
Asustadas por los cacerolazos, las palomas emigran a la zona norte
Bombas de estruendo y marchas las ahuyentan hacia barrios tradicionalmente más tranquilos
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Vecinos de Barrio Norte, Belgrano y Recoleta coinciden en afirmar que en los últimos meses se incrementó la cantidad de palomas en esas zonas. Como explicación, algunos responsabilizan al ruido de bombas de estruendo y cacerolazos, que acompañan las frecuentes y masivas concentraciones en las plazas de Mayo y Congreso. “Por eso tuvieron que buscar lugares más apacibles”, afirman.
Santiago Krapovickas, conservacionista de Aves Argentinas-Asociación Ornitológica del Plata, lo pone en duda: “No son aves migratorias. Es posible que se alejen durante el ruido, pero después retornan porque en las inmediaciones de esos paseos tienen sus nidos. Vuelven siempre a ellos”.
De cualquier forma, los vecinos de aquellos barrios se quejan por el consiguiente aumento de molestias. Mencionan, por ejemplo, el persistente arrullo con el que se convocan para el apareamiento. Hasta que el monótono galanteo tenga éxito y sea reemplazado por la concreción de los hechos pueden pasar varias horas, de modo que entre sus víctimas figura quien quiere atravesar la siesta en un sueño que lo haga olvidarse de todo o los muchos más que son despertados temprano un domingo.
Pero resultan inconvenientes menores comparados con los riesgos para la salud que representa el excremento del plumífero; por la suciedad que instalan en los techos, patios o ventanas, o al caer sobre la carrocerías de los autos o las barandas metálicas de los balcones.
Esto último, debido a que contiene ácido úrico, muy corrosivo y que en poco tiempo puede volverse casi imposible de ser eliminado. Para colmo, las palomas podrían competir con los patos en cuanto a la frecuencia dispensada al trámite fisiológico.
Sin miedo a las alturas
La variedad que pulula en estas latitudes se llama casera, pero en Europa se la conoce como Rock Dove.“Esta denominación -comenta Krapovickas- se debe a que uno de sus hábitat favoritos fue siempre la región de acantilados de Dover, al sur de Inglaterra. Dotaron a sus descendientes de la habilidad para alcanzar grandes alturas y anidar en azoteas, cornisas y torres.”
Un hecho curioso contribuyó a magnificar su número en la metrópoli. En 1934, Benito Costoya, el más entusiasta criador de palomas, homenajeó el Congreso Eucarístico Nacional con la suelta de 5000 pichones en Plaza de Mayo. Como era previsible. se reprodujeron bíblicamente.
En Buenos Aires, resulta contradictoria la actitud hacia las palomas. Unos las miman y las alimentan, mientras otros pretenden que lisa y llanamente sean exterminadas. Por supuesto, la defensa más encendida proviene de los criadores.
El gobierno porteño no la considera plaga y, por lo tanto, nunca ha instrumentado campañas de erradicación. El doctor Eduardo Rodríguez, de la Dirección de Política y Evaluación Ambiental, admite picos de proliferación, pero los atribuye a la remoción de tachos y bolsas de basura por parte de cartoneros e indigentes: “Eso expone materia orgánica en la vía pública, lo cual atrae a estas aves, que son muy voraces. Los riesgos derivan del guano (excremento seco), pero sólo si hay contacto con él. Adecuadas medidas de prevención hacen inexistente el problema”, asegura.
Métodos de combate
Los métodos actuales para combatir la población de palomas son muy variados. Los más utilizados son los flejes, dice Juan Martín Dolz, de la firma Coplama SA (Control de Plagas de Medio Ambiente), confeccionados con púas de acero, que impiden el “aterrizaje” de las aves. Su precio es de 13 pesos el metro, pero es necesario colocar varias hileras para que resulten efectivos.
Otro, agrega Dolz, es el sistema de redes, muy apto para impedir la instalación de nidos que tapan bocas de aire o chimeneas. Tiene la contra de que resultan demasiado caras porque sus cuadrículas son de polietileno virgen, importado de Japón o Italia.
Por último, señala el uso del pegamento para espantar a las que advierten su efecto, “pero en verano se derrite y despide un olor bastante desagradable”, dice, además de generar una imagen muy antiestética.
Alberto Gnecchi, asesor de Codepla, otra empresa del rubro, tiene 24 años de experiencia en el tema. Aunque reconoce que últimamente hay más consultas que las habituales, desestima que las manifestaciones sean causantes del desplazamiento a otros barrios.
“Hace unos años, el cura de la iglesia de Santo Domingo las quiso correr a petardazos. A la semana tuvo que declararse vencido”, cuenta.
No es muy partidario de los flejes porque, explica, hay que cambiarlos cada 2 o 3 años, ya que “las palomas terminan por doblar las púas, aunque parezca increíble. Muchas mueren en el intento, pero son tantas que al final lo logran”.
Gnecchi opina que, para la erradicación, lo mejor sería llevar a cabo un control de natalidad mediante hormonas, como se ha hecho con otros animales, “pero nadie quiere poner el gancho”.
El experto evalúa que, aparte de las enfermedades, la peor consecuencia de las deposiciones es el deterioro en estatuas y edificios históricos, como la Catedral y el Congreso, en cuyas alturas ningún resquicio ha quedado a salvo. Recuerda que, en 1995, el ex presidente Carlos Menem quiso llamar a licitación internacional para que se limpiara el Congreso, pero desistió al enterarse que el desembolso iba a rondar el millón de dólares.
Un halcón pintado
Por último, se refiere a unos grandes globos que se usan en zonas rurales, con la imagen del halcón peregrino, un implacable cazador de palomas.“He visto que ellas los miran desde unos 20 metros. Empiezan a acercarse y terminan posándose, como si fuera la percha que se le pone al loro”, sonríe.
Quizá la paloma crea que es un obsequio por los servicios prestados. Que no son pocos. Ha brillado en la labor postal a distancia. Ha sido noble inspiradora de Picasso. Y un día fue a avisarle a Noé que el Diluvio había terminado.
Se aparean hasta 6 veces al año
El director del Instituto Pasteur, Oscar Lencinas, enumeró más de una decena de enfermedades transmitidas por medio de la materia fecal de las palomas, concretamente cuando aquélla se seca y se convierte en guano, luego de haber tenido a moscas como huéspedes.
Las palomas son aves de costumbres monógamas que construyen sus nidos en campanarios, cornisas o en los aleros de los edificios, pero raramente en los árboles. Estos nidos, por su parte, alojan a piojos y, en zonas rurales, a vinchucas.
Lencinas también clasificó las enfermedades en infecciosas, parasitarias, micóticas y ectoparasitarias, destacando la toxoplasmosis, la neumoencefalitis, la histoplasmosis y la salmonelosis, así como la transmisión de psitacosis.
Aunque nunca se ha podido cuantificar la población de palomas en el ámbito porteño, el doctor Lencinas recuerda que el ave tiene dos pichones por postura y ésta se puede repetir hasta 5 o 6 veces por año, vale decir que cada casal da 10 o 12 pichones anuales. "Con ver la cantidad de apareamientos que se producen en las plazas, podría tenerse una idea de la enorme progresión reproductiva", expresa.
El período de incubación de los huevos -pequeños y de color blanco brillante- es de 14 a 20 días.



