
Alertan sobre el riesgo de la silicona industrial
La aplicación de este peligroso líquido puede llegar a matar
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"Aumentamos sus mamas en un minuto." El fraude que se alienta desde la clandestinidad y las promesas de una mágica transformación se derrumba en la sala de un hospital, de la mano de una mastectomía o de la propia muerte. Es que el resultado de las inyecciones de silicona industrial es tan instantáneo como ilegal y sus consecuencias, nefastas.
Especialistas consultados por La Nación alertaron sobre los riesgos de recurrir a estas prácticas y separaron a la cirugía plástica practicada por profesionales acreditados de los inescrupulosos que ponen en riesgo la salud de crédulos en pos de un negocio.
¿Diferencias entre unos y otros? Entre 5000 y 100 pesos. Entre prótesis o inyecciones de silicona industrial líquida. Entre asepsia y falta de sanidad. Entre usar materiales autorizados o comprarlos en una ferretería. Entre profesionales médicos y travestis, enfermeros o improvisados. Entre la vida y la muerte.
Mamas, glúteos, piernas, rodillas, labios, pómulos, mentón. Todo es susceptible de ser engrosado con una inyección de silicona líquida, tras la cual el seudoespecialista invariablemente desaparecerá.
Pero las consecuencias de su improvisada intervención aparecerán rápidamente: cambios de coloración de la piel, inflamaciones o infecciones del tejido graso, fístulas, abscesos, úlceras, nódulos, tumores o graves lesiones en pulmones o riñones que pueden llevar a la muerte son algunas de las secuelas de la silicona industrial, como explicó el doctor Jorge Pedro, del Departamento de Cirugía Plástica del Hospital de Clínicas.
Las víctimas son personas de bajos recursos, poca información y, en especial, travestis que no acostumbran a denunciar a esta suerte de curanderos. "Periódicamente atendemos gente que llega con complicaciones por haberse inyectado silicona líquida. Pero les cuesta muchísimo hacer la denuncia policial, porque de alguna manera sabían que estaban cometiendo un error", aseguró Pedro.
Operatoria
El circuito clandestino se alimenta de recomendaciones entre los interesados y el procedimiento que llevan adelante travestis o personas que acreditan falsos certificados de médicos o enfermeros no tiene mayores secretos.
Así lo explicó el doctor Jorge Patané, jefe del Departamento de Cirugía Plástica del hospital Fernández. "Compran la silicona líquida en una ferretería, la hierven a baño de María en una olla, la mezclan con aceites pesados, cargan una jeringa grande e infiltran a la persona." La precaria técnica, explicó el cirujano que atiende muchos casos de este tipo en el hospital, consiste en inocular el líquido directamente en el pecho y repetirlo con muchas inyecciones.
"A corto plazo puede producir una infección de la mama, si los instrumentos no estaban bien esterilizados -dijo Patané-. A mediano y largo plazo comienzan a aparecer forúnculos que se abren y drenan. No hay forma de sacar la silicona líquida y hay que recurrir a una mastectomía. Parte de ese aceite se absorbe, se puede ir deslizando al tórax o bloquear los túbulos renales y producir una insuficiencia."
El médico subrayó la diferencia con las prótesis que usan los profesionales médicos. "Estas se ubican en un plano que separa la mama del pectoral mayor. Es una estructura separada, que está encapsulada y no puede migrar como la silicona líquida. Así como se pone, se puede sacar." El jefe del Departamento de Cirugía Estética del Hospital Italiano, Manuel Sarrabayrouse, insistió en este punto. "Las prótesis que se importan de los Estados Unidos están sujetas a tests de integridad mecánica y de biocompatibilidad. Están aprobadas por los médicos de la Administración de Alimentos y Drogas de ese país y la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica debe autorizarlas en la Argentina."
Las cirugías clandestinas no constituyen, coincidieron los especialistas, casos de mala praxis, sino de ejercicio ilegal de la medicina. Enrique Gagliardi, titular de la Cátedra de Cirugía Plástica de la Universidad Católica Argentina, consideró que se trata de un delito penal: "Constantemente vemos en los hospitales gente que ha sido infiltrada, algo que está totalmente prohibido porque se coloca en forma intencional una sustancia dañina en el cuerpo de una persona".



