Allanan seis cabarets en tres barrios porteños
Fue a raíz de una denuncia televisiva
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Las balizas de las camionetas de la Prefectura Naval iluminaron, a las 3 de la madrugada de ayer, la avenida Juan B. Justo, a la altura de Paternal. Al llegar al 5200, se distribuyeron sobre sus objetivos: el cabaret Maraha y, dos cuadras más allá, su par Scorpio. Los hombres de la Prefectura Naval, con armas largas, irrumpieron en los locales. Simultáneamente, otros grupos operativos allanaron otros cuatro cabarets en Nueva Pompeya y Saavedra, que, como aquéllos, ocultaban prostíbulos donde trabajaban jóvenes de entre 18 y 21 años a los que asistían unos 200 clientes.
Unos pocos uniformados tenían otro objetivo: la casa del dueño de la red de locales, situada frente a uno de ellos, sobre la avenida Juan B. Justo. En un departamento sencillo, Juan Pérez, de unos 40 años, fue detenido mientras dormía. Sus ganancias le estaban permitiendo construir una lujosa casa de dos plantas, junto a uno de los cabarets, donde anoche se encontraron dos camionetas 4 X 4 y tres motocicletas de más de 10.000 pesos cada una.
Pérez está acusado de violar la ley que castiga la propagación de enfermedades sexuales, según dijeron fuentes judiciales a LA NACION.
La causa se inició a raíz de las averiguaciones que realizó el programa "Zona de investigación", de Azul TV, y la investigan los fiscales Marcelo Martínez Burgos, José María Campagnoli y el fiscal de menores Roberto Durán, ante la posibilidad de que entre las trabajadoras haya menores de 18 años.
Con identidad reservada
Se recogieron testimonios con reserva de identidad que señalan que Pérez colocaba avisos en las bolsas de trabajo de la zona oeste bonaerense en los que pedía camareras para sus locales. Atraía a chicas de clase media baja, urgidas económicamente.
En Maraha y Scorpio, LA NACION comprobó anteanoche cómo se trabajaba. Ambos cabarets tenían un galpón anexo, dividido por mamparas en compartimientos de dos metros por dos, una cama y sólo un colchón, apenas iluminados por tubos fluorescentes rojizos y calefaccionados con precarias pantallas de gas. Había 20 cubículos contiguos, sin agua. Un gran cesto de basura en el pasillo permitía tirar el papel que usaban las muchachas para higienizarse.
Allí, las chicas mantenían relaciones con sus clientes, generalmente durante 15 minutos, por 20 pesos.
Muchos de los testimonios recogidos en la causa señalan que, si las chicas se excedían en el tiempo con algún cliente, eran multadas y se les descontaba parte de su porcentaje del "negocio".
Pérez se expone a una acusación por facilitación de la prostitución, un delito más grave que el que afronta actualmente, dijeron las fuentes consultadas.
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