Antonio Spadaro: "La de Francisco no es una revolución de contenidos. Lo que intenta es repetir el Evangelio"

José María Poirier Lalanne
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18 de agosto de 2014  

Vino a Buenos Aires por una semana. Era casi su primera visita a la ciudad de Jorge Mario Bergoglio; la anterior había estado solamente por pocas horas y recorrido con emoción La Boca y San Telmo. Antonio Spadaro (Mesina, 1966) parecía ahora querer conocerlo todo; y las circunstancias le fueron favorables: visitó otros barrios, el Museo de Bellas Artes, la iglesia del Pilar. Y escuchó tango en el Tortoni y celebró misa en el santuario de San Cayetano de Liniers. El domingo compartió la mañana con el padre Pepe Di Paola en la villa La Cárcova de León Suárez, y por la tarde escuchó a Daniel Baremboin y Martha Argerich en el Teatro Colón. Tuvo largos encuentros con Abraham Skorka y con el dirigente islámico Omar Abboud. Se reunió con Víctor Fernández, rector de la UCA, y con el jesuita Diego Fares, del Hogar de Cristo. Caminó con detenimiento muchas calles de la ciudad y se detuvo en varias librerías. Prefirió viajar siempre en medios públicos: subte, colectivo, tren. Saboreó el mate amargo y el mate cocido dulce. En una parrilla quiso probar un chorizo y una morcilla. La denominación de "matrimonio" le pareció amigablemente sacramental. Lo que más elogió de nuestra mesa fue el dulce de leche.

Este jesuita, director de la legendaria revista La Civiltà Cattolica, fundada en Roma en 1850, diez años antes de la unificación política de Italia, tuvo el privilegio de efectuar la primera entrevista al papa Francisco, cuyo texto dio vueltas por medio mundo en todos los idiomas. Bergoglio, hasta entonces siempre reacio a tomar contacto con los medios de comunicación, aceptó conversar durante tres tardes con él.

Spadaro estudió filosofía en la Universidad estatal de su ciudad, luego teología en la Gregoriana de Roma, se formó en literatura y comunicación social, frecuentó los Estados Unidos. Ha escrito más de 20 libros: de crítica literaria (muy interesado por los autores norteamericanos), medios digitales y espiritualidad. Es una persona amable y discreta. Tiene una particular sensibilidad para percibir los detalles. Y, evidentemente, los años romanos le han dado una secular perspectiva histórica. Está convencido de que cada papa es también, con sus más y con sus menos, una señal de la providencia divina para toda la Iglesia. Se pregunta: ¿qué quiere decirnos el Señor con la elección de Bergoglio? Cree que conocer sus raíces en esta ciudad podrían dejar entrever alguna respuesta. Spadaro nunca quiso ser considerado un "vaticanista", pero de hecho hoy es tenido por uno de los mejor informados de esa rara especie.

Su amor por la literatura nació como docente, cuando los jesuitas le pidieron que se hiciera cargo de una cátedra en un colegio secundario. "Al enseñar literatura fui metabolizando la filosofía. Me di cuenta de que la literatura es más cercana a la vida y entonces hice mi opción preferencial por las letras. Sentía que era muy vital y debo reconocer que los alumnos me ayudaron mucho a descubrirlo porque se sentían interpelados. Podíamos afrontar temas filosóficos elevados a través de la mediación de la palabra poética, decididamente mucho más abarcadora que otras. Fue entonces cuando me enamoré de la expresión creativa y así también incluí a los alumnos en un proyecto de escritura. Mucho después me di cuenta que era una experiencia similar a la que había vivido Bergoglio cuando era profesor en Santa Fe".

-Después de visitar tantos lugares, ¿se lleva una síntesis que le permite entender más a Bergoglio?

-No amo la síntesis porque la realidad es superior a cualquier síntesis. Hablar de síntesis supone ya una posición ideológica. Prefiero vivir el conflicto, que aquí en Buenos Aires experimento hasta físicamente al advertir las diferencias. Realizar una síntesis significa reducirlo todo a una injusta simplicidad. Cuando hablo de conflictos, no necesariamente me refiero a aspectos negativos, sino a diferencias. Lo que me parece advertir es un cuadro fauvista, de colores encendidos, que no pueden sintetizarse ni aglutinarse, pero que al mismo tiempo son muy expresivos. Prefiero percibir toda su conflictividad, también en los extremos que pude ver, que no son incompatibles: la villa por un lado y el Teatro Colón por otro, dos facetas tan diversas y no necesariamente opuestas. Me impresionó saber que cuando Bergoglio era superior en San Miguel quería que los jesuitas que se estaban formando frecuentaran el teatro; para él la ópera era muy importante. La persona cuyo corazón se conmovía en las villas miseria, sentía la importancia de la lírica. No sabría encontrar ahora las proporciones que exige una síntesis, prefiero que las vivencias de estos días permanezcan desproporcionadas en mi interior. No quiero elegir un elemento por encima de los otros, aunque ciertamente muchos de ellos me han impresionado y me permitieron entender una psicología. En realidad Bergoglio sería inexplicable sin el contexto de esta gran ciudad. Su mentalidad es fruto de una espiritualidad urbana, donde hay contrastes muy fuertes, desde la pobreza extrema hasta el lujo o expresiones culturales de excelencia. El tango me parece una música profundamente popular y al mismo tiempo densa de emociones. Hay una fascinante cultura mestiza. Incluso el diálogo interreligioso, tan vivo aquí, es fruto de una historia reciente que no sufrió los peores traumas europeos.

-¿El Papa ha fracasado en su mediación de paz en Medio Oriente?

-No lo creo; por el contrario, pienso que su gesto es más significativo hoy. Fue algo profético, más allá de la historia y capaz de atravesarla. Que se haya desatado un cruento conflicto después del abrazo de paz convierte al suyo en un gesto simbólico que evidencia aún más su naturaleza profética. Lo que más me impresiona es que el diálogo, que siempre se mantuvo en el marco de la diplomacia, con Francisco se convirtiera en un gesto de amistad. La diplomacia es fundamental pero, de alguna manera, también implica cierta hipocresía. El ícono del viaje fue el abrazo en Jerusalén entre el Papa, Abraham Skorka y Omar Abboud. Ese gesto impuso un nuevo lenguaje, una nueva visión y una nueva simbología: la amistad es lo contrario de la estrategia táctica. Por otra parte, se trató de un abrazo no entre líderes reconocidos por el mundo sino entre amigos, con quienes Bergoglio tiene relación desde hace años.

-¿Cuál es la significación de Francisco en el plano internacional?

-Se ubica como líder mundial reconocido por muchas personas en el mundo. Se trata de un dato verificable: su figura es muy atrayente y su autoridad no radica en la distancia sino, por el contrario, en la cercanía. Este aspecto trastoca los cánones del poder, donde quien pretende imponerse se mantiene distante. Su gran desafío es la dimensión misionera de la Iglesia, a la que describe como un hospital de campaña. Se trata de una apertura radical frente al mundo, frente a la realidad. Yo diría que la de Francisco no es una revolución de contenidos, porque lo que intenta es repetir el Evangelio. En todo caso plantea una revolución hermenéutica, que relaciona el contenido del Evangelio con las vivencias de los hombres de hoy; y por eso probablemente muchos lo sienten cercano. Algo que no sólo se lee en los diarios sino que yo pude experimentar personalmente cuando, al día siguiente de la publicación de la entrevista que realicé, recibí más de mil mensajes de texto o emails de personas que se decían alejadas de la Iglesia pero que habían advertido en la entrevista una cercanía, una sintonía profunda que a muchos los llevó a volver a la lectura del Evangelio, a ciertas prácticas de la Iglesia, o a considerar que no se habrían alejado tanto si hubieran leído antes palabras como esas. Todo ello habla del impacto que suscitaron sus respuestas. Otra imagen que me impresiona, y que él acostumbra a usar, es la Iglesia de puertas abiertas. Más que abrir las puertas para que la gente entre en la Iglesia, se trata de abrirlas para que el Señor pueda salir al encuentro de las personas.

-¿Cuáles son los puntos de mayor resistencia que encuentra Francisco en la Iglesia?

-Creo que hay un preconcepto. El Papa no tiene de antemano un programa claro y nítido que quiera aplicar en la Iglesia. Para Francisco lo fundamental es el discernimiento, y me parece que toma sus decisiones más en la capilla que en el escritorio. Hay una dirección hacia la que avanza y un diseño de conjunto, pero toma las medidas leyendo la historia momento tras momento. Es difícil decir qué es lo que pasa por su cabeza o qué quiere hacer con precisión; no creo que ni siquiera él tenga todo tan claro. Trata de interpretar la historia y de responder a sus exigencias. Por otra parte, la colegialidad para él es muy importante. Algunos lo consideran un héroe aislado, pero de ser así correría el riesgo de convertirse en la figura de un nuevo emperador, de un soberano iluminado. Creo que el Papa apunta mucho más a la colegialidad, a un camino común; y esto exige que los cambios que considera deben hacerse, necesiten ser compartidos. Lo que yo advierto es un itinerario que procede en la historia paso a paso y encuentra resistencias que, de alguna manera, va superando en el camino. Como en la poesía, se hace camino al andar. No podemos pensar en una suerte de "teoría Bergoglio", donde todo está pensando y predeterminado. Eso sería muy errado. De todas maneras, son los grupos ultraconservadores los que más lo atacan.

¿Habrá cambios importantes en la estructura de la Iglesia?

Mi impresión es que ya se inició un proceso de cambio: las consultas a los cardenales, la reflexión sobre la economía y la estructura de la curia? Bergoglio ya le dio un impulso fuerte a la vida de la Iglesia que, en cierto sentido, es revolucionario; aunque quizás no nos demos cuenta de ello todavía. Con respecto al sínodo sobre la familia quiere debates abiertos.

-Aquí llama la atención la cantidad de relaciones que el Papa mantiene con dirigentes o referentes políticos y sociales. ¿Cómo se advierte esto en Roma?

Creo que él preserva las relaciones humanas; muchas veces se trata de amistades o vínculos que cultiva desde hace tiempo y a los que no está dispuesto a renunciar. Que lo hayan elegido Papa no quiere decir que tenga que perder su condición de ser humano. Para él cuentan mucho las amistades y las relaciones. Y posee una memoria excepcional, me consta. Es un aspecto interesante de su personalidad que, no obstante sus muchos compromisos y el cansancio que pueda sentir, considere que las relaciones humanas son fundamentales para su vida.

-¿Pero su estilo no es desconcertante para la diplomacia vaticana y para la burocracia de la Iglesia?

Yo no creo que sea una excepción que un Papa preserve sus relaciones personales, en todo caso lo que llama la atención es su estilo. Se trata de un hombre que acostumbra llamar a muchas personas por teléfono, por ejemplo. Y esto lo percibo como un aspecto de su humanidad y de su frescura. Varias veces me observó que tenemos que ser "personas normales". Para él la dimensión de la normalidad de la vida es importante, y al mismo tiempo esa actitud desarticula la vida de corte. Lo que estamos viviendo es el desmembramiento de un imaginario colectivo que consideraba al Sumo Pontífice como una suerte de semidiós dentro de una corte monárquica. Cambiar un imaginario colectivo es profundamente innovador, mucho más, incluso, que una reforma estructural. Él sostiene que las reformas llegan después, porque lo que debe prevalecer es el espíritu del Evangelio. Una vez me dijo: "La verdadera revolución es el Evangelio. Todo el resto llega después, como consecuencia".

¿Cómo es su relación con el Papa?

No quiero presentarla como algo excepcional. Todo empezó cuando él me llamó, siendo yo director de La Civiltà Cattolica. Nos volvimos a ver en Brasil durante su viaje a Río de Janeiro, y después largamente para la entrevista. No existe ninguna formalidad ni especial tarea que implique el trato. Si me llama por teléfono, es por la relación establecida.

¿Es usted un hombre de consulta?

De ninguna manera.

¿Y por qué muchos lo consideran así?

No lo sé. Quizás lo deduzcan a partir de la entrevista.

-Una entrevista que fue una especie de presentación del Papa en sociedad, el preámbulo de la exhortación apostólica Evangelii Gaudium?

-Sí, la entrevista tuvo lugar en un momento particular. Fue una conversación muy extensa, pudimos afrontar aspectos personales. Bergoglio se mostró sin reparos, superó mis expectativas, y fue en la vigilia de la publicación de la exhortación, en el comienzo de un pontificado que suscitaba muchas incógnitas en la sociedad y en la Iglesia. El modo de expresarse y lo que dijo impresionó.

-Después de Corea ya está anunciado un breve viaje a Albania?

-Es significativo que su primer viaje europeo haya sido a Lampedusa y que el segundo sea a Albania. Hay una visión geopolítica nueva: elige verdaderas fronteras. El Papa entiende que la comprensión de la realidad proviene fundamentalmente de las periferias.

Bio

Profesión: cura jesuita

Edad: 48 años

Estudió filosofía y teología, y se especializó en literatura y comunicación social. Es uno de los más renombrados vaticanistas de la actualidad, autor de una célebre entrevista con el Papa Francisco, y director de la prestigiosa La Civilità Cattolica. Ha escrito más de 20 libros, la mayoría de ellos consagrados a la literatura, los medios digitales y la espiritualidad.

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