
Bajó las persianas el restaurante Hispano
El local, en Rivadavia y Salta, se vende
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Aunque es la hora del puchero, la mesa no está servida. Luego de 47 años de atraer a los comensales con sus pulpos a la gallega, gambas al ajillo y paellas a la valenciana, el Hispano, uno de los tradicionales restaurantes españoles de Buenos Aires, cerró sus puertas hace una semana.
En la esquina de Rivadavia y Salta, del barrio porteño de Montserrat, un cartel de inmobiliaria anuncia la venta del predio.
Adentro, caras tristes y mesas sin manteles. En las sillas, ya no están artistas, jueces, políticos, parroquianos ni extranjeros, sino bandejas con copas listas para ser embaladas.
"No les renuevan el contrato de alquiler", dijo a LA NACION Carlos Gordillo, uno de los 20 empleados que se quedaron sin trabajo. "A nosotros nos avisaron hace una semana y a los dueños del restaurante, hace quince días."
Sin embargo, otro de los empleados, que pidió permanecer en el anonimato, especificó que el inconveniente del alquilar no afecta a todo el inmueble, sino a un salón, los depósitos y la cocina. "Se podría seguir con el resto, pero la dueña no quiere saber nada."
Julio Tossini, que atiende El Globo, otro de los retaurantes españoles emblemáticos de la zona, coincide con esa versión: "Los rumores dicen que la mujer de uno de los dueños ya no quiere seguir".
Sabores del Viejo Mundo
El Hispano fue fundado en 1958 por Serafín Garrido, un español llegado de Galicia que dejó el negocio en manos de su yerno y socio, Francisco Llorens, que falleció hace cuatro años. Fue así como Susana Garrido heredó el negocio de su padre y su marido.
Aunque no se nota en ella ningún dejo de acento gallego, dicen que lleva en su sangre el gusto de la tierra de sus ancestros y que lo traduce en sabores, aromas y colores.
Para ser fiel a su legado, Susana no temió, aun con un cambio monetario desfavorable, recurrir al Viejo Mundo para conseguir los ingredientes y utensilios originales.
Bacalao de Noruega, pulpo de España, cazuelas de barro, y ollas y sartenes de hierro son algunos secretos de sus recetas, pero tal vez también parte de los motivos del cierre de este reducto argentino-español.
"Era una de las mejores casas de Buenos Aires, pero en 2000 se vino abajo", comentó José Castros, dueño del restaurante de la esquina, Plaza Asturias. "Pero el problema no fue la comida, sino los precios", opinó. Un plato promedio costaba 30 pesos, aunque se podía consumir un puchero para compartir entre cuatro personas por 42 pesos.
Otro de los factores que, según Castros, pudo haber influido en el cierre es la cantidad de casas tomadas que lo rodeaban. "Crean sensación de inseguridad y la gente deja de ir", agregó.
Comensales famosos
El restaurante tenía capacidad para 120 personas, pero "en los últimos cuatro años, por las noches, sólo concurría un promedio de 20 personas", según explicó Omar López, mozo del Hispano desde hace 28 años.
"Víctor Hugo Morales fue uno de sus últimos habitués", contó el asturiano Castros. "Alberto Olmedo, Jorge Porcel, Rocío Jurado, Lola y Carmen Flores eran los de antes", recordó.
Debido a su cercanía con el Congreso nacional y a sus cortinas, que permitían cierta intimidad, muchos políticos y jueces también eran frecuentes comensales del tradicional reducto de Monserrat que ahora, después medio siglo, bajó sus persianas.





