
Apelarán ante la Corte la condena a Guillermo Luque
Luis Tula cumplió su pena y está libre
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SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA.– A una década del fallo por el asesinato de la joven María Soledad Morales, la defensa de Guillermo Luque llevará el caso a la Corte provincial para lograr su libertad. Así lo confirmó a La Nacion el abogado Víctor Pinto, quien dijo: "El tiempo transcurrido me confirmó lo que sostuve desde un primer momento: que la sentencia carecía de fundamentación probatoria, se juzgó y se condenó sin haber llegado al grado de certeza requerido para condenar. Lo que sirvió de sustento fáctico a la condena de mi defendido ya no existe".
Pocos recuerdan que ya se cumplieron 10 años de la sentencia que condenó a Luque a 21 años de prisión y a Luis Tula a 9 años, por el crimen de la joven catamarqueña de 16 años, ocurrido el 8 de septiembre de 1990. Este caso, que conmovió al país, se convirtió en una bisagra en la vida institucional, política y social.
También surgió una nueva metodología de reclamo social que luego se repitió: las marchas del silencio. Miles de catamarqueños marcharon 78 veces para pedir que el asesinato no quedara impune y la fuerza de la protesta fue de tal magnitud que llevó al entonces presidente Carlos Menem a decretar la intervención federal, con lo que cayó el gobierno de Ramón Saadi y con él la dinastía de su familia, arraigada en la provincia desde hacía más de 40 años.
"Hay fallos posteriores de causas paralelas que son argumentos suficientes como para pedir la absolución de Luque. También voy a plantear el 2 x 1.Considerando el tiempo que Luque permaneció detenido sin condena, ya estaría a punto de cumplir los dos tercios de la pena con lo cual está en condiciones de la libertad condicional. Hay que poner de una vez por todas las cosas en su lugar y declarar que Guillermo Luque no tiene nada que ver con la muerte de María Soledad", argumentó el abogado.
La vida de los condenados
Guillermo Luque, de 42 años, cumple su condena y desde hace unos cinco años tiene permiso para salir a trabajar. Está alojado en "La Granja" del Servicio Penitenciario, un establecimiento donde se deriva a los presos con buena conducta. De allí sale temprano y regresa por la noche. Hace trámites de gestoría en un estudio jurídico, propiedad de su cuñado, Oscar Romero.
Está divorciado de Florencia Alustiza, con quien se había casado en la efervescencia del caso Morales, y con quien tiene un hijo de 10 años. Alejado de los medios, se niega a conceder entrevistas. "Nunca gané nada con la prensa", afirma.
Su padre, el ex diputado nacional Angel Arturo Luque, un ex poderoso de la política catamarqueña, regentea un par de quioscos y una distribuidora de soda. Con su salud un tanto deteriorada y con un bastón en mano para poder caminar, dejó atrás su elocuencia ante los medios y sus célebres frases que le costaron la banca en el Congreso de la Nación.
Luis Tula, de 47 años, ya cumplió su pena de 9 años de prisión y ahora pide vivir tranquilo, intentando reinsertarse en la misma sociedad en la que despertó sentimientos encontrados. "Yo hago mi vida, quiero vivir tranquilo, alejado de todo esto, bajé una cortina y no digo con eso que aquí no ha pasado nada, pero sí que sigo mi vida tranquilo, que no quiero tener problemas con nadie", dijo a La Nacion. Mientras estudia derecho, trabaja en una empresa de seguridad privada, cumple tareas de sereno, "porque hay que vivir", asegura. "No tengo que estudiar un proceso judicial, lo viví desde adentro", recuerda.
Hoy, los adolescentes de entre 15 y 16 años, son muy pocos los que saben quién fue María Soledad o por qué se hicieron tantas marchas del silencio alrededor de la plaza principal que ellos utilizan como punto de encuentro con amigos y amigovios. Las consecuencias políticas de aquel crimen fueron el derrocamiento de los Saadi y la conformación del Frente Cívico y Social, una alianza de partidos cuya columna vertebral es el radicalismo, en el gobierno desde hace 16 años. El ex gobernador Ramón Saadi es senador nacional desde 2003.
Hasta la residencia oficial de Las Pirquitas quedó desmantelada, casi en ruinas y olvidada. Como el caso María Soledad Morales.
Por Patricia Carrizo
Para LA NACION
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