
Atención: chicas con movilidad propia
Le pese a quien le pese, ellas abandonaron el asiento del acompañante y conducen taxis, colectivos, lanchas off shore o skates
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Ellas no sueñan con ocupar lugares de hombres. Ni de lejos. Sólo con manejar y que nadie se interponga en el camino. En el sentido literal. Pero ellos piensan que sí: que ése, el asiento del volante, es el último bastión de la exclusividad masculina. Y que es un hecho que las mujeres lo quieren derribar. Por eso miran con desconfianza que ellas hayan abandonado el asiento del acompañante. Ya sea en el auto familiar, en un taxi, en un colectivo o en una lancha off shore.
Algo que hay que reconocer sobre el estado del género femenino en el Día de la Mujer y es que las argentinas, versión 2004, no son de dejarse llevar. Por el contrario, convertidas en expertas al volante, las taxistas y colectiveras porteñas hace cinco años que vienen pisando fuerte.
Una mujer cada 133 taxistas
Hay unos 40.000 taxistas en la ciudad de Buenos Aires y son cerca de 300 las mujeres que conducen en forma permanente. Es decir, cada 133 taxistas hombres, hay una mujer.
Pantalón negro impecable, camisa lila, maquillaje. Un reloj de pulsera, dos anillos y un Peugeot 405 amarillo y negro. Elina Ruiz tiene 43 años. Esta casada y vive en Almagro. Maneja su taxi desde hace cuatro años. "En el primer viaje que hice me equivoqué con el vuelto", cuenta. Ser taxista fue un destino fortuito, pero afortunado, dice. "Me gustan la calle, las conversaciones. Soy libre para trabajar", admite.
Ruiz es consciente de la curiosidad que despierta en sus pasajeros: "Cuando alguien sube sin verme, me saluda con un buenos días, señor [se ríe]. Aún no están acostumbrados".
¿Cómo hace una mujer para manejar en una ciudad que puede ser violenta? "La inseguridad marca las calles que conviene evitar. Siempre trabajo de día. Prefiero Recoleta, Barrio Norte", dice Ruiz, que trabaja entre 10 y 12 horas diarias.
El abecé de los taxistas reza que no se debe saltear el hábito de descansar treinta minutos en una estación de servicio. Ella lo cumple como todos: se despabila con un café, verifica las gomas y estira las piernas. Allí todos la conocen. "Hace 12 años que trabajo en esta estación. Antes no veías mujeres taxistas. Ahora cada vez son más", reconoce Héctor Carranza, el encargado de la GNC, situada en Anchorena y Cabrera.
Lo que queda en claro es que las taxistas de a poco se fueron ganando el respeto de sus compañeros. "Cuidan más el auto, mucho más que los hombres", opina Diego Adolfo, empleado de Aerotax, que desde hace dos años y medio cuenta con tres mujeres al volante de su flota. "Tienen ventajas. Levantan más pasajeros porque dan más seguridad", agrega Adolfo.
Sólo hace un año se comenzó a dividir, según el sexo, a los nuevos choferes de colectivo en el Registro de Transporte Automotor de Pasajeros. "Hay seis mujeres inscriptas que se suman a las anotadas de años anteriores, pero no sabemos cuántas son", explica Pablo Moreno, de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte.
Alejandra González fue la primera colectivera contratada hace 8 años, por el Grupo Plaza. En el servicio diferencial de la línea 140 son varias las mujeres al volante. "Música funcional, aire acondicionado y la sonrisa de una mujer son más agradables al subir, eso busca el marketing de la empresa", define Jorge Redondas, gerente de recursos humanos de grupo, la primera empresa en contratar mujeres para conducir y para trabajar en la inspección de tráfico de la línea.
Mujer al frente de un colectivo
Norma Verón tiene 43 años. Es una mujer elegante. Hace cuatro años que conduce uno de los colectivos diferenciales que dan vueltas por la Capital. Antes de quedar desempleada, trabajaba en el aeroparque metropolitano. "Buscaba trabajo. Leí el clasificado y, sin saber de qué se trataba, me presenté. Cuando me explicaron caí en cuenta de que jamás, pero jamás, había pensado en ser colectivera", explica Norma.
"La primera vez que llegué sola al Correo Central [donde tiene su descanso de diez minutos] me sentí totalmente satisfecha. La sensación fue muy fuerte. Lo pude hacer -relata emocionada Verón, y aclara-: Hasta ese momento para mí era cosa de hombres manejar un colectivo, y yo lo pude hacer."
El trato con los pasajeros es especial porque conoce los nombres de los que toman su colectivo a la misma hora, todos los días, en el mismo lugar. "El 27 de diciembre, con unos 15 pasajeros despedimos el año cenando juntos", cuenta Verón, feliz. Según ella, ese encuentro fue lo más importante que le pasó desde que es colectivera.
Pero no todo es fiesta. Muchos hombres todavía confunden la imagen de una mujer al volante con las señales bíblicas del Apocalipsis. O por lo menos con el fin de la era "sólo para caballeros". Esto, a juzgar por sus dichos: "Una vez viajé con una mujer taxista. La verdad me dio cosa... No es algo normal -dice Patricio Hellstrom-. El tema es que no saben de fútbol, entonces no podés entablar un diálogo para romper el hielo".
Por más que al joven le pese, los colectivos y los taxis se impregnan de perfume de mujer. Sí, porque con ritmo firme y sostenido ellas vienen pisando fuerte el acelerador.
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