
Aumentó y se diversificó la oferta sexual
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En los últimos diez años, la prostitución dio en esta Capital un fuerte salto cuantitativo, a la par de diversificarse, como correspondía a todo negocio en crecimiento.
A las prostitutas clásicas, se sumaron los travestis, los transexuales y los taxis boys. Y a las maniobras clásicas, se agregaron las ofertas de sadomasoquismo, de sexo grupal, de swingers (intercambio de parejas), de voyeurismo y de una amplísima gama que incluye cualquier rareza operativa que la mente pueda imaginar.
La publicación de avisos en los medios gráficos creció en el mismo período un 70 por ciento, totalizando en la actualidad un promedio que sobrepasa el millar de ofertas diarias.
Se añade la incluida en vistosas (y costosas) revistas dirigidas al mercado gay, junto -sin mayor disimulo- con las propuestas de relaciones comunes (no comerciales), carteleras culturales, críticas literarias y notas informativas y de orientación de todo tipo (muchas, sobre HIV).
Ofertas por doquier
Lo más actual y más extravagante es el anuncio vía Internet, y lo más modesto es el tarjeteo callejero por parte de individuos medio embozados. Tienen el aspecto de acercarse a ofrecer un pasaporte falso para ir a Argelia, pero alargan un cartoncito que invita a un departamento cercano "donde se hará un 10% de descuento presentando esta tarjeta". Apoya el texto con un refuerzo susurrado: "No se lo pierda, es bomba".
Hay también tarjeteros cuya oferta no se refiere a ninguna vivienda, sino que proponen el encuentro con una mujer para trasladarse con ella a determinado albergue transitorio, con lo cual el negocio es doble.
No falta la transa telefónica, para la que hay varias líneas 0-600 (45 centavos más IVA el minuto). El mecanismo es simple: se escucha la oferta del día y se siguen las instrucciones para establecer el contacto, que puede ser en un bar (para aprobar características y arreglar precios), previo al departamento de uno/a u otro/a. Los valores van desde 200 a 800 pesos.
Todo lo anterior, en el nivel mediático o comunicacional. Otra opción son los lugares públicos: pubs, confiterías, discotecas. Se cuentan hoy por centenares los sitios de esta clase en los que existe negociación prostibularia, al margen de que no hayan sido concebidos originalmente con ese objetivo.
Pionero en la materia fue el pub Confusión. Surgió hace unos diez años en Scalabrini Ortiz al 1700, con mayoritaria presencia de travestis cuyas transacciones eran controladas desde "patrones" instalados afuera, en sus coches.
Le siguieron los sitios de stripers (desnudistas masculinos), con Gasoil a la cabeza, que actualmente funciona en Bulnes al 1300. Pretender llevarse un "musculoso" de ahí puede salir caro, no menos de 300 pesos.
Resulta singular el caso que tiene por escenario un bar "normal" situado en la avenida Santa Fe al 2200.
Allí, un cliente de unos 35 años (ex taxi boy) utiliza desde hace mucho una de sus mesas como escritorio de negociación sexual. Basta con acercarse, pedir lo que se quiere, pactar el precio y listo. Dicen que posee un muestrario muy completo. Y que cada tanto lo renueva. La gente envejece, y en esta actividad la condición de elemento descartable llega pronto.
¿Y qué ocurre, mientras tanto, en la vía pública?
Fuentes policiales establecen en 2000 y en 1500 las mujeres y los taxi boys, respectivamente, que "hacen la calle", en tanto habría unos 5000 travestis y transexuales, según un cálculo de las tres asociaciones que los agrupan.
En todos estos casos, las cifras exhiben el aporte provinciano, desde la aplicación del nuevo Código Contravencional de la ciudad, que eliminó la prohibición de ejercer la prostitución en la calle.
El rubro específicamente femenino, además, se incrementó con el aluvión extranjero, sobre todo de América Central. Motivo: en un solo día aquí pueden sacar el equivalente de un mes de trabajo en sus países.
La "calle" son "las calles", es decir, que actualmente la profesión más vieja del mundo es ejercida en todo el ámbito porteño. Sobresalen Palermo (curioso cambio el del antiguo reducto de taitas y malevos, inspirador de Borges, poblado ahora de hombres vestidos de mujeres), Constitución y Flores, destinos más bien baratos a la par del nivel del mercado ofrecido. Las avenidas del Libertador o Figueroa Alcorta cotizan más alto. Ni qué hablar de lo que puede encontrarse en el bar de hoteles cinco estrellas, donde las meretrices son gatos finos y a los taxi boys se los llama ti-bi (fonética inglesa de las letras TB).
Travestis, taxi boys y demás
Una concentración fuerte y heterogénea tiene lugar en las dos esquinas de numeración par de Santa Fe y Pueyrredón. Es el único punto -los jueves, viernes y sábados desde las 23 hasta las 6- en el que se juntan todos: travestis, taxi boys y clientes a pie o en automóviles. Se les unen también numerosos homosexuales que, a lo sumo, invitarán un café o una copa como puente hacia la aventura.
"Nadia", un travesti, atiende a La Nación por su teléfono celular. "Estoy en Plaza Italia", dice. Se ofende cuando le preguntamos por los "trabajadores callejeros" de su tipo. "Eso suena como si viviéramos en la calle. Hacemos la calle, que es distinto", corrige.
Niega que Palermo sea el sitio más concurrido por el travestismo. "Fue sólo el que hizo más ruido. Pero andamos por Barrio Norte, Núñez, Once, Saavedra y la Costanera", describe.
Se confiesa incapaz de precisar tarifas. "Pueden ir de 10 a 200 pesos, según el mambo del cliente. Hay tipos que sólo quieren hablar un rato. Si te ofrecen 10 pesos por eso, ¿no te conformás? Además, depende del travesti. Puede ser una porquería o una diosa", agrega.
Antes de cortar, Nadia hace un pedido. "Poné que no sólo estamos en el levante, consecuencia de la falta de laburo, sino que también tenemos talleres, en Flores y en Once. Entre otras cosas, explicamos cómo prevenir el Sida. Te mando un beso, dulce", se despide.
Pablo (28), un gay que ha hecho su aporte para esta nota, formula una reflexión: "Hay hombres que van a buscar a otros hombres -siguen siéndolo aunque estén vestidos como mujeres- para tener sexo. Les pagan por eso. Pensar que nosotros lo haríamos gratis".
Un veterano ex policía, funcionario de la desaparecida División Moralidad de la Policía Federal, asegura que "esto va a terminar mal. El otro día molieron a palos a uno que se atrevió a quejarse de lo que hacían en la puerta de su casa. En cualquier momento, otro más nervioso le tira con un camión a un travesti o a una p... y desata la guerra. Y se van a meter hasta quienes no tienen que ver directamente, por intereses económicos, políticos o sectoriales. Entonces, Chicago 1930 será un poroto", sentenció.





