
Aumenta la venta ambulante de comida, aunque está prohibida
Falta que la Ciudad reglamente una ley
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En tanto ayer la Policía Federal allanó unos 40 locales de una galería de Once en busca de prendas de marcas apócrifas, la subsecretaria de Control Comunal porteño, Fabiana Fiszbin, aseguró a LA NACION que se está trabajando en la reglamentación de la ley que prohíbe la venta ambulante de alimentos cocidos, que se ha extendido a numerosos barrios de la ciudad.
La funcionaria respondió así a la consulta de LA NACION respecto del crecimiento que se evidencia en el número de vendedores ambulantes que comercializan panchos, hamburguesas y choripanes sin habilitación y sin control bromatológico, a pesar de la ley que lo impide.
"La venta de comida en la calle está totalmente prohibida, por lo que éste es un tema que realmente nos preocupa", admitió la subsecretaria de Control Comunal porteña, Fabiana Fiszbin, en respuesta a un recorrido realizado por LA NACION para comprobar si, como denunciaron varios vecinos, el problema se estaba extendiendo.
El Código de Habilitaciones y Verificaciones propone la habilitación de más de 50 espacios en la ciudad, entre plazas, parques e inmediaciones de estadios de fútbol, para ubicar a esos vendedores, y someterlos a los controles que dispone la norma recientemente aprobada.
La nueva ley obliga al Gobierno de la Ciudad a verificar que todos los puestos que venden comida cumplan con las condiciones básicas de higiene. "Estamos trabajando en este tema lo más rápido posible", explicó Fiszbin.
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El circuito de venta callejera de sándwiches calientes hasta hace un año se limitaba casi exclusivamente a la Costanera Norte y a alguna que otra plaza. Hoy la situación cambió: también se ven numerosos carros de panchos y de parrillas portátiles instalados, incluso, en barrios residenciales.
Después de la polémica de años anteriores, los tradicionales puestos de la Costanera, tanto en la Norte -sobre Rafael Obligado, junto a las defensas- como en la Sur -a lo largo del paseo costero frente a la Reserva Ecológica-, volvieron a instalarse. Ahí, los puestos de choripanes -una parrilla y cajones de plástico para apoyar la mercadería- son los más precarios de todos.
Ante la consulta de LA NACION, varias personas denunciaron que esos puestos venden chorizos precocidos y que, a veces, intentan conservarlos dentro de bolsas de nylon que luego sumergen en el río. Un vecino de la zona reconoció, con pedido de reserva de su identidad, que "cuando vienen inspectores, levantan todo y se van, pero vuelven al día siguiente como si nada".
Frente al Luna Park, en el corazón de la plaza del Tango, hay un puesto que vende comida al paso, donde miles de personas se reúnen diariamente para almorzar por dos pesos. "Al dueño le dicen El Peluca y regentea casi todos los carritos del barrio", dijo un comerciante de la zona, que, como muchos de los consultados por LA NACION, pidió no ser identificado por miedo a represalias.
Sin dudas
Sobre El Peluca, varios vecinos aseguraron que tiene alrededor de 20 puestos en ocho manzanas y que los abastece con mercadería que almacena en un depósito metálico, pintado de verde, que está sobre una de las veredas de la calle Rosales. LA NACION pidió a uno de los vendedores si podía mostrarle el interior de ese contenedor con forma de quiosco para venta de diarios. En efecto, estaba repleto de bebidas, panes, sachets de condimentos y vasos de plástico.
El recorrido siguió en la plaza Miserere, en Once. Allí se comprobó que hay más puestos ambulantes que paradas de colectivo. "Estos son los panchos más ricos", dijo a este diario Víctor Aguirre, de 20 años, mientras comía uno. Pero al mismo tiempo que el joven saboreaba su almuerzo, un grupo de vecinos aseguraba que los chiringos del parque -los puestos tipo playero que venden sándwiches a un peso- hierven las salchichas sin cambiar el agua en todo el día.
En tanto, sobre la avenida Bullrich, en Palermo, frente al paredón que divide la vereda donde tiene su terminal una línea de ómnibus, funciona otra parrilla tipo barbacoa. Dos empleados de un supermercado cercano se mostraron preocupados por entender que los chorizos están en permanente contacto con el monóxido de carbono que emana de los vehículos que pasan por ahí.
Un poco más lejos, en el límite entre Villa Pueyrredón y Villa Devoto Norte, en Concordia y Bazurco, Alfredo vende choripanes, sándwiches de vacío y de bondiola. "El sabe que esto se le corta en cualquier momento, pero desde que se quedó sin trabajo de algo tiene que vivir", justificó Carlos, un florista del barrio. "Ahí comen 300 personas por día que vienen de todos lados", agregó Roberto, que vive a una cuadra. Los dos reconocieron que hay vecinos que se quejan del humo.
En Parque Saavedra la historia se repite. Allí los choripaneros no abundan, pero sólo una parrilla, en Roque Pérez y García del Río, abastece a todos los peatones de la zona.
Chacarita no es la excepción. En Elcano y Guevara, frente a un lavadero de autos, se instaló, literalmente, un puesto de choripanes: cuando el dueño se va, deja la parrilla encadenada a la pared para reservarse el lugar hasta el día siguiente. "Es antihigiénico, yo prefiero el restaurante de la otra cuadra", dijo José, un empleado del lavadero.
Con el propósito de fiscalizar provisionalmente las condiciones de higiene en los puestos de venta de alimentos, un equipo de 60 personas de la Unidad Polivalente de Inspectores (UPI) patrulla actualmente las calles porteñas hasta que el gobierno extienda los permisos y habilitaciones correspondientes para trabajar en la vía pública.
La norma que regula a los puesteros
La Legislatura porteña aprobó, el 30 de octubre último, el proyecto de ley -Código de Habilitaciones y Verificaciones- que reglamenta la venta ambulante en la vía pública de productos comestibles. Entre otros puntos, la norma establece:
Habilitación
Comprende el pago de un canon mensual, que varía entre 50 y 250 pesos, según la característica comercial y la ubicación del puesto. El cupo lo decidirá la Dirección General de Habilitaciones y Permisos.
Requisitos
Se requieren antecedentes en la venta de alimentos, aprobar un curso en manipulación de productos comestibles y tener domicilio en la Capital.
Permisos
Se otorgarán en forma precaria, por un año, y con la posibilidad de ser renovados una sola vez.
Multas
Los vendedores que no tengan permiso para la venta en la vía pública o no cumplan con las condiciones de higiene serán sancionados con las penas indicadas en el Código de Habilitaciones y Verificaciones, que aún quedan por definir en la reglamentación de la ley.





