
Asfalto en un paso vital a Chile
Con la pavimentación del paso de San Francisco, en Catamarca, crecerá el comercio y el turismo
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FIAMBALA, Catamarca.- A 4750 metros sobre el nivel del mar cuesta respirar. Tras más de 200 kilómetros en los que casi la única obra del hombre es el camino se halla una ermita con imágenes de la Virgen del Valle y de Nuestra Señora de la Candelaria, protectora del pueblo chileno de Copiapó. Allí, en los Andes, termina el asfalto y también la Argentina.
Por ese lugar no pasa más de un vehículo por día, pero acaba de ocurrir un acontecimiento de alcances insospechados. El paso de San Francisco se convirtió en el segundo cruce pavimentado desde nuestro país a Chile.
Cuando cuente con la infraestructura de servicios necesaria, esta obra podrá provocar una revolución en el comercio de una vasta zona del noroeste del país y permitirá el desarrollo turístico de una región de infinita belleza.
El paso -un tramo de la ruta nacional 60- parte desde la localidad de Tinogasta, a 250 kilómetros del límite internacional y a 285 de San Fernando del Valle de Catamarca.
Su pavimentación comenzó en 1992 y costó más de 46 millones de pesos. El asfalto hasta la frontera se inauguró en mayo último y hoy sólo queda ripio en un tramo de 40 kilómetros, a mitad de camino, donde aún trabajan las topadoras.
"Este camino permitirá sacar productos hacia el Pacífico con gran facilidad. Podremos fomentar el cultivo de jojoba y olivos en una zona rica que hasta ahora no valía la pena explotar", explicó José Ahumada, administrador general de Vialidad Provincial, entidad que proyectó la obra.
También será fundamental para la industria minera regional.
El camino de los colores
A diferencia del Cristo Redentor, el otro paso asfaltado, el San Francisco es operable todo el año, ya que difícilmente debe cortarse por nieve. "Capturará el tránsito que cruza por Mendoza, cuando el Cristo Redentor cierra por tres o cuatro días", señaló Ahumada.
Además, para el transporte de productos hacia Chile desde Salta, Tucumán o el norte de Córdoba implicará un ahorro de hasta cinco horas.
El paso de San Francisco cruza algunos de los paisajes más imponentes que la Argentina puede ofrecer.
El último pueblo antes de la frontera es Fiambalá. Luego, quedan 200 kilómetros hasta el límite, con guanacos y vicuñas como únicos habitantes.
Entonces se suceden el valle del río Guanchín -en el que se pueden pescar truchas- y la quebrada de Las Angosturas, con sus cerros colorados como un paisaje marciano.
Un pequeño desierto arenoso da paso al valle de Chaschuil y sus pasturas amarillentas y montañas de piedra verde y dorada, hasta llegar a las cercanías de la frontera, cuando se ven los altos picos andinos.
El camino tiene una pendiente apenas perceptible. Se llega a más de 4000 metros pero no se nota la subida. No hay tramos de cornisa.
A 113 kilómetros del cruce está Cortaderas, donde se proyecta construir un complejo fronterizo. "Queremos desarrollar un centro con hospedaje, estación de servicio y control aduanero", indicó Ahumada.
Cuando sólo restan 21 kilómetros para tierra chilena está el puesto de Gendarmería Nacional.
"Acá, como mucho, pasa un auto por día", comentó el sargento Mercedes Tolaba, momentáneamente a cargo del destacamento. También existe allí un puesto de vialidad, en el que se turnan dos empleados, donde se puede cargar gasoil con un balde. Pero no siempre hay.
Desde el último tramo, se pueden ver los montes con aguas termales o el descomunal salar de San Francisco, al pie del cerro homónimo, de 6700 metros de altura.
Ya existen algunos emprendimientos turísticos en marcha, como la instalación de una hostería donde está el destacamento de gendarmería o un gran complejo de descanso en Fiambalá.
A partir de la frontera, el camino vuelve a ser de tierra compactada por 200 kilómetros. El poblado chileno más cercano es Copiapó, a 280 kilómetros. Chile se comprometió a empezar a pavimentar desde el cruce el año próximo.
Desde San Fernando hasta el límite se tarda alrededor de siete horas, que podrían ser menos si se arreglara el deteriorado camino entre la capital y Tinogasta.
El gobierno radical de la provincia promete que la pavimentación estará terminada en los primeros días de diciembre.
Inversores chinos en las termas
FIAMBALA, Catamarca (De un enviado especial).- Esta localidad ya ve los beneficios de la pavimentación del paso de San Francisco: un grupo empresario chino compró terrenos cerca de las termas de la zona para construir un complejo destinado al descanso y a la atención de la salud.
Las termas de Fiambalá -situadas a 16 kilómetros del pueblo- están consideradas como las más importantes del país por su capacidad medicinal.
Actualmente funciona allí un centro municipal y una hostería con piletas de aguas calientes que bajan desde los cerros.
Entre sus visitantes ilustres aquí recuerdan al tenor italiano Luciano Pavarotti, que llegó en avión a la pista cercana a la ciudad.
Pero ahora esta localidad de 7000 habitantes promete convertirse en un polo turístico regional, al facilitarse sus vías de conexión con el mundo.
Propiedades curativas
La inversión en las termas correrá por cuenta de los empresarios chinos Cheng Lee y Ao Feng Xu, según informó el intendente local, Amado David Quintar.
"El proyecto aprovechará los efectos curativos de las aguas -señaló el jefe comunal- , para lo cual contará con el respaldo científico de centros dedicados a la aplicación de métodos tradicionales de la medicina china."
Fiambalá es el último pueblo sobre el paso de San Francisco, a 200 kilómetros del límite con Chile y a 325 de San Fernando del Valle de Catamarca.
En su área de influencia se destacan, además de las termas, un bosque petrificado en el comienzo de la precordillera, las rocas con dibujos rupestres de Guanchín y las ruinas de la ciudad indígena de Batungasta.
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