Apostar a la vida: a su bebé le diagnosticaron Síndrome de Down y a ella, cáncer
A los cuatro meses de embarazo, les anunciaron que su bebé padecía de trisomía par 21; enfrentaron la situación con valentía y sin saber que el verdadero desafío llegaría con un diagnóstico de cáncer agresivo
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El día en que Hernán y Jorgelina expresaron en voz alta su deseo de ser padres, sus ojos se nublaron de emoción expectante. Esperanzados, jamás imaginaron que ese sería el comienzo de una experiencia arrolladora que les dejaría las enseñanzas y marcas más significativas de sus vidas.
En su travesía, las primeras curvas cerradas comenzaron con la búsqueda: los meses pasaron y su anhelado bebé no llegaba. Pero justo cuando creyeron que tal vez por allí no corría su destino, en un día perfecto del invierno del 2013, se enteraron de la feliz noticia: Jorgelina estaba embarazada.
El primer gran golpe
Las semanas transcurrieron en calma. Con el alivio del primer trimestre concluido, llegaron a la instancia del estudio llamado NT Plus, que determina las probabilidades de alteraciones en los cromosomas de un hijo. Fue en ese punto, que recibieron el primer gran golpe.
"Los resultados dieron mal y nos dijeron que lo más probable era que nuestro bebé tuviera Síndrome de Down, cosa que, finalmente, lo confirmamos mediante una punción", recuerda Hernán. "Me acuerdo que el mismo día que nos dijeron que nuestra hijita tenia Down, nos sentamos ambos a llorar en un café. En ese instante, por la vidriera, pasó una nenita con la cabeza toda marcada por operaciones y con barbijo. Automáticamente nos miramos y, sin hablar, nos dimos cuenta de que allá afuera, en el mundo, había personas valientes que les tocaba enfrentar cosas peores. Todo padre sueña con el hijo perfecto y cuando te enterás de un diagnóstico así es complicado entenderlo, pero lo pudimos sobrellevar muy bien y, con el correr de los días, fuimos aprendiendo a aceptar y volvimos a ser felices."
Tres ángeles para la segunda caída
Una vez asumida la noticia, Hernán y Jorgelina se propusieron transitar los meses de embarazo restantes con el entusiasmo inicial y el mismo amor de siempre. Sin embargo, al sexto mes, los acontecimientos tomaron un nuevo rumbo impensado: en su casa, Jorgelina detectó que tenía un bulto extraño en su mama izquierda. A pesar del miedo, de inmediato supo que debía enfrentar sus temores y accionar. Al día siguiente, se realizó una ecografía y en el mismo instante le indicaron que debía someterse a estudios más específicos.
"Así, pasamos por los momentos más duros y angustiantes que podíamos vivir. Punciones sin anestesia para no interferir en el embarazo y visitas a varios médicos, hasta que nos confirmaron el peor de los resultados: cáncer de mama triple negativo, uno de los más agresivos que existen", explica Hernán, afectado.
Así, sumidos en un estado de consternación e incomprensión absoluta, un especialista les recomendó un mastólogo de renombre que les comunicó que Jorgelina debía operarse embarazada, sin garantizar la vida del bebé. "No podíamos quedarnos con esa única opinión, tan riesgosa. Por eso, a través de un familiar, hicimos otra consulta en el hospital Maria Curie con el Dr. Guillermo Lerzo, quien en una palabra le salvó la vida a mi mujer", relata Hernán, conmovido.
Allí, determinaron que en esa instancia y ante todos los riesgos, aquella no era la mejor solución; sugirieron que primero debía realizarse una quimioterapia, observar la respuesta y luego evaluar la operación. "El Dr. nos aseguró que hasta dos sesiones de quimio podía darse estando embarazada, pero el obstetra, Leandro Goñi, otro ángel en nuestro camino, pidió que sólo sea una y que se induzca a un parto prematuro antes de la segunda", continúa Hernán.
Jorgelina recibió su primera sesión un 16 de diciembre y, en un inolvidable 9 de enero, Paz, de siete meses, llegó a este mundo.
"A los 3 días de la cesárea, y con Paz en neonatología, Jorgelina se somete a su segunda sesión de quimioterapia. A los 20 días, salimos con Paz de alta y con mi mujer, que siguió con su tratamiento por 6 meses más", dice Hernán, con orgullo.

Ese período en sus vidas fue duro, revolucionario y de un constante aprendizaje. Ante ellos, el sol salía en un nuevo mundo; uno con una beba hermosa y especial, un cáncer arrollador y la templanza que los ayudaría a seguir en esa travesía en donde habían apostado a la vida, cueste lo que cueste.
"El camino fue arduo. Vinieron los rayos y la primera operación que incluyó mastectomía de la mama izquierda", recuerda Hernán. "Y la otra parte difícil llegó con un estudio genético, que determinó que mi mujer tenía muchas posibilidades de repetir la enfermedad de muchas maneras y en distintos órganos, como consecuencia de un problema genético en la sangre y el mal funcionamiento de los BRC1 y BRC2. Por ello, al año siguiente, la cirujana Graciela Horton, nuestro tercer ángel en esta vida, decide operar la mama derecha a modo preventivo."

Nunca hay que darse por vencido
Hoy, Hernán y Jorgelina llevan una vida como cualquier pareja, felices de tener a su hijita Paz, una niña alegre que va al jardín y que crece con muchísimo estímulo por parte de su tía y su abuela; también, asiste a sesiones de quinesiología y fonoaudiología con una respuesta fantástica.
Jorgelina, sigue con controles de rutina que le generan mucho estrés y angustia previa, pero que supera sin inconvenientes y con un coraje admirable.
"Ella es una mujer muy fuerte; siempre afrontó todo esto con mucha grandeza y una fortaleza increíble. Con esta experiencia, nuestra familia se unió mucho más. Estamos profundamente agradecidos a las personas que nos acompañaron en esta odisea, ya que cada uno de ellos cumplió un rol fundamental en nuestro bienestar", dice Hernán, emocionado. "Y sí, la enseñanza que nos dejó todo esto es un poco de manual; algo muy escuchado, pero es la realidad: aprendimos a vivir cada momento y disfrutar cada día al máximo; aprendimos que una discapacidad nada tiene que ver con lo físico. En nuestro caso, sentimos que un cromosoma "sobrante" nos hace felices por demás. Entendimos que nunca hay que darse por vencido y que, al final, siempre hay una esperanza, porque siempre hay gente maravillosa en nuestro camino; personas que nos dieron esa luz que tanto necesitábamos cuando todo parecía negro en esta historia dolorosa pero con un presente feliz."
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