
Aguzar el ingenio para lograr abastecerse
En la Fundación Camino Abierto enseñan a trabajar la tierra y a criar animales de granja; quieren construir casas ecológicas
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Susana pensó que lo que estaba haciendo en su casa era demasiado bueno como para que quedara puertas adentro. Pero, cautelosa, creyó que lo mejor era esperar que sus vecinos decidieran imitarla. La crisis hizo el resto.
Susana Esmoris es la creadora de la Fundación Camino Abierto, una casa en Carlos Keen, cerca de Luján, donde viven 15 chicos en situación de riesgo. Desde hace años pusieron en marcha varios microemprendimientos para autoabastecerse. Y ahora los vecinos del lugar se acercaron para aprender algo en lo que ellos son profesores: vivir de la naturaleza.
"Todo nace de la crisis. Si no aguzamos el ingenio en este momento... no sé qué hacemos", dijo Esmoris mientras caminaba por el centro de una huerta rebozante de verdes hortalizas.
Sabe que lo suyo es un trabajo de hormiga. Tiene que cambiar toda una cultura y reemplazarla por una actitud que crea que es posible vivir de la tierra.
"Lo impuesto no funciona, yo ya aprendí la lección -confesó-. Hace algunos años intenté lo mismo y no tuve resultados. Había que esperar que fuera la gente la interesada, no al revés."
Además de ocuparse de sus obligaciones escolares, los 15 chicos que viven en la Fundación Camino Abierto trabajan la tierra y llevan adelante una huerta y un criadero de animales de granja.
Un horno especial
Hace dos meses instalaron un horno de barro "especial". Funciona dentro de un tambor de 200 litros. Están más que entusiasmados. "Ahorramos 200 pesos de gas por mes y la comida es riquísima", aseguró Susana. Ahora buscan fondos para construir hornos y donarlos a las familias.
En Camino Abierto nada se pierde. Todo se transforma. Separan la basura, tienen lombrices californianas que convierten los desechos en humus, lo que ellos no comen sirve de alimento a los animales. Todo tiene su porqué.
"Educamos a los chicos desde otro lado. Queremos que tengan conciencia por la vida y que aprendan a ser autosuficientes -explicó Susana-. Los chicos se van de esta casa con todo lo que necesitan para vivir."
Marcela D´Agostino es colaboradora del hogar y de a poco se fue interesando por las cuestiones de la huerta. El año pasado puso en práctica lo que había aprendido en la fundación. "A partir de mi necesidad empecé a ver cómo trabajaban en la casa", contó Marcela.
Su marido es receptor de un plan Trabajar, pero, como para muchos de los vecinos de Carlos Keen, llegar a fin de mes se transforma en una odisea. Tienen tres hijos y las cosas se les complican. "Hoy (por ayer) miraba en la televisión cómo las mujeres tucumanas, que tenían hijos desnutridos, esperaban que el Gobierno les diera ayuda, pero no vi a nadie que cultivara lo que necesita para vivir", opinó.
Mientras iba y venía de la cocina con la masa de una tarta, Norma Argañaraz -una de las "alumnas" de Esmoris- comentó lo importante que le parecía aprender a autosustentarse. "En casa somos siete y me interesó saber cómo usar este horno. Acá hacés de todo y gastás poca leña", aseguró.
Aunque todavía no lo tiene instalado en su casa, ya tiene todo previsto. "Hablamos con otra familia que tiene motosierra y puede cortar leña", adelantó.
Casa ecológica
No sólo trabajan la tierra: los chicos de Camino Abierto aprendieron a fabricar ladrillos de barro y están construyendo su primera casa "ecológica".
El proyecto interesó a los profesores de Arquiecología, una materia de la carrera de Arquitectura de la UBA.
La crisis puso a prueba su ingenio más de una vez. Los fines de semana, grandes y chicos se dedican a atender Los Girasoles, un restaurante que funciona con reservas y tiene un menú preparado íntegramente con lo que producen la granja y la huerta. Su teléfono es el (02323) 495041.
"Lo que aprendés acá te sirve para toda la vida. No todos tienen la posibilidad de aprender a cosechar, a cuidar los animales, a cocinar", contó Cristian, de 15 años, que alterna sus días entre la música y la huerta y tiene una tarea clave: es el mozo del restaurante.
Un pasado empresarial
Hasta hace diez años Susana Esmoris era empresaria. Hasta que compró el terreno de tres hectáreas en Carlos Keen y se dedicó a hacer crecer la "empresa" que hoy llena sus días: rescatar a chicos en riesgo. Con ella vive su marido, Hugo Sentineo, y la ayudan sus dos hijas, sus nietos y Narcisa Hairch, la benefactora del hogar.
Como en cualquier familia, los chicos se van de la casa cuando llega la hora de independizarse.
"Veía que en un futuro la demanda de trabajo iba a caer muchísimo y tenía que hacer algo que tuviera que ver con la tierra. En la naturaleza tenés todo y había que lograr la mayor autosustentabilidad posible", recordó.
Sus chicos vienen de pasados difíciles, pero ella se empeña en que tengan un futuro mejor. "Cuando educás a un chico en distintas áreas se siente más seguro y tiene éxito en la vida", dijo. Y agrega: "Esto tiene éxito porque surge de la necesidad de la gente, no de lo que yo creo que ellos necesitan".




