Después se soltó, así que empecé a subir los videos a TikTok, y empezaron a viralizarse”, cuenta.

A diferencia de Juana y Tomás, para Valentín Grondola, creativo publicitario y creador de contenido, de 28 años, la idea de filmar a su abuela fue inicialmente parte de un proyecto más grande. Decidió reunir en redes su trabajo y el humor que siempre compartió con su abuela Emir, de 90 años. “Ella hace esto por mí. Es muy espontánea y tiene una cabeza muy abierta para su edad. Yo solamente adapté eso al ritmo que necesita un video de TikTok”, explica.
Lo que más atrae a sus seguidores, dice, es ver a su abuela hablando sobre temas de su generación. “Si fuera yo quien contara esas mismas ideas, no tendrían el mismo efecto ni resultarían tan graciosas como cuando las dice ella”, asegura. Aunque el guión existe, asegura que los mejores momentos surgen cuando ella improvisa. Muchas veces, al terminar de decir una línea, Emir le pregunta: “¿Cómo se te ocurren esas cosas?“.
En algunos casos, el éxito de los videos de nietos y abuelos fortaleció la relación entre ellos; en otros, simplemente dejó registrado un vínculo que ya existía. Sin buscarlo, el fenómeno también convirtió a muchas de estas mujeres en figuras conocidas: las saludan en la calle, reciben mensajes de seguidores y trabajan con marcas.
La excusa para el encuentro
Juana vive en Tigre; Mabel, en Palermo. Subir videos juntas se convirtió en una excusa para verse todas las semanas. Ahora las jornadas de grabación ya tienen rutina propia: “Juntas pensamos la idea, hacemos guiones, grabamos, trabajamos. Lo que empezó de forma espontánea ahora es más organizado, ya que tenemos que cumplir con fechas y acuerdos con marcas. Así que voy una vez por semana sin falta a su casa con la excusa de tener que trabajar, pero aprovecho para quedarme todo el día con ella”, dice la nieta.
La repercusión de los videos en redes también modificó la dinámica de los famosos almuerzos entre Tomás y Olga. Ahora, dice él, son mucho más graciosos: “Mi abuela me pide que le avise cuando la voy a filmar para arreglarse un poco”, confiesa.

Valentín, en cambio, cree que TikTok no cambió la relación con Emir, sino que permitió mostrarla: “Siempre fue muy presente. Hoy siento que tengo una deuda feliz con ella: devolverle aunque sea un poco de todo lo que hizo”. Los lunes son los días en que Valentín va a visitarla y, según cuenta, durante toda la semana, cada vez que recibe visitas, su abuela cuenta las anécdotas que vivieron ambos mientras grababan juntos.
Aunque Emir nunca leyó un comentario en TikTok, no entiende qué significa que alguien siga una cuenta ni tampoco usa WhatsApp, sí sabe que algo cambió. Cuando alguien la reconoce y se acerca a saludarla, suele reírse y advertir: “Bueno, ahora se van a fumar mi cuento”, porque sabe que la conversación probablemente termine con alguna de sus anécdotas.

Para Julieta Ceitlin, estudiante de psicología y actriz, es importante mostrar la autenticidad del momento con Abe, su abuela. Por más que los videos duran unos 30 segundos, el tiempo que pasan juntas grabando es mucho mayor. “Tiene 96 años, me transmite felicidad y me da ganas de vivir”, relata la estudiante, de 23 años. Hace aproximadamente un año decidió que prácticamente todo el contenido que publica estaría protagonizado por su abuela.
Un recuerdo para volver a mirar
Aunque los videos nacieron por diversión, espontaneidad o trabajo, cada uno intenta conservar algo distinto de su abuela: las conversaciones, el humor, los almuerzos compartidos o las situaciones de la vida cotidiana.
Para Juana, la necesidad de registrar esos momentos está atravesada por una experiencia personal. Perdió a su mamá cuando tenía 16 años y conserva muy pocos videos de ella. “Me hubiera encantado tener muchos más registros con su voz o haber podido filmar nuestra cotidianeidad. Es como si la vida me hubiera dado una segunda oportunidad: lo que me arrepiento de no haber hecho con mi mamá hoy lo tengo con mi abuela”, confiesa.
@juanitafigueroa.ch Carta de amor inesperada 🥹🤍 Siempre nos llevamos bien con mi abuela pero estos últimos años nos empezamos a ver cada ves más (vivimos lejos) y a hacer videos, trabajar juntas y ella siempre dice que fue como un renacer en su vida 💙 #abuela #cartas #amor ♬ Wash. - Bon Iver
Cuando imagina ver los videos dentro de veinte años, no piensa en las reproducciones ni en los seguidores, sino en su relación. “Quiero que me devuelvan el recuerdo de dos personas que se quisieron muchísimo, que aprovecharon cada segundo para escucharse, aprender una de la otra y compartir juntas. También sus consejos, que creo que van a seguir vigentes pase el tiempo que pase”.
Valentín también es consciente del valor que tendrán esas imágenes en el futuro. “Mis hijos van a poder conocer a su bisabuela a través de esos videos. Cuando los vuelva a mirar, no solo voy a recordar a mi abuela, sino también quién era yo cuando iba todos los lunes a visitarla y lo bien que la pasábamos”, cuenta.
Tomás, en tanto, encontró en la cocina de su abuela una forma de preservar la memoria familiar: la de los sabores compartidos alrededor de la mesa. “Nunca pensé en los videos como recuerdos, pero el hecho de que me quede grabado su amor, su sencillez, su humildad y hasta los sabores de sus platos es algo único que no cambiaría por nada”, afirma.
@juanitafigueroa.ch Mi abuela mabel, 93 años, la persona más transparente, honesta, ocurrente, buena y genuina 🤍🫶🏼✨ #abuela #consejos #reflexiones #abuelaynieta ♬ growth - Gede Yudis
Para Julieta, el recuerdo no pasa por una receta o una conversación puntual, sino por registrar la vida cotidiana junto a Abe. “Yo quería grabar mi día a día y ella es parte. Esto la mantiene activa, con energía, y eso me hace seguir haciéndolo; no hay nada como un álbum de fotos en video”, dice, emocionada.
Paradójicamente, mientras millones de videos pasan fugazmente por la pantalla del celular y desaparecen con el siguiente movimiento del dedo, para estos nietos cada publicación tiene otro valor. No buscan detener el paso del tiempo, pero sí asegurarse de que, cuando la memoria falle o el contenido se agote, siempre exista un lugar al que volver para escuchar y recordar a sus abuelas.
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