Aniversarios oficiales y aniversarios blue
Se enamoró a los 17 de una chica controlada por un padre celoso al extremo. La situación se volvió insostenible, terminaron y perdieron todo contacto. Se casaron con otros, pero sus almas jamás se separaron
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Hay personas que llegan a nuestras vidas y que nos provocan sensaciones que son muy difíciles de describir. Así fue para Pablo, que en el año 1995 creía estar bastante enganchado con su compañera de facultad. Ella tenía novio, él estaba solo, pero como los dos pasaban mucho tiempo juntos, él tenía la ilusión de que el sentimiento fuera recíproco. Después de varios reclamos por parte de su pareja, su compañera decidió que era momento de ponerle fin a los malos entendidos y planificó una salida con fines ocultos. Ella no iría sola, le informó, también llevaría a una amiga.

Los 3 fueron a Parada Cero, un boliche de moda ubicado en la costa de Vicente López, donde también iban a tocar Los Pericos. Esa noche, y en apenas un segundo, la compañera de estudios de Pablo desapareció de escena por completo. Toda su atención se centró en la amiga, con quien terminó de la mano y saltando al ritmo la música.
Ella era Nazarena, la mujer que le enseñó la diferencia entre sentirse atraído y estar enamorado.
"¿Puedo hablar con Nazarena, por favor?" Ni bien dijo su nombre, Pablo escuchó al otro lado del teléfono la voz del padre, áspero, cortante, como enojado. Es que en el pasado de Nazarena había existido otro Pablo, uno que tenía entrada prohibida. Pero aunque fue un mal entendido, el padre de Nazarena también sintió rechazo por él desde el comienzo.
El buen partido
Tenían 17 y en seguida se pusieron de novios. Congeniaron en todo, hasta para discutir. El único problema que tenían era el padre de ella: no quería a Pablo, no lo podía ni ver. Decía que era un chiquilín sin auto y, que más allá de estudiar, tenía trabajos esporádicos mal pagos y no era buen partido.
Para colmo, el padre de Nazarena era un hombre celoso, muy celoso. Los seguía para ver que no estuvieran solos, casi no los dejaba salir, pero tampoco quedarse en casa. Para pasear por Tigre tenían que escaparse. Era simple: el papá no quería que estuvieran juntos y se los dijo claramente.
Las cosas se fueron de control y las escenas, repletas de reproches, se multiplicaron con el pasar de los años. Sin ser un mal hombre, el padre de Nazarena trataba de ejercer una marca personal y no les dejaba ni un metro de campo libre. Pablo, por otro lado, tenía un espíritu rebelde característico de la juventud. Chocaban en todo lo que fuera posible y si el papá decía "vuelvan a las 12 de la noche", él la traía de vuelta a las 12:15.
Estuvieron juntos hasta los 22 años. Juntos hasta que la situación paternal se volvió insostenible; juntos hasta que todo se puso realmente feo y no pudieron sobrellevarla más. Cada uno siguió su camino y Pablo, muy dolido, no quiso volver a verla ni saber nada de ella. Todo había sido muy fuerte y había quedado inconcluso.
Le costó mucho rehacer su vida. Se sentía tonto e incapaz de encajar en ningún lado, incapaz de enamorarse de las mujeres que iba conociendo. Aun en la negación, conservó todos sus recuerdos con Nazarena a flor de piel.
A un clic de distancia
Pasaron los años y durante un verano, Pablo conoció a una brasileña. Al poco tiempo se casó con ella y mientras duró, fueron felices.
Nazarena también se casó. Su marido, un hombre bastante más grande, era del agrado de su padre: tenía un negocio, ingresos razonables y un auto. Era un buen partido.
"Espero que estés bien. Saludos." El impulso de Pablo llegó 10 años después por culpa del chat del Facebook que pone a un clic de distancia a personas que ni siquiera están en nuestro círculo de amistad. Y ella contestó. Lo que comenzó como un saludo terminó en una charla sobre sus vidas: ambos casados, sin hijos, recibidos, cada uno con su oficina y sus problemas. Quedaron en encontrarse por Tribunales cuando pudieran. ¡Tantos años caminando por los mismos lugares y nunca se habían cruzado ni por casualidad!

Se cruzaron a propósito. A Pablo las piernas le temblaban, ¿qué le pasaba? Conversaron mucho; habían dado por sentadas tantas cosas, que necesitaron un buen rato para entenderse y aclarar todo lo que había pasado. Crecieron pero los sentimientos seguían intactos, tal vez más fuertes, pero ambos estaban casados y no querían terminar mal.
La realidad era que sus matrimonios no estaban bien. Pablo se separó luego de 11 años; Nazarena después de 10. El camino se había vuelto a abrir.
Su segundo primer beso fue robado en la parada de un colectivo en plaza Lavalle. Ella se subió y Pablo quedó en medio de la calle, frente al General Lavalle, mirándola irse y queriendo correrlo para bajarla.
La primera noche fue inolvidable. Nunca habían tenido un despertar juntos y Pablo no durmió; no podía dejar de mirarla. Chocaron los planetas y no hubo vuelta atrás.
Nazarena se mudó con él y ya no importaron ni la familia, ni los amigos ni el qué dirán.
Los aniversarios "blue"
El padre no lo pudo creer. Después de tanto tiempo, ella había vuelto con "ese". Por suerte, Pablo y su nuevo suegro pudieron construir una buena relación. Y tal como si tuvieran de nuevo 20, Nazarena y Pablo se desquitaron e hicieron todo aquello que no habían podido hacer años atrás. Se subieron al auto y recorrieron el norte del país, se fueron juntos a Europa y a Medio Oriente, pasearon como el primer día y tomaron esta segunda oportunidad que la vida les había regalado como si nada hubiera pasado en los últimos años.

Se casaron el 24 de noviembre de 2016. Tardaron 17 años pero finalmente lo lograron. Ellos habían quedado prendados desde esa primera noche en Parada Cero y, a pesar de su separación, sus almas siguieron juntas hasta el reencuentro.
Para Pablo, compartir las pequeñas cosas de todos los días es un regalo que no siempre se valora; ellos hoy lo pueden medir porque en su momento esa dicha les había sido negada completamente.
Ahora disfrutan cada día de su vida juntos y cuentan sus aniversarios "oficiales" y los "blue".
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