
Aelita, la niña que exporta sus obras
Los críticos definen su obra como "expresionismo abstracto". El viernes 1° de mayo cerró su primera muestra individual en una reconocida galería de arte de Melbourne, Australia, en la que se vendieron 21 cuadros; nueve de ellos, a compradores de otros continentes. Habla inglés y ruso, y sus programas favoritos son... Baby Einstein y Hi Fi .
Se llama Aelita Andre, sus cuadros se venden a 2000 euros y tiene poco más de dos años.
"Tiene mucho talento", dice a LA NACION Nikka Kalashnikova, la madre de la precoz "artista".
Hace unos meses, la mujer presentó al curador de la galería Brunswick Street algunos de los 20 acrílicos que su hija había pintado, como si fueran su propia obra.
Al poco tiempo, el curador le ofreció ser parte de una muestra colectiva.
Cuando ya se había impreso el nombre de Aelita en la folletería, Nikka le confesó al dueño de la galería que Aelita era su hija. No obstante, el hombre decidió seguir adelante. ¿Estrategia de marketing o convencimiento artístico? Lo cierto es que la obra resultó el suceso de la exposición y atrajo a medios internacionales. El diario El País publicó su historia y la BBC emitió un especial sobre Aelita.
Tanta revolución se produjo que la galería ofreció a la niña montar una muestra individual, que cerró sus puertas hace 17 días.
En www.aelitaandreart.com pueden verse las pinturas ¿Responden a un hilo conductor o son simples manchas?
A nivel mundial, se abrió el debate. LA NACION consultó al crítico Jorge López Anaya. "Todo parece muy ficticio. Los fondos neutros de las telas, es evidente, fueron preparados por sus padres. También colocaron en la paleta, ya seleccionados, los colores con los que la niña mancha la tela con las manos. El debate suscitado carece de toda seriedad. Sin duda, se trata de una operación de marketing."
"Honestamente, cuando el curador dijo que le gustaban las obras y que quería exponerlas, quedé shockeada", relata Nikka, que es rusa. Ella y su marido son pintores aficionados.
"Una cosa es que una madre esté convencida del talento de su hija, pero otra cosa es que su obra sea aceptada por una destacada galería. Conlleva años de rechazo antes de que un artista pueda exhibir su obra", dijo la mujer.
Cuando Aelita tenía un año y siete meses, según cuenta su padre, un día gateó hasta el lugar en el que él estaba pintando.
"Pasmados"
"De pronto, empezó a embadurnar la pintura a lo largo del lienzo. Su técnica era tan natural y lo hacía con tanta convicción que quedamos pasmados. Había algo especial en sus pinturas. Lograba crear efectos increíbles, tan vívidos y llamativos, y con una perfecta composición de imagen", contó Michael a LA NACION.
Los padres de Aelita dicen que cada centavo que cobran por sus cuadros va a parar a una cuenta para su hija. Aseguran que no participan en nada de la obra artística de la menor. "Lo único que hacemos es abrirle los tubos de pintura", dicen. También son ellos los que le ponen el nombre a cada obra: "Aguila", "Corona", "La gran hormiga".
"Cuando finalizó su primer acrílico, pude identificar claramente la estación espacial rusa MIR, rodeada por cerezas florecientes. Era muy conmovedor y evocativo", aseguró la madre, orgullosa.





