
Bellas Artes no reforzó su seguridad
El director, Jorge Glusberg, insiste en que se trata de una "vendetta" por su nombramiento
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Como en una novela policial, el robo de un cuadro del pintor argentino Cesáreo Bernaldo de Quirós en el Museo Nacional de Bellas Artes lo tiene todo: el depósito oscuro, el montacargas, la puerta camuflada tras uno de los paneles de la exposición...
De nada sirvió el modernísimo sistema de seguridad norteamericano de 300.000 dólares: el ladrón se cargó la enorme tela de más de un metro y medio y se la llevó sin que, por el momento, se conozcan rastros.
Jorge Glusberg, el director, no termina de salir de su asombro, pero reconoce que cometió un error. "No pusimos cámaras dentro del depósito, de donde sustrajo el cuadro, aunque sí en todas las salidas", explicó a La Nación mientras, a modo de anfitrión, mostraba el lugar del hecho.
"Yo estoy siempre controlando el museo. Incluso soy algo así como capataz de baños, ya que me dedico a recorrerlos para ver que estén en condiciones", aseguró.
Suena curioso que desde su función de director no haga lo mismo con los depósitos, donde se guardan las obras. "En ese caso no tiene sentido -explicó-. Hay gente encargada de eso."
Luego de admitir que no se reforzaron las medidas de seguridad porque el museo no puede contratar guardias por su cuenta, expuso sus sospechas: "Es evidente que hubo dos autores del robo: uno intelectual y otro material".
Glusberg cree saber quiénes fueron los que algún día -no se sabe con precisión cuándo- quitaron la tachas del marco y se llevaron "El carneador", valuado en unos 150.000 dólares según algunos, en apenas 60.000 por el director. "Sólo puedo decir que tengo sospechas sobre los autores materiales e intelectuales, pero no puedo dar nombres", explicó.
Difícil autorización
A primera hora de la tarde, el clima era tenso en la dirección del edificio color salmón de Libertador y Pueyrredón. La policía se encontraba en el lugar, los teléfonos no paraban de sonar y más de un medio esperaba turno para obtener información. "No dijo nada grave", susurró una de las empleadas a otra con nervioso alivio, luego de la salida al aire de un cronista radial.
Para La Nación , obtener autorización para recorrer el museo, tomar algunas fotografías y conversar con los visitantes no fue fácil. Finalmente, por teléfono, ya que no se encontraba en el lugar, Glusberg dio permiso, "pero únicamente para hablar y fotografiar visitantes. No con el personal".
Mientras tanto, en las salas, la poca gente que se encontraba en el lugar estaba prácticamente ajena a todo.
Nadie visitaba la ínfima sala semiescondida donde se exponen cuatro enormes cuadros de Quirós: "El carnicero", "Don Anacleto", "El pialador", y "Los jefes".
"Vendetta" en Bellas Artes
"Me comentaron que robaron un cuadro, pero ni siquiera sé de quién es -dijo a La Nación Paula, una estudiante de cerámica-. Yo vengo seguido al museo y siento que cuando se traen exposiciones importantes se toman fuertes medidas de seguridad. En cambio, con la exposición permanente no. Varias veces me quedé sola en las salas."
En ese sentido, Santiago Alvarez de Toledo, un turista español que desconocía el robo, opinó que "en los museos de mi país siempre hay un guardia por sala, cosa que no veo acá".
Para Glusberg eso no es necesario, ya que además de los 52 empleados del museo y los 12 guardias, "el sistema de cámaras filma y graba todo". Sin embargo, el funcionario reconoció que los empleados de seguridad son escasos. "En los últimos tiempos mandamos 25 cartas para que reforzaran la seguridad, pero no nos han dado ningún fruto."
Glusberg aseguró que desde que asumió en 1994 como director del museo, es la primera vez que le ocurre algo así.
"Es una vendetta, quizá por mi reciente nombramiento al frente del museo por cinco años más", aventuró.
Incluso, consideró significativo que el cuadro robado haya sido de Quirós.
"Es un artista que no me interesa -dijo-, pero reconozco que tiene un evidente grado de representatividad dentro del arte argentino. Y como se sabe que yo soy un defensor de nuestro arte... casi hubiera preferido que se llevaran una pintura extranjera."
Los cuadros no se prestan
Celoso guardián de las 11.000 obras que conforman su patrimonio, a pesar de lo cual no pudo evitar el robo de "El carneador", Jorge Glusberg se negó sistemáticamente a ceder cuadros de Bernaldo de Quirós al Museo Provincial de Bellas Artes de Paraná, que en reiteradas ocasiones pidió poder exponer las obras que el artista argentino pintó en Entre Ríos.
El cuadro robado estuvo en el museo entrerriano durante 9 años, entre 1982 y 1991, y no sufrió ningún contratiempo, afirmó su director, Marcelo Olmos, quien definió a Quirós como un autor identificado con las costumbres entrerrianas.
"Hace tres años la comunidad reunió firmas y se pidió la cesión de los cuadros que componen la serie Los gauchos , que Quirós pintó en esta zona, pero nunca obtuvimos respuesta", dijo el arquitecto Olmos.
Olmos, director desde 1993, explicó que el museo -fundado en 1925 por Pedro E. Martínez- tiene unas 900 obras de arte, entre pinturas, esculturas, grabados, dibujos y cerámicas. "La cesión de cuadros es muchas veces la única forma que tienen los museos del interior para mejorar su patrimonio", señaló. Hay trabajos de Berni y Quinquela Martín, grabados de Soldi y 26 cuadros de Bernaldo de Quirós, cedidos en su mayoría por la nuera del pintor. Se incluye la pintura "Carreras de sortijas en un día patrio", con la que el autor ganó la medalla de oro en la Exposición del Centenario de 1910, realizada en Buenos Aires.
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