Atanor sigue clausurada en forma preventiva
En Munro: la Secretaría de Política Ambiental bonaerense convalidó la medida tomada por el intendente de Vicente López.
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La Secretaría de Política Ambiental de la Provincia de Buenos Aires convalidó la clausura de la planta en Munro de la industria química Atanor, dispuesta por la Municipalidad de Vicente López.
"Fue una decisión muy difícil, sobre todo por los trabajadores que quedan suspendidos. Pero fue adoptada luego de analizar el caso cuidadosamente. Es más, para saber si la planta seguirá clausurada o en qué condiciones podría volver a trabajar enviamos un cuestionario a cuatro importantes centros científicos y técnicos del país, sin perjuicio de requerir la opinión de otros profesionales", dijo a La Nación el doctor Osvaldo Mario Sonzini, secretario del área.
La clausura preventiva había sido dispuesta por la Comuna de Vicente López, después de varios meses de estudios médicos efectuados por la doctora Norma Vallejo -indiscutida toxicóloga, titular de la cátedra en la Universidad de Buenos Aires y del servicio de hospital Fernández- a los vecinos que denunciaron tener afectada su salud por emanaciones producidas por la química.
Mientras se sucedían estas actuaciones, los vecinos denunciantes alertaron sobre camiones atmosféricos que limpiaban con un líquido a presión las cañerías que circundan la química, luego que de ellos exhibieran por televisión una muestra de agua, de tono oscuro, tomada de una alcantarilla.
En San Nicolás
Llegaron a La Nación informes sobre otras plantas de la misma firma, que en total posee cinco en el país: en Munro, en Río Tercero, en Baradero, en Llavallol y en San Nicolás.
El presidente de la junta vecinal del barrio Química, Oscar Rubén Marchi, encabezó a los denunciantes de dos importantes siniestros ocurridos en la planta de San Nicolás, donde se fabrican insecticidas.
La primera explosión, explicó Marchi, se registró el 1¼ de octubre de 1994, y sus consecuencias fueron el derrame de líquidos y el escape de gases peligrosos.
"Por donde pasaron estos líquidos no creció más el pasto y fluyeron sin tratamiento al río Paraná -la química está a la vera del curso de agua-".
La segunda explosión ocurrió el 7 de enero de 1995.En esa oportunidad, afirmó el vecino nicoleño, los gases se difundieron y formaron una densa nube de color amarillo, que se mantuvo suspendida durante cuatro horas y se extendió 20 kilómetros.
"Aunque toxicólogos de la Comuna explicaron que se trataba de algo inocuo, "las mucosas de las personas se irritaron y casas y vehículos quedaron teñidos de color ocre" .
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