
Asalto y tiroteo con toma de rehenes
Cinco delincuentes intentaron robar ayer el Scotiabank Quilmes; los sorprendió la policía y quisieron huir a los tiros
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MAR DEL PLATA.- Un error de sincronización atentó contra el éxito del golpe que una banda armada intentó dar ayer al mediodía en una sucursal local del Scotiabank Quilmes de esta ciudad. Los cinco delincuentes se demoraron más de lo debido, quedaron rodeados por policías y mantuvieron a 15 empleados y clientes como rehenes durante más de una hora.
"¡Llegaron! ¡Llegaron!", gritó el más veterano antes de abrir fuego contra los uniformados. Tras cinco minutos de intercambio de disparos y casi una hora de negociaciones se entregaron al fiscal, ante las cámaras de televisión. Dos policías sufrieron heridas y un asaltante recibió un balazo en el enfrentamiento. Un sexto cómplice, que habría oficiado como campana fuera del edificio, escapó.
En la efectividad del operativo tuvieron mucho que ver un transeúnte que vio cuando la banda ingresaba en el banco y un empleado que estaba en la planta alta del local. Llamaron a la policía, que en menos de tres minutos rodeó la sucursal, situada en la esquina de Independencia y Roca.
El grupo comando ingresó en la entidad bancaria a las 12 y se rindió casi una hora después sin que se les hiciera lugar a los pedidos para huir con unos 30.000 pesos que habían robado de las tres cajas en servicio.
Empleados y clientes del banco que permanecieron como rehenes aseguraron que vivieron "una hora de terror". Uno de ellos, José Cigoy, secretario gremial de la Asociación Bancaria de Mar del Plata, dijo que la actuación policial "fue demencial. Pudo ser otro Ramallo", aseguró al comparar este caso con el trágico asalto al Banco Nación de aquella localidad.
El grupo comando estaba al frente de Rodolfo Vaca Bilbao, de 47 años. Lo acompañaban otros cuatro jóvenes de entre 20 y 25 años cuyas identidades no fueron suministradas. Se supo que por lo menos cuatro tienen antecedentes por robo calificado.
Habían delineado prolijamente el plan. Sabían que minutos antes del mediodía pasaría por el Scotiabank Quilmes un camión de transporte de caudales de la empresa Juncadella que dejaría más de 100.000 pesos.
Por eso, a diferencia de los asaltos express , no se encaminaron a las cajas sino que se dirigieron a la gerente: "Dame la bolsa de Juncadella", le exigieron.
Pero la gerente ya había contado y guardado el dinero en el tesoro de la entidad, resguardado bajo un sistema de seguridad que sólo permite acceder a los valores en determinadas condiciones y horarios. Y el mediodía no era el momento.
Entonces, casi con desesperación al ver que las agujas del reloj corrían más de lo esperado y el golpe se desmoronaba, uno de los asaltantes saltó la línea de cajas y empezó a guardar en una bolsa plástica de supermercado todo el efectivo que encontró a su paso. "Se llevaban hasta las monedas de diez centavos", confió uno de los cajeros.
Cuando el líder advirtió la llegada de móviles policiales intentó una pronta retirada -abriéndose paso a los tiros-, escudado en un joven suboficial que se desempeñaba como custodia de la sucursal bancaria. La respuesta desde la calle llegó con más tiros.
Los oscuros vidrios se astillaban y volaban a medida que salían y entraban balas en la sucursal. Fue el momento en que uno de los cajeros, que todavía conmovido sólo se identificó como Diego, se zafó del delincuente que le apuntaba a la cabeza y logró escapar por uno de los ventanales rotos. "No sé cómo lo hice -afirmó a La Nación -, pero sólo atiné a correr sin pensar en los disparos."
Uno de los asaltantes recibió un balazo en la pierna y dos suboficiales quedaron heridos por esquirlas de vidrios que les produjeron heridas cortantes. Los disparos cesaron y entonces comenzó el tiempo de las negociaciones.
No hubo concesiones
El comisario mayor Carmelo Impari, jefe departamental, y el fiscal Alfredo De Leonardis se comunicaron telefónicamente con los delincuentes. Los contactos "fueron cortos y de pobres resultados", señaló a La Nación el funcionario judicial.
Intervino entonces el subcomisario Ceccheto, uno de los mediadores policiales. Desde la calle, y a los gritos, fue el interlocutor con el grupo armado. Les pidió que liberaran rehenes y se entregaran. La respuesta fue que exigían condiciones para la fuga: un auto y camino despejado. "Saquen el móvil", reiteraban.
A cada demanda llegaba la negativa del uniformado y la recomendación de deponer su actitud. "Métanles bala", gritaban mientras tanto algunos vecinos que querían ver liquidado el pleito.
Casi 55 minutos habían transcurrido desde que ingresaron en el banco cuando los asaltantes admitieron que su suerte estaba echada. Entonces convocaron al fiscal De Leonardis y le dijeron que se iban a entregar sólo frente a las cámaras de televisión. Los cinco detenidos fueron llevados a los tribunales en dos patrulleros.
A la par de los móviles, en doble fila, permanecía el Ford Escort en el que había llegado la banda. Después de una hora todavía estaba con el motor en marcha, listo para la fuga.





