
Acusan a la policía por la muerte de un motociclista
Profundizarán la investigación contra el suboficial que manejaba
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El 6 de septiembre último, a medianoche, Eduardo de la Cruz Vega, de 24 años, y su reciente esposa, María Isabel Duarte, de 22, iban en una motocicleta por la avenida Santa Fe. El joven había terminado de trabajar de repartidor de empanadas en El Noble Repulgue y regresaba a Quilmes con su mujer. Al llegar a la esquina de Pueyrredón, la Suzuki 100 chocó contra una camioneta de la Policía Federal que se dirigía a Mataderos para frustrar una toma de rehenes.
De la Cruz Vega murió tras el choque y la joven recibió golpes en la cabeza, en las rodillas, sufrió la fractura de su mandíbula, de los dedos de los pies y la fisura del cráneo.
El suboficial Angel Omar Acevedo, que manejaba el vehículo del Grupo Especial de Operaciones Federales (GEOF) fue sobreseído en primera instancia del delito de homicidio, pero ahora la Cámara del Crimen revocó esa medida y ordenó profundizar la investigación.
Los jueces, según el fallo al que accedió La Nación , entendieron que resta escuchar declaraciones, buscar nuevos testigos y valorar otras pruebas no tenidas en cuenta por el juez Roberto Ponce.
Lo que se discute en el caso es si la camioneta del GEOF tenía la sirena y las luces prendidas y si tomó precauciones al cruzar la intersección, a pesar de acudir a una emergencia.
La víctima mortal, Eduardo de la Cruz Vega, era hijo de un policía federal. Su madre, querellante en la causa, entendió que pudo haber responsabilidad del policía que conducía el vehículo porque sostuvo, sobre la base de algunos testimonios, que la sirena sólo se accionó cuando iba a cruzar la intersección, para advertir a la moto de su paso. Por eso consideró que el caso se podía encuadrar como homicidio culposo u homicidio simple con dolo eventual.
La querellante, patrocinada por el abogado Alberto Paglilla, llamó la atención de la Cámara sobre la llamativa coincidencia en los testimonios de los policías que iban en la camioneta. Los considera "igual entre sí, palabra por palabra, de donde se sigue necesariamente que no sólo concertaron su declaración, sino que todos los demás elementos del sobreseimiento fueron manipulados por la Policía".
"Los policías estudiaron de memoria un texto y lo recitaron durante su declaración testimonial, en forma tan burda y torpe que pronunciaron párrafos iguales, palabra por palabra, dos y tres veces, y tan extensos que jamás podría suponerse una coincidencia", señala en su escrito.
En primera instancia, el juez había delegado la causa en el fiscal Adrián Giménez, quien concluyó que había que sobreseer al policía porque tras la investigación se "conformó un estado de duda" con respecto a Acevedo.
El fiscal entendió que el vehículo estaba en emergencia, lo que le permitía pasar semáforos en rojo y conducir a alta velocidad, mientras tuviera sus sirenas y luces encendidas. Los testimonios que enumera relatan que efectivamente el vehículo tenía las sirenas prendidas, pero algunos testigos señalan que sólo las prendió al atravesar la bocacalle.
El juez Ponce abonó su postura, pero los querellantes apelaron ante la Cámara del Crimen y los jueces Guillermo Navarro y Carlos Gerome revocaron el sobreseimiento.
Dijeron que debería ampliarse la declaración de dos testigos civiles, situados uno en un café de la esquina del accidente y otro en un taxi, para detallar las circunstancias en que se produjo el choque.
El camarista Edgardo Donna votó en disidencia, al sostener que no habría posibilidad de que el caso sea elevado a juicio cuando el fiscal, que debe instar la acción, ya se pronunció por su sobreseimiento.
La hipótesis de la querella, según dijo Paglilla a La Nación , es que la camioneta iba sin sirena porque no quería alertar a los delincuentes y porque los policías estaban siendo instruidos en el viaje sobre lo que irían a encontrar en la vivienda de Mataderos.
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