
Aprender a vivir con miedo
La familia de la catequista Renata Toscano no encuentra consuelo
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LA PLATA.- Renata Toscano era arquitecta y catequista. La mataron a sangre fría para robarle su auto, en Wilde, a metros de su casa. A casi nueve meses del crimen, su madre y sus hermanas no pueden creer lo que pasó. Cada día la extrañan más.
El asesinato de Toscano hizo que sus hermanas Gabriela, de 48 años, y Clara, de 40, vivieran con ataques de pánico.
"Todo el tiempo tengo la sensación de que me va a pasar algo", enfatiza, algo nerviosa, la menor de las hermanas,
La inseguridad ya había golpeado de cerca a la familia, sobre todo a Clara, que en 2001 sufrió un secuestro exprés. Varios delincuentes la interceptaron cuando manejaba y la llevaron a recorrer cajeros automáticos. La dejaron abandonada en la villa La Cava, en Béccar, San Isidro.
Por el brutal asesinato de Toscano, hay tres detenidos. Dos son menores de edad. El tercero tiene 23 años. El presunto autor del disparo tiene 14 años.
El caso Toscano, ocurrido el 17 de noviembre pasado, fue uno de los hechos que mencionó el ex fiscal federal Carlos Stornelli como uno de los crímenes que fueron ejecutados para desestabilizar su gestión al frente del Ministerio de Seguridad bonaerense. Más tarde, volvió sobre sus pasos y dijo que no era así.
Para Clara, Gabriela y la madre de ambas, Guillermina, el año pasado no hubo Navidad. Tampoco, vacaciones. El 25 de Mayo fue para ellas una fecha mucho más significativa que el Bicentenario. Ese día, Renata hubiera cumplido 44 años.
Clara contó que también debe convivir cotidianamente con la ausencia de su hermana, quien, además de dar clases de catecismo, era arquitecta. Contó que Renata le estaba arreglando su departamento. Como si el tiempo se hubiese congelado, Clara se detiene un instante y dice: "El piso quedó inconcluso". Su mirada se pierde.
Tanto ella como su madre han tenido que recurrir a la ayuda de un tratamiento psiquiátrico para continuar con sus actividades. Clara ha vuelto a trabajar como abogada e intenta llevar adelante una vida normal. No es nada fácil.
En la misma casa donde vivía Renata, quedó Guillermina, sola. Sus otras hijas se turnan para hacerle compañía, pero la sensación de tristeza permanece suspendida en el aire.
En el extremo de la mesa del living y colgado de la pared, reposa un retrato de Renata, pintado por un familiar, cuando ella era una adolescente. Esa imagen le recuerda a la madre que, de una manera u otra, su hija aún está allí.
El homicidio de Toscano dejó a 17 niños sin su madrina y a tres mujeres que la sueñan viva todos los días.
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